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Resumen
La introducción de la competencia obliga a
los entes reguladores a abordar la práctica histórica del uso de
subsidios cruzados implícitos a los efectos de mantener tarifas
bajas homogéneas para el servicio telefónico local en todas las áreas.
La Federal Communications Commission (FCC) recientemente adoptó
normas para eliminar una parte de estos subsidios implícitos al
adoptar un programa explícito para el servicio universal. Este
programa, sin embargo, sólo aborda una pequeña parte del problema
y deja en manos de los estados los problemas asociados con los
subsidios cruzados que se aplican a los servicios intraestatales. En
el presente trabajo analizamos varios programas alternativos para el
servicio universal que podrían adoptar los estados. En general,
encontramos que los programas del servicio universal que basan sus
subsidios en el costo de prestar el servicio tienen poco efecto
sobre los índices de penetración telefónica y resultan en mayores
impuestos, que distorsionan los resultados del mercado y hacen que
los que deben pagar esos impuestos abandonen la red. Los grandes
programas del servicio universal también provocan distorsiones
competitivas. Además, encontramos que los mecanismos basados en los
costos funcionan igualmente mal cuando utilizamos criterios
normativos, tales como el efecto de los programas sobre la
distribución de los ingresos.
“Hoy
en día, los teléfonos no son un lujo sino, obviamente, una
necesidad y es evidente que las personas de ingresos bajos y medios
son las más afectadas. Si tuviéramos que empezar de cero y hacer
todo de nuevo, ciertamente no gravaríamos el uso de los teléfonos.”
Diputado Robert Matsui, Demócrata, California.
El impuesto federal
indirecto sobre el consumo de 3% aplicado al servicio telefónico ha
atraído bastante atención recientemente. Varios diputados del
congreso argumentan que los impuestos a las telecomunicaciones
atentan contra el desarrollo de Internet e introdujeron una proyecto
de ley que revocaría el impuesto indirecto.
Esta retórica es políticamente atractiva y, en algunos casos,
posiblemente correcta. Analizamos el efecto que tienen sobre el
mercado, diferentes impuestos sobre las telecomunicaciones, cuya
recaudación es utilizada para subsidiar los servicios en las áreas
de altos costos.
Los entes
reguladores históricamente han utilizado subsidios cruzados implícitos
para mantener las tarifas locales relativamente uniformes en los
distintos mercados. Dichas políticas han sido justificadas como una
manera de promover el servicio universal.
Sin embargo, a fin de mantener las tarifas bajas en las áreas de
altos costos, los entes reguladores artificialmente incrementan las
tarifas de los servicios de larga distancia, comerciales y otros
servicios. Esto resulta en distorsiones similares a las provocadas
por el impuesto federal indirecto.
Estas distorsiones también afectan la competencia por la prestación
de los servicios de telecomunicaciones y servicios relacionados. Sin
embargo, hasta el presente, los programas del servicio universal han
eludido, en gran parte, el análisis por parte del público porque
están ocultos. La introducción y la expansión de la competencia
obliga a los entes reguladores a hacer explícitos y
competitivamente neutrales estos subsidios implícitos. Dicha
exposición probablemente aumente el análisis por parte del público,
a medida que los programas se tornen más transparentes. En estos
casos, sin embargo, muchos aducirán que estos programas aumentan
los índices de penetración y son necesarios para promover el
servicio universal. Presentamos un análisis de los costos asociados
con los programas del servicio universal. Este análisis pretende
proporcionar elementos para el debate sobre el servicio universal,
brindando estimaciones de los efectos que los subsidios implícitos
y explícitos tienen sobre los índices de penetración telefónica.
Además brindamos información respecto de quién se beneficia y quién
pierde con dichos programas.
La Ley de
Telecomunicaciones de 1996 permitió que los competidores ingresaran
a los mercados locales. Si bien el uso ineficiente de subsidios
cruzados implícitos era sostenible bajo un régimen de monopolio
regulado, esta práctica no es sostenible en un entorno competitivo.
En consecuencia, los reguladores federales y de los estados están
vovliendo a analizar sus programas históricos para el servicio
universal. La Ley de Telecomunicaciones también intenta pasar de
los subsidios implícitos a los explícitos. Las políticas del
servicio universal están profundamente arraigadas en los programas
regulatorios y constituyen una de las partes más costosas,
controvertidas e importantes en relación con la competencia de
dicha Ley.
A fin de implementar
la Ley, la FCC recientemente aprobó un nuevo programa federal del
servicio universal para los grandes operadores de
telecomunicaciones. Una piedra fundamental del nuevo plan es su uso
del modelo de costos previsores que estima el costo de prestación
del servicio telefónico para cada centro de conmutación. El plan
de la FCC permite que todos los operadores telefónicos que cumplen
con los requisitos accedan a estos fondos y dirige su apoyo a las áreas
de relativamente altos costos dentro de los estados que tienen
costos altos.
En su decisión
sobre el servicio universal, la FCC determinó que el programa
federal debería garantizar que las tarifas sean comparables en los
distintos estados, pero dejó que los estados desarrollaran los
programas que abordarían las diferencias dentro de cada estado. De
este modo, el programa federal hace muy poco para abordar las
grandes diferencias entre las tarifas y los costos que existen
dentro de muchos estados. El programa de la FCC proporciona
aproximadamente unos $250 millones más a su programa de servicio
universal para compañías no rurales o compañías grandes.
Suponiendo que las
compañías locales reciben $32 por mes de cada línea residencial,
estimamos que existe un déficit de casi $3 mil millones por año en
los ingresos en las áreas de altos costos. Llegamos a esta estimación
calculando la diferencia entre los costos estimados, sin contar el
subsidio federal, y $32 por mes.
Este gran déficit en las áreas de altos costos es
actualmente recuperado a través de tarifas artificialmente infladas
para otros servicios. A medida que se desarrolle la competencia, los
entes reguladores estatales se verán obligados a abordar la
disparidad entre las tarifas y los costos.
A fin de corregir estos problemas, los entes reguladores pueden
permitir que las tarifas se ajusten en función de los costos o
pueden implementar un programa que brinde a todos los operadores
telefónicos el acceso a un subsidio explícito equivalente a la
diferencia entre las tarifas y los costos.
El National
Regulatory Research Institute (NRRI) (1998) hizo un relevamiento en
1998 solicitando que
los estados informaran respecto de si habían implementado un plan
para el servicio universal en el estado, si lo estaban
implementando, o si no tenían ningún plan para implementar un
fondo dentro del estado. El NRRI informa que catorce comisiones de
los estados indicaron
que, en 1998, tenían un fondo para el servicio universal que estaba
en funcionamiento o estaba bajo revisión. Otros 22 estados habían
aprobado un nuevo fondo o tenían uno pendiente. Si bien muchos
estados han implementado alguna forma de servicio universal, muchos
observan que estaban esperando la decisión de la FCC antes de
avanzar con sus propios programas.
El propósito de
este trabajo es comprender los costos y los beneficios de los
programas de los estados para el servicio universal ante la
existencia del programa federal. Comenzamos con una revisión breve
de la teoría en la que se fundamenta el servicio universal y luego
pasamos a un resumen de las estimaciones de costos de la FCC para la
provisión del servicio. El modelo de costos sugiere que sólo un
pequeño porcentaje de líneas debería ser considerado líneas de
áreas de alto costo.
Analizamos la
magnitud de los potenciales programas para el servicio universal
dentro del estado. Suponemos que los estados adoptarán programas
que dirigen los subsidios a los centros de conmutación que tienen
costos altos. Suponemos que los estados proporcionarán subsidios a
los centros de conmutación tomando la diferencia entre los costos
estimados, sin contar el subsidio federal, y un punto de referencia.
A fin de comprender los efectos de dichos programas, comparamos los
costos de un valor de referencia de $32,18 y de $50. Además de
proporcionar información a los entes reguladores de los estados
acerca de los efectos de dichos programas y sus costos, nuestro análisis
proporciona una estimación somera de la cantidad de subsidios
cruzados implícitos actualmente en el sistema.
Por último, incrementamos los datos del modelo de costos con datos
demográficos a fin de analizar las características de los
consumidores que reciben el subsidio bajo los potenciales programas
de los estados.
Encontramos que el
aumento de los subsidios a las áreas de altos costos tiene un gran
impacto sobre la envergadura del programa, pero probablemente tenga
el efecto de disminuir la cantidad de abonados. Asimismo, los
programas basados en los costos dirigen mal los subsidios a los
hogares de bajos ingresos, y los grupos minoritarios probablemente
sean contribuyentes netos bajo dichos programas. Estos defectos se
mantienen para la gran mayoría de los estados y el país en su
conjunto.
II. La teoría del “Servicio Universal”
El objetivo esencial
del servicio universal es asegurar que las personas permanezcan
conectadas a la red. Se han expuesto dos razones primordiales para
justificar los subsidios del servicio universal: que el servicio
telefónico es un servicio esencial y que existen “efectos de
red”.
A los efectos de
mantener a las personas conectadas a la red,
los economistas concuerdan que dirigir los subsidios a los
consumidores que se desconectarían ante la ausencia de un subsidio
es más eficiente que basar los subsidios en el costo de provisión
del servicio.
Bajo un plan basado en los costos, gran parte del subsidio es
dirigido a los consumidores que tienen ingresos altos que seguirían
conectados incluso si los precios reflejaran los costos. Esto hace
que el programa sea más grande de lo necesario y requiera impuestos
más altos, lo cual distorsiona los resultados del mercado. Los
consumidores de bajos ingresos que viven en las áreas de costos
bajos posiblemente subsidien a los usuarios de altos ingresos que
viven en áreas de altos costos. De este modo, es probable que el
programa tienda a ser una programa de transferencia de ingresos que
mejora la posición de un grupo a expensas de otro, en lugar de ser
un programa que asegure que las personas permanezcan conectadas a la
red. En contraste, si el subsidio es dirigido a los que no están
actualmente conectados a la red o que podrían elegir desconectarse
ante la ausencia de un subsidio, los índices de penetración seguirían
siendo altos y las distorsiones provocadas por los impuestos serían
menos graves. Asimismo, debido a que los impuestos a los servicios
de telecomunicaciones serán utilizados para elevar los ingresos, un
programa amplio más los impuestos altos concomitantes, podrían en
la realidad disminuir los niveles de penetración porque el costo de
utilizar la red aumenta para los que no reciben un subsidio.
Otros han estudiado
este problema y generalmente llegan a la conclusión de que es poco
eficiente gravar un servicio cuya demanda es relativamente elástica
(larga distancia) para subsidiar el precio de un servicio cuya
demanda es relativamente inelástica (servicio local mensual).
Crandall y Waverman (1998) plantean el debate más amplio del
problema, conjuntamente con una revisión de la bibliografía
anterior. Resumen los resultados de la investigación, todos los
cuales arriban a la misma conclusión: el precio del servicio local
tiene muy poco impacto sobre la decisión de suscribirse a un
servicio telefónico. Crandall y Waverman presentan pruebas tomadas
de la bibliografía respecto de que la elasticidad de la demanda del
servicio local oscila entre -0,006 a -0,17 estando la mayoría de
las estimaciones más recientes muy por debajo de –0,1.
En sus propias estimaciones, Crandall y Waverman concluyen
que la tarifa local mensual es insignificante a la hora de tomar la
decisión de suscribirse. Sin embargo, encuentran que el cargo de
instalación tiene un pequeño impacto sobre las decisiones de
suscripción. En consecuencia, concluyen que si hay algún subsidio,
debería ser en la forma de un programa Link-up que subsidia los
aranceles iniciales de la conexión.
La FCC reconoce la efectividad de los
subsidios dirigidos para incrementar los índices de penetración y
provee subsidios basados en la necesidad a través de sus programas
Lifeline y Link-up. Estos programas brindan subsidios a los
consumidores de bajos ingresos al bajar los cargos planos mensuales
y proveer subsidios para reducir el costo de la conexión a la red.
Muchos estados han adoptado y/o ampliado los programas de este tipo.
Sin embargo, los programas de servicio universal para las áreas de
altos costos, tanto federales como de los estados, seguirán
brindando subsidios basados en el costo del servicio,
independientemente de la capacidad de pago de los consumidores.
III. ¿Cuánto cuesta prestar el servicio telefónico?
La FCC (con el aporte importante de las
partes interesadas) ha desarrollado un modelo que estima el costo de
proveer el servicio telefónico local. El Modelo Híbrido Sustituto
de Costos (HCPM) divide las regiones servidas por los operadores
telefónicos no rurales en aproximadamente 12,493 áreas geográficas
basadas en la ubicación actual de los centros de conmutación de
los operadores titulares de las centrales locales (o conmutadores y
los servidos por un determinado conmutador). Para cada centro de
conmutación, el modelo estima el costo de diversos componentes
utilizados para proveer el servicio telefónico local: el bucle, la
conmutación, la señalización y el transporte, etc. Basado en las
diferencias en las condiciones locales, la densidad de la población
y otros factores, el modelo estima el costo de proveer el servicio
local en cada centro de conmutación. Estos centros de conmutación
sirven a aproximadamente 161 millones de líneas de acceso
conmutadas.
El HCPM estima que
el costo promedio del servicio telefónico local es $23,84 para las
compañías no rurales. La mayoría de las líneas tienen
estimaciones de costos inferiores a $30 por mes y se estima que sólo
una pequeña cantidad de líneas cuesta más que $50 por mes.
Aproximadamente el 45 por ciento de las líneas tienen costos
estimados que son inferiores a $20 por mes. Casi el 90 por ciento de
las líneas (87%) tienen costos inferiores a $30 por mes; el 94%
tienen costos inferiores a $40 por mes; y el 97 % tiene costos
inferiores a $50 por mes. Es evidente que sólo un pequeño
porcentaje de todas las líneas tiene costos estimados
sustancialmente más altos que lo que pagan los consumidores por el
servicio local. La intención del programa del servicio universal es
brindar un subsidio a las compañías (y en última instancia a los
consumidores) que se encuentran en las áreas de altos costos a fin
de mantener en un nivel aceptable las tarifas en esas áreas.
IV. Programas Potenciales de los estados
El programa federal para el servicio
universal de la FCC sólo aborda una pequeña parte del total de los
subsidios cruzados integrados en las tarifas actuales. A fin de que
la competencia se desarrolle de manera eficiente, los entes
reguladores federales y de los estados, ambos, necesitan alinear más
estrechamente las tarifas con los costos. Dicha propuesta, sin
embargo, no es atractiva desde el ángulo político. La inquietud
que se plantea es que si se permite que las tarifas se modifiquen más
en consonancia con los costos reales, el resultado sería
disminuciones sustanciales en los índices de penetración. Como lo
demostró Hausman et al. (1993), este temor no necesariamente es válido
porque el rebalanceo tarifario hará que bajen algunos precios
mientras que otros aumenten. La reducción en algunos precios
aumentará la penetración, compensando parte de la pérdida de
algunos abonados con los aumentos en otras tarifas. Hausman et al
demuestran que la decisión de suscribirse a un servicio telefónico
depende de la utilidad que un cliente recibe de todos los servicios
de telecomunicaciones, incluyendo las llamadas de larga distancia y
los aumentos en los precios de los servicios de larga distancia
reducen los índices de penetración. Además de su análisis, la
introducción de los sustitutos, tales como las alternativas inalámbricas,
probablemente amortigüe aún más el efecto que tendría sobre la
penetración un acercamiento de las tarifas de los servicios de línea
fija a sus costos.
En esta sección,
estimamos la dimensión del programa de servicio universal que cada
estado tendría que aprobar para que sea consistente con el valor de
referencia de la FCC de $32,18. Por otra parte, estimamos la tasa
fiscal que los entes reguladores de los estados tendrían que
imponer a los ingresos provenientes de los usuarios finales dentro
de los estados para financiar el programa del estado. Luego
comparamos el valor de referencia de $32 con alternativas,
incluyendo programas que eliminarían el subsidio totalmente, lo
destinarían a hogares de bajos ingresos, y el uso de un valor de
referencia alternativo de $50. La Tabla 1 incluye sólo el subsidio
necesario para subsidiar a las compañías operadoras telefónicas
relativamente grandes, o en la terminología de la FCC los
operadores telefónicos no rurales.
La Tabla 1 estima la
magnitud de los programas de servicio universal que los estados
tendrían que aprobar a fin de mantener las tarifas en el nivel de
los valores de referencia de $32 y $50. Agregamos estimaciones de
las tasas fiscales que cada estado tendría que adoptar a fin de
financiar en forma explícita estos programas. La magnitud del
programa se calcula tomando la diferencia entre el costo estimado de
cada centro de conmutación y la suma del subsidio federal y el
valor de referencia apropiado. Por ejemplo, considere un centro de
conmutación con un costo mensual estimado de $42 por línea
destinado a recibir un subsidio federal mensual de $3 por línea.
Conforme al valor de referencia de $32, el subsidio mensual aportado
por el estado es de $7 por línea.
Conforme al valor de referencia de $50, las líneas en este centro
de conmutación no recibirían un subsidio. Sobre la base de la
dimensión estimada del fondo, desarrollamos “tasas fiscales”
para cada estado. Tomando la relación entre la dimensión estimada
del programa de servicio universal para empresas no rurales de cada
estado y Los Ingresos provenientes de las Telecomunicaciones del
Usuario Final intra-Estatal de 1998, se obtienen nuestras tasas
fiscales estimadas. Obtuvimos nuestros datos sobre los ingresos del
estado derivados del usuario final a partir de la Tabla 2.3 del
informe de la FCC de enero de 2000: State-by-State Telephone
Revenue and Universal Service Data.
En estos cálculos
excluimos líneas de las compañías “rurales” en nuestras
estimaciones de la dimensión del programa del estado para el
servicio universal, pero incluimos sus ingresos en nuestras
estimaciones de las tasas fiscales. Hacemos esto por diversas
razones. Como se discutió anteriormente, la FCC todavía debe
abordar la manera en la cual los subsidios a las empresas rurales
deben ajustarse a la luz de la Ley de 1996, y no ha calculado un parámetro
de este modelo para las pequeñas empresas rurales. Por ende,
estamos asumiendo que los estados, en el corto plazo, aprobarán
programas para los grandes operadores no rurales, pero gravarán con
un impuesto todos los ingresos provenientes de usuarios finales. Si
los estados sólo aplican un impuesto a los clientes no rurales,
nuestras tasas fiscales estimadas son demasiado bajas.
Asimismo, debido a que las compañías telefónicas rurales
generalmente operan en áreas mucho menos densamente pobladas, su
inclusión probablemente incremente la dimensión del subsidio. En
consecuencia, los porcentajes de la tasa fiscal presentados en la
tabla abajo probablemente minimicen la verdadera magnitud de la tasa
fiscal necesaria para mantener los valores de referencia si se
incluyeran todas las líneas. El efecto sobre la tabla es que las
tasas fiscales probablemente sean demasiado bajas y la clasificación
relativa de los estados posiblemente cambie debido a que algunos
estados tienen más líneas servidas por compañías telefónicas
rurales. Por último, las compañías no rurales sirven a bastante más
del 90 por ciento de todos los clientes, de manera que cualquier
error introducido por la exclusión de las compañías rurales
probablemente sea pequeño.
V. El subsidio y las tasas fiscales
La Tabla 1 muestra
que con un valor de referencia de $32,
las tasas fiscales implicadas oscilan entre cero en el
Distrito de Columbia, donde el costo del servicio local es bastante
inferior a $32 en cada centro de conmutación, y un máximo de 8,28%
en el estado de Maine. La tasa promedio es 3,07% de Ohio. El
promedio ponderado tomando todos los estados es 2,41%. Estas tasas
fiscales se aplicarían a los servicios intraestatales solamente, de
manera que no se agregarían al impuesto federal sobre los servicios
entre los estados de 5,7%
Algunos estados
rurales típicos del oeste tienen tasas fiscales relativamente bajas
– Wyoming (3,72%) y Idaho (4,22%) – comparado con los estados
del sur – Kentucky (7,00%); Louisiana (5,30%); y Alabama (5,25%).
Estas diferencias se producen por al menos dos razones. En primer
lugar, muchos estados rurales del oeste tienen grandes extensiones
de territorio no poblado, mientras que el sur parece caracterizarse
por grandes áreas con una población escasa. Como se discutió más
arriba, la densidad de la población de las áreas no habitadas es
el principal factor generador de costos. En segundo lugar, nuestras
estimaciones sólo incluyen las compañías no rurales. En la medida
en que las compañías no rurales hayan vendido sus centrales más
rurales o no sirven a las áreas rurales en los estados que cubren,
muchas áreas rurales no están incluidas en nuestras estimaciones.
Este es el caso en los estados del oeste donde US West ha vendido
muchas de sus centrales rurales a compañías telefónicas
“rurales”.
Pasar a un valor de
referencia de $50 afecta tanto al nivel absoluto del impuesto como a
las clasificaciones relativas de los estados. No existe una
correlación perfecta en las clasificaciones de las tasas fiscales
entre un subsidio de $50 y un subsidio de $32. El estado donde la
tasa sobre los servicios intraestatales es la más alta pasa a ser
Montana, con una tasa fiscal de 4,31%. Maine cae al puesto 47,
porque tiene relativamente más líneas en centrales con costos
entre $32 y $50. La tasa fiscal promedio ponderado general cae a
menos de 1% porque el total del subsidio intraestatal se reduce de
$2,9 mil millones anuales a alrededor de $1,2 mil millones por año.
Los estados que ahorran más, medido en términos de reducción en
las tasas fiscales, son Alabama, Maine, Kentucky, Mississippi, West
Virginia y Vermont, todas las cuales experimentan una caída de por
lo menos 4 puntos porcentuales en las tasas fiscales del servicio
universal. Como es de esperar, un incremento relativamente pequeño
en el valor de referencia tiene un impacto significativo sobre el
impuesto que se debe cobrar a los servicios de telecomunicaciones
intraestatales para financiar el programa.
VI. Los efectos de la reforma de Servicio Universal sobre la
penetración
Wimmer y Rosston (2000) estiman el efecto que
una reducción en la dimensión de los subsidios estatales tendría
sobre la cantidad de abonados. En este trabajo, encontramos que el
aumento del valor de referencia de $32 a $50 resulta en una reducción
de los índices de penetración inferior al medio por ciento. También
demostramos que la reducción en la penetración puede reducirse a
un costo relativamente bajo si sólo se siguiera subsidiando a los
consumidores de bajos ingresos en un nivel consistente con un valor
de referencia de $32. Estos resultados, no obstante, sólo cuentan
la mitad de la historia.
Extendemos estos
resultados en dos sentidos significativos. En primer lugar,
presentamos los efectos estimados que los subsidios tienen sobre la
cantidad de abonados estado por estado. Esto muestra los efectos
heterogéneos resultantes de elevar el valor de referencia. En
segundo lugar, utilizamos estimaciones de elasticidad para estimar
los abonados adicionales que se unirían a la red si se redujeran
las tarifas para el servicio intraestatal inter-urbano y el servicio
local en las áreas de bajo costo.
A fin de estimar el
efecto total que un incremento en el subsidio tendría sobre la
cantidad de abonados, comenzamos con la estimación del efecto que
la elevación del valor de referencia tendría sobre los abonados
que pierden su subsidio. Estudiamos la eliminación total del
subsidio, cambiando el valor de referencia y adoptando subsidios
destinados a los sectores de bajos ingresos. Luego estimamos el
incremento en la penetración que resultaría de la disminución en
las tasas fiscales sobre otros servicios.
La eliminación del
subsidio a las áreas de altos costos permitiría que las tarifas
reflejen los costos reales en todas las áreas. Adoptamos la
convención de que las tarifas mensuales no aumentarían por sobre
$100 por mes porque es probable que se utilicen tecnologías
alternativas para sustituir al servicio de línea terrestre (ver
Wimmer y Rosston (2000) y Crandall y Waverman (1999)). También
suponemos que las elasticidades medidas en torno a las tarifas
actuales también se aplicarían a las tarifas locales
significativamente más altas. Dado lo cual, la penetración general
sólo disminuiría alrededor de medio punto porcentual, y la
disminución máxima en los índices de penetración sería 1,83% en
Vermont. Vermont tiene un índice de penetración de 95,4% de
acuerdo al Informe sobre la Penetración de la FCC, de manera que la
penetración en Vermont disminuiría a 93,6% si el estado aprobara
un plan para eliminar el subsidio a las áreas de altos costos.
También
investigamos el impacto de los valores de referencia alternativos
sobre los índices de penetración. Específicamente, estimamos el
efecto de mantener un valor de referencia de $32 para todos los
abonados de bajos ingresos, pero permitiendo que las tarifas para
los usuarios de altos ingresos se aproximen al costo. La cantidad de
abonados disminuiría alrededor de 0,29% a nivel nacional y 1,21% en
Vermont. Todas estas personas que se desconectarían de la red serían
hogares con ingresos que superan los $20.000 anuales, medidos en dólares
de 1990. Por último, estimamos el efecto que tendría el aumento
del valor de referencia a $50 manteniendo y sin mantener el subsidio
para los sectores de bajos ingresos en el valor de $32. Al pasar de
un valor de referencia de $32 a uno de $50 se reduce el costo del
programa casi $2 mil millones por año. Las tasas fiscales se
reducen más de la mitad y los índices de penetración caen menos
de 0,3%. El uso de un valor de referencia de $50 combinado con un
subsidio a sectores de bajos ingresos mantenido a un nivel de $32
resulta en una reducción de menos del 0,2% en la cantidad de líneas.
En estas circunstancias, la pérdida más grande se produciría, una
vez más, en Vermont, donde la penetración caería un 0,84%
estimado. Si bien habría una pérdida de líneas debido a que
algunos residentes pierden una parte de sus subsidios bajo estas
circunstancias, se ahorrarían dólares destinados a los subsidios.
Vermont reduciría la cantidad de sus subsidios al servicio
universal más de $9 millones por año y reduciría su tasa fiscal
aproximadamente a la mitad si cambiara de un programa con un valor
de referencia de $32 a uno con un valor de referencia de $50 para
abonados de altos ingresos con subsidios a sectores de bajos
ingresos más generosos. West Virginia, Kentucky, Mississippi, New
Hampshire y Alabama también reducirían sus tasas fiscales al menos
dos puntos porcentuales al cambiar a un plan basado en los ingresos
de los abonados y un valor de referencia de $50. Esta discusión, no
obstante, sobrestima la disminución de la cantidad de abonados
porque no tiene en cuenta el efecto que el aumento en las tasas
fiscales tiene sobre la cantidad de abonados.
Del mismo modo que
con cualquier programa social, los costos mayores son los que no se
pueden percibir. La continuación de programas de subsidios de alto
costo, implícitos o explícitos, seguirán reduciendo la cantidad
de abonados entre los que son perdedores netos bajo el sistema. Las
tasas fiscales derivadas arriba, conjuntamente con las estimaciones
de la elasticidad, nos permiten estimar el efecto que estos
impuestos tendrían sobre la cantidad de abonados. Utilizamos
estimaciones de elasticidad que tomamos de Crandall y Waverman
(1999) y Hausman, Tardiff y Belinfante (1993) para estimar el
aumento en las suscripciones debido a tasas fiscales más bajas que
resultan en tarifas telefónicas urbanas más bajas y tarifas más
bajas para las llamadas interurbanas intraLATA y llamadas interLATA
(Nota de Traductora: LATA: Local Access and Transport Area, es decir
áreas locales de acceso y de transporte o sea el mercado local
atendido por los servicios de la central local). Seguimos utilizando
la estimación de –0,075 para la estimación de la elasticidad del
servicio local. Utilizamos elasticidades cruzadas de precios para el
servicio local respecto al precio del servicio interurbano intraLATA
dentro del estado e interLATA de 0,0086 y 0,0019 respectivamente.
Estimamos que la
cantidad total de líneas actualmente dadas de baja debido a los
impuestos necesarios para financiar los subsidios a áreas rurales
de altos costos para cada uno de los cuatro escenarios mencionados.
Esta es la cantidad de líneas que se agregarían que en última
instancia compensarían algunas de las líneas dadas de baja a raíz
del aumento de las tarifas rurales; es decir estas son las pérdidas
ocultas debido a las tasas fiscales más altas actuales. Un valor de
referencia de $32 resulta en una reducción de más de 200.000 líneas,
aproximadamente 0,2 % de todas las líneas. La cantidad de líneas
dadas de baja debido a las tasas fiscales se reduce bastante rápidamente
a menos de 100,000 si se utiliza un valor de referencia de $50.
Aproximadamente 140.000 líneas son dadas de baja si se utiliza un
valor de referencia de $50 con un subsidio a sectores de bajos
ingresos. En general, estas cifras no compensan del todo la cantidad
estimada de líneas que se pierden al cortar el subsidio. Sin
embargo, la cantidad de líneas que se ganarían al eliminar el
impuesto rural de un valor de referencia de $32 compensa
aproximadamente el 40% de la cantidad de líneas que se pierden si
se elimina del todo el subsidio.
En la Tabla 2
presentamos el efecto total que los cambios en el subsidio tienen
sobre la cantidad de abonados y tasas fiscales. El primer grupo de
cifras corresponde a los resultados de eliminar el subsidio por
completo. La primera columna en este grupo muestra que la tasa
fiscal disminuirá a cero. La segunda columna muestra la cantidad
neta de líneas que se darían de baja al pasar de un valor de
referencia de $32 a la eliminación del subsidio. Estas cifras son
calculadas sumando la cantidad de líneas que se mantendrían (un número
positivo) debido a la disminución de la tasa fiscal al número de líneas
dadas de baja (un número negativo) debido a la reducción del
subsidio. Por lo tanto, un número negativo indica que el número de
líneas residenciales disminuiría si se elevara el valor de
referencia. La tercera columna muestra el efecto en términos
porcentuales de la cantidad total de líneas residenciales en el
Estado. En términos generales, luego de tomar en cuenta las tasas
fiscales, descubrimos que la cantidad total de líneas dadas de baja
se reduciría sólo un 60% de la cifra estimada que no tomó en
cuenta el efecto negativo de imponer tasas fiscales altas. La
disminución promedio es 0,4% y la disminución en el ámbito
nacional es 0,3%. Nuevamente, es Vermont quien tiene la mayor
disminución: 1,1%. La eliminación total del programa de subsidio sólo
provocaría una reducción superior al 1%, en el índice de
penetración, en tres Estados. En la mayoría de los estados, el
efecto neto de no contar con ningún tipo de programa de subsidio
sería menos de medio punto porcentual. Un Estado, Nevada,
experimentaría un aumento en la base de abonados si se eliminara el
subsidio al servicio rural.
Los tres grupos de
cifras restantes en la Tabla 2 muestran cifras similares para los
casos de establecer un valor de referencia de $50 y de programas
destinados a los hogares de bajos ingresos. Luego de dar cuenta de
los efectos fiscales, los dos programas destinados a viviendas de
bajos ingresos resultaron en una disminución menor a 0,2% en la
cantidad de líneas residenciales. La mayoría de los estados en
este caso experimentarían una disminución menor a 0,3% según el
programa de bajos ingresos solamente, y la mayoría observaría una
disminución de menos del 0,2% bajo el valor de referencia de $50
combinado con el subsidio a las áreas de bajos ingresos. Mantener
un subsidio destinado a las áreas de bajos ingresos y al mismo
tiempo, eliminar el subsidio a las zonas rurales reduciría un 0,81%
el índice de penetración en Vermont. Estos cálculos suponen que
no hay diferencia en la elasticidad de precios de la demanda entre
los hogares de bajos ingresos y altos ingresos. Si los hogares con
ingresos altos tienen demandas relativamente menos elásticas, estas
cifras sobrestiman la disminución en el índice de penetración que
se produciría a causa de una reducción en los subsidios.
Estos cálculos
implican que los esfuerzos realizados por los reguladores para
mejorar la base de abonados mediante el mantenimiento del conjunto
de subsidios implícitos son muy ineficaces – eliminarlos
completamente tendría un efecto menor sobre la base de abonados y
dicha disminución podría ser mitigada sustancialmente mediante el
establecimiento de una programa destinado a las áreas de bajos
ingresos. El aumento en las tasas fiscales requerido para subsidiar
las áreas de alto costo reduce la base de abonados y distorsiona
las acciones tanto del consumidor como del productor. Tal como se
expresa en Crandall y Waverman (1995), la eliminación de los
subsidios brinda beneficios aún mayores debido a que resulta en señales
más precisas para los consumidores y competidores. Crandall y
Waverman estiman que este beneficio rondaría los $8.000 millones
por año.
Si bien los nuevos
programas de servicio universal abordan muchas de las distorsiones
provocadas por políticas históricas, introducen toda una serie de
problemas nuevos. Los grandes fondos del servicio universal, y los
impuestos resultantes, no sólo afectan los mercados de
telecomunicaciones al incrementar artificialmente los precios de
algunos servicios en particular sino también a través de sutiles
efectos sobre los incentivos de las empresas. Tal como expresan
Rosston y Wimmer (1999), los reguladores han adoptado una serie de
definiciones sin sentido sobre las competencias a fin de determinar
qué servicios serán gravados para financiar los programas de
servicio universal y los reguladores son los que finalmente los que
deciden qué operadores son idóneos para recibir los subsidios.
El actual programa
federal grava los ingresos derivados de servicios de
telecomunicaciones para consumidores finales inter-estatales a fin
de financiar sus subsidios. Conforme las normas de la FCC, este
programa no incluye los servicios de datos y exige que los
reguladores determinen qué parte de los paquetes de ofertas (los
cuales pueden incluir servicios dentro del estado y servicios
distintos a los de telecomunicaciones) deberían estar sujetas a
este impuesto. El aumento de la telefonía IP y los servicios de
datos, junto con la introducción de nuevos servicios, significa que
la definición de los ingresos derivados del servicio de
telecomunicaciones se tornará cada vez más compleja y dificultosa
de aplicar. Más importante aún es
que el uso de distinciones arbitrarias afecta los incentivos para
los productores y consumidores. Como resultado, a los consumidores
se les brindará señales de consumo ineficientes y el diseño de la
red puede verse afectado. Estas distorsiones dañan la competencia
eficiente debido a que las empresas pueden obtener una ventaja
competitiva a través de anomalías inherentes al proceso
regulatorio en lugar de brindar a los consumidores los mejores
productos..
Estos problemas se eliminarían simplemente al permitir que las
tarifas se aproximen a los costos.
También existen
disputas en torno a qué compañías cumplen con los requisitos para
recibir financiamiento del servicio universal.
Históricamente, sólo los proveedores titulares dominantes
del servicio de telefonía fija cumplían con los requisitos para
recibir subsidios.
La introducción de un programa federal explícito requiere que los
reguladores estatales den fe de que los operadores son “operadores
de telecomunicaciones que cumplen con los requisitos” antes de que
puedan retirar dinero del fondo. La importancia de convertirse en
operadores que cumplen con los requisitos disminuye a medida que el
valor de referencia aumenta y son los consumidores, y no los
reguladores, quienes determinan qué operadores y tecnologías
prestan servicio a los consumidores de las zonas rurales.
Otra inquietud en
relación con los grandes programas de servicio universal de los
estados es que es poco probable que la envergadura del programa
disminuya con el transcurso del tiempo. La introducción de la
competencia probablemente resulte en una variedad de innovaciones
que los reguladores no puedan anticipar. Estas innovaciones
probablemente resulten en la reducción de los costos operativos en
las áreas rurales, obviando la necesidad de programas de servicio
universal.
La instrumentación de un gran fondo de financiación puede servir
para demorar dichos avances dado que los beneficiarios actuales del
programa intentarán utilizar los procesos regulatorios para
proteger sus subsidios. Además, los operadores podrían resistirse
a adoptar tecnologías más económicas si se determinara que
adoptarlas podría reducir el monto del subsidio o poner en peligro
su calidad de operador que cumple con los requisitos para recibir el
mismo.
Una política
racional acerca del servicio universal minimiza las distorsiones,
logra objetivos claros bien articulados y no tiene impacto alguno
sobre el proceso competitivo. Para ello, las políticas adoptadas
deberían asegurar que los incentivos para evitar impuestos sean
pequeños y que los consumidores tengan la última palabra en cuanto
a qué compañías van a prosperar. La rapidez de los cambios tecnológicos
y la capacidad de las empresas de responder a los incentivos torna
muy difícil, sino imposible, formular normas que persistan a pesar
de la dinámica del mercado.
VII. Los factores demográficos
Si bien los programas de servicio universal actuales no
parecen tener el efecto deseado de aumentar sustancialmente la
cantidad de abonados, pueden ser considerados, en teoría,
convenientes si transfieren los ingresos de consumidores con altos
ingresos a consumidores con bajos ingresos. Hemos analizado los
datos demográficos arrojados por el Censo de 1990, totalizados por
centro de conmutación, a fin de examinar los efectos que los
programas de servicio universal tienen sobre la distribución de
ingresos.
Sin embargo, no hay demasiadas razones para esperar que el costo de
prestar el servicio universal esté estrechamente relacionado con el
ingreso por vivienda. Más adelante, utilizamos los datos demográficos
para determinar los tipos de viviendas que se beneficiarían y los
que se perjudicarían según las situaciones consideradas
anteriormente.
Ingreso
Comenzamos
examinando el flujo de subsidios relacionados con las diferentes
clases de ingresos. Para cada nivel de ingreso, la Tabla 3 brinda el
porcentaje de líneas representadas por los hogares en esa categoría
de ingreso. Por ejemplo, los hogares con ingresos por debajo de los
$10.000 representan el 8% de las líneas servidas por compañías
telefónicas no rurales en Alaska. La segunda columna para cada
grupo de ingresos es el porcentaje de subsidio representado por
dicho grupo de ingresos. Los hogares con ingresos por debajo de los
$10.000 por año recibirían el 2% del subsidio en Alaska.
Finalmente, la tercera columna por cada nivel de ingreso da cuenta
de la diferencia entre las dos primeras columnas. Los hogares en la
categoría de ingresos más bajos en Alaska reciben el 5% menos (la
diferencia se debe al redondeo) de subsidio que los que las mismas
representan como porcentaje de líneas. Para cada Estado, algunas
categorías de ingresos tendrán una diferencia positiva y para
otros tendrá una diferencia negativa y la suma de todas las categorías
de ingresos será igual a cero.
En nueve Estados, la
porción de líneas representadas por el grupo con ingreso más
bajos excede la porción del subsidio recibida por los hogares con
ingresos por debajo de los $10.000. Esto indica que, en promedio,
los hogares con ingresos bajos en dichos estados reciben menos que
su parte proporcional del subsidio al servicio universal. Para el país
en su totalidad, las categorías de ingresos más bajos representan
un porcentaje mayor del subsidio que su porción de líneas. Es
importante recordar, sin embargo, que esto no necesariamente hace
que el programa de subsidios para las áreas rurales de alto costo
sea “programa progresista”. Los datos demuestran que la gran
mayoría de hogares de bajos ingresos no reciben ningún beneficio
de los fondos para las zonas de altos costos, sin embargo se les
exige que aporten al sistema. En todos los Estados, menos en tres de
ellos, menos de la mitad de los residentes de bajos ingresos reciben
algún tipo de subsidio. En esos tres Estados, un poco más de la
mitad de los residentes de bajos ingresos recibirían un subsidio
pero una gran cantidad de hogares con altos ingresos (más del
37,5%) también obtendrían subsidios. Como resultado, la mayoría
de los residentes de bajos ingresos contribuirían al sistema,
mientras que muchos de los hogares de altos ingresos recibirían
subsidios.
Raza
Hemos llevado a cabo
un ejercicio similar para estudiar los efectos de los programas de
subsidio de los estados sobre los diferentes grupos étnicos. La
Tabla 4 representa los resultados del análisis realizado según
cada grupo étnico por Estado. La primer serie de números
representa la probabilidad condicional de que un hogar de un grupo
étnico en particular reciba un subsidio. Las probabilidades
condicionales son calculadas tomando la relación entre la cantidad
de líneas subsidiadas de cada grupo étnico y el número total de líneas
representado por ese grupo étnico. Los resultados muestran la
probabilidad que cada grupo étnico diferente tiene de obtener un
subsidio en cada Estado. Los resultados muestran una amplia variación
entre los estados y entre los grupos étnicos dentro de los estados.
Por ejemplo, en
Nueva Jersey el 1% de hogares de raza blanca recibiría un subsidio
y en Alabama un 50% de hogares de raza blanca recibiría un
subsidio. La diferencia más amplia entre los hogares de familias de
raza blanca y raza negra se produce en Wyoming en donde el 37% de
los hogares de familias de raza blanca recibirían un subsidio en
comparación con sólo el 2% de los hogares de raza negra. En
contraste, en Dakota del Norte, un 50% de los hogares de raza negra
recibiría un subsidio comparado con sólo el 13% de los hogares de
raza blanca.
Estas diferencias se deben simplemente a la elección en cuanto a la
ubicación de los hogares – los hogares de personas de raza negra,
hispana o asiática tienden a ubicarse en áreas urbanas con costos
más bajos y los norteamericanos nativos tienden a ubicarse en áreas
mas dispersas con costos más altos.
El segundo grupo de
números de la Tabla 4 muestra la diferencia entre la cantidad de líneas
correspondientes a cada grupo y la parte del subsidio que cada grupo
recibe. Esto difiere de las probabilidades condicionales debido a
que las diferencias incorporan el monto del subsidio a cada grupo, y
no simplemente la probabilidad de que un subsidio sea otorgado. Tal
como ocurre con la tabla de ingresos, la suma de las diferencias
debe dar cero. Los resultados son similares a los obtenidos a nivel
nacional presentados en Wimmer y Rosston (2000), pero una vez más,
hay variaciones importantes entre los estados. En 44 estados, los
negros y los hispanos representan un porcentaje más alto de líneas
que lo que representan en subsidio. Por otro lado, los
norteamericanos nativos reciben un porcentaje más alto de subsidio
en 36 estados que su parte proporcional de líneas.
En general, no son
sorprendentes los resultados que obtuvimos al analizar la relación
entre el flujo de subsidios y quienes se benefician de los mismos.
Los reguladores han elegido utilizar un elemento muy terminante, el
costo del servicio, para asignar subsidios. Tal como se esperaba, el
flujo principal de dólares se produce desde las áreas urbanas
hacia las áreas rurales. Debido a que probablemente los hogares de
bajos ingresos estén ubicados tanto en comunidades rurales como
urbanas, el subsidio no efectúa una buena redistribución del
ingreso. Además, dado que determinados grupos étnicos están
concentrados en las áreas urbanas o rurales, el subsidio efectúa
lo que se esperaría. Resumiendo, nuestro análisis muestra que los
subsidios basados en los costos son tan ineficaces cuando el
criterio es la distribución del ingreso como cuando el criterio es
la base de abonados.
VIII. Conclusiones
Ver Tablas de Subsidios y Tasas Fiscales
Los programas de servicio universal son una
parte considerable y competitivamente importante del futuro del
sector de las telecomunicaciones. Las decisiones de los entes
reguladores de los estados acerca del futuro tendrán impactos
importantes sobre el bienestar de sus residentes, si bien estas
decisiones pueden tener un impacto pequeño sobre el nivel general
de los índices de penetración telefónica.
En un futuro
cercano, los entes reguladores de los estados tomarán decisiones
sobre la como se verá afectada la diferencia entre el costo del
servicio y lo que pagan los consumidores en virtud de la introducción
de la competencia. La implicancia más obvia es que aumentar o
eliminar los valores de referencia puede ahorrar mucho dinero con
muy poco impacto sobre la penetración telefónica. Además, sería
posible compensar las reducciones en la cantidad de abonados con un
subsidio dirigido a los sectores de bajos ingresos que sea
significativamente menos costoso que el programa amplio propuesto.
Esto vale para todos los estados.
El
análisis también muestra que la vasta mayoría de los clientes de
bajos ingresos finalmente no obtiene ningún subsidio, aún así están
obligados a pagar tarifas por encima de los costos para financiar el
programa del servicio universal. Al mismo tiempo, existen
consumidores con ingresos altos que se benefician con las tarifas
subsidiadas. Un verdadero programa de servicio universal tendría
como objetivo otorgar subsidios a consumidores con bajos ingresos
que corren el riesgo de tener que salir de la red, y no exigiría
que estos hogares contribuyan al programa que subsidia las líneas
telefónicas de los hogares con ingresos altos.
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