MONOLOGO CON ACCIONISTAS DE MEDIOS DE COMUNICACION

Por Juan Romero de Dios
25/07/02

Aunque la desesperanza, la angustia, la desazón o el desinterés, tiñan nuestra voluntad, cualquier análisis o seria reflexión, propia de una persona  cualquiera pero madura, no puede dejar de arribar a una conclusión: es muy necesario rescatar algunos valores, reconstruir otros y construir nuevos. 

Precisamente una obra de tal naturaleza no requiere de talentos, sino de hombres de buena voluntad.

Quizás, o bien, seguramente, el talento será necesario para concretar medidas desde las buenas y sanas ideas y éstas, precisamente no tienen porque ser indoloras.

Sabemos, tenemos la certeza – mas que la percepción -  que no será así pero, cuando una persona es llamada por los hechos y las circunstancias a afrontar una etapa dolorosa en su vida quiere tener la convicción de que ese camino le será saludable y útil y hará al bien común de las familias argentinas.

Sin que nadie lo esté diciendo, todos comprenden definitivamente que las conductas individuales teñidas de hedonismo y, presentadas como referentes en la vida publica, no han sido benéficas para la salud institucional de Argentina.

Y me estoy refiriendo a muchos argentinos que han hecho de su transitorio éxito en la vida de los negocios, o en lo social, una exposición reñida con el pudor y con la complicidad de los adoradores de ese tótem llamado – por ellos mismos – raiting. 

Esa medición de la cantidad en desmedro de la calidad, esa medición del éxito en puja con la virtud.

No estoy planteando una especie de teología del comportamiento público de los esperados ver por éste ; si estoy planteando que la “ausencia provocada” de los mejores valores éticos o morales, no ayudaron a que nos alejemos con suficiente rapidez de todo lo que hoy nos aqueja.

Parecería glamoroso, o sofisticado, o frívolo el hablar de las comunicaciones en el actual marco sin fronteras en que se debaten los argentinos. Pero no es así.

Y, con sorpresa, comprobamos la sorpresa que desde el exterior se manifiesta por lo que nos pasa y por lo que decimos al respecto.

Durante muchísimos años, Argentina fue considerada “interlocutora válida” de grandes naciones, de América y Europa. Ya no.

Hemos confundido demasiado a los medios con los fines. Porque aquellos nos deslumbraron  más que éstos.

Contribuyo a ello la falta de vocación por decidirse a enfrentar desafíos y escollos que implicaban dolor y esfuerzo. En cada oportunidad. 

Observamos el talento en silencio y como una forma de no otorgarle reconocimiento y fuimos vocingleros ante la mediocridad medida electrónicamente como “mayoría en solo eso”.. Nos sumamos a la parte mayoritaria del raiting para no “ser distintos” y terminamos siéndolo, y en masa.

En la medida en que las nuevas edades tecnológicas de equipos y sistemas de generación y transporte de señales se introducían en lo instrumental del trafico jurídico comercial y publico, fuimos perdiendo de vista el límite de su naturaleza y, la imagen y el sonido, como creaciones de transmisión veloz y a distancias maravillosas, la asumimos como contenido válido para casi cualquier cosa. 

Así, en el transcurso de esa experiencia, nació en muchos la preocupación por “los contenidos” .

La magnitud de esa preocupación fue insuficiente para “cambiar los estilos” y sus resultados fatales. 

Vemos en color y al instante la comisión de delitos aberrantes y la exhibición de conductas y omisiones obscenas, conductas que se expresan no solo en gestos o en palabras, sino también por la reiteración de su exhibición por los responsables de construir o de ayudar a mantener la vigencia  una moral publica aceptable.

Es en esa coyuntura, donde cabe una reflexión respecto a “quienes” están habilitados para disponer de licencias que técnicamente son inobjetablemente otorgadas pero , por el ejercicio de una aptitud reconocida en lo jurídico, en lo tecnológico y en lo económico financiero, es insuficiente para ayudar y comprometerse a usar las comunicaciones en beneficio del bien común.

Que no es el beneficio de una mayoría en un momento dado, es un beneficio de todos en todo el tiempo que transcurre; mas allá, del fin diario de una señal, televisiva o sonora.

La privatización de la gestión de los medios, no implica la privatización del bien publico y del interés público; éstos no están sujetos a los resultados de un contador electrónico que dispara reacciones inauditas desde las cuales mentes con inaptitudes construyen referentes a imitar.

Nuestro viejo y sabio Código Civil nos habla claramente de lo que se debe entender como un necesario “discernimiento, intención y libertad”, y de determinados “actos prematuros, excesivos y aberrantes”. El ABC de ser persona “responsable”.

 Hemos olvidado demasiadas cosas demasiado básicas por demasiado tiempo. Por eso no es demasiado aún lo que padecemos y se necesita una cuota extra de esfuerzo para salir de la actual situación.

Si los medios de comunicación no colaboran, por decisión de sus accionistas, a emprender la gran aventura de realizar de Argentina una nación posible, habremos fracasado; no solo ellos como emprendedores, sino todos como sociedad que pretende ser.

Las comunicaciones siempre alcanzaron gran desarrollo por motivo de conflictos o guerras que todos conocen, pero pueden ser vilipendiadas en el futuro, si no son parte ahora de la construcción de valores, con la suficiente extensión y densidad, como cada circunstancia o hecho lo requiera. Esa tarea ya es parte de que moralmente debe ser visto como parte esencial de un éxito empresario. No hay otra alternativa; por el momento.

Habrá vida, luego del fin de cada emisión.. Y gente y algunos son jurídicamente, aún, incapaces. Comprendan.