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Tribunal: Corte
Suprema de Justicia de la Nación
Fecha: 7.7.1992
TEMA: DERECHO DE RECTIFICACION. JERARQUIA DE LOS
TRATADOS INTERNACIONALES.: DERECHO DE RECTIFICACION. JERARQUIA DE LOS
TRATADOS INTERNACIONALES.
Corte Suprema, julio 7-992.
Ekmekdjian, Miguel A. c. Sofovich, Gerardo y otros.
Buenos Aires, julio 7 de 1992.
Considerando:
1) Que la sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil
rechazó el amparo interpuesto por Miguel A. Ekmekdjian, en ejercicio del derecho de
réplica, contra Gerardo Sofovich. Contra dicho pronunciamiento el actor dedujo recurso
extraordinario, cuya denegación motiva la presente queja.
2) Que de acuerdo a lo expuesto por el recurrente, lesionado
profundamente en sus sentimientos religiosos, a fs. 84/85 promovió demanda de amparo
contra Gerardo Sofovich, para que se lo condenara a leer en el programa "La Noche del
Sábado" -que se emitía por el canal 2 de televisión-, una carta documento que le
remitiera contestando a Dalmiro Sáenz, quien expresó frases que consideraba agraviantes
en relación a Jesucristo y a la Virgen María, en la audición del sábado 11 de junio de
1988. Que, como la carta no fue leída, debió iniciar juicio de amparo, fundado en el
derecho de réplica que, según su criterio, le concede el art. 33 de la Constitución
Nacional y el art. 14.1 del Pacto de San José de Costa Rica aprobado por ley 23.054 y
vigente para la República Argentina desde el depósito del instrumento de ratificación
el 5 de setiembre de 1984.@
3) Que el fundamento central utilizado por el a quo para rechazar las
pretensiones del actor consiste en considerar que el art. 14.1 del Pacto de San José de
Costa Rica consagra el derecho de respuesta "en las condiciones que establezca la
ley", razón por la cual el propio tratado inhibe la autofuncionalidad de la
respuesta normada en él mientras no se reglamenten sus requisitos sustanciales y se
regule procesalmente su ejercicio. Considera, en consecuencia, que el derecho de respuesta
no tiene carácter operativo, como lo resolviera esta Corte en el caso E. 60. XXII
"Ekmekdjian, Miguel A. c. Neustadt Bernardo y otros s/amparo", el 1 de diciembre
de 1988 (LA LEY, 1989-C, 18). A este fundamento el a quo agrega que el propio actor
reconoció no ser titular de un derecho subjetivo a la respuesta que reclama sino que
tiene un interés de carácter difuso, lo que obsta a su legitimación, pues conforme a la
índole del derecho de respuesta o rectificación, éste sería un derecho de la
personalidad o personalísimo, lo que involucra en su titularidad a un determinado sujeto
-persona física- y excluye a los de carácter difuso o colectivo, concluyendo que el
actor no está habilitado para obtener una sentencia estimatoria.
4) Que en el caso existe cuestión federal que habilita la instancia
extraordinaria del tribunal, toda vez que se ha cuestionado la inteligencia de cláusulas
de la Constitución Nacional y del Pacto de San José de Costa Rica y la decisión
impugnada resulta contraria al derecho que el recurrente pretende sustentar en aquéllas
(arts. 31 y 33, Constitución Nacional y 14, Pacto de San José de Costa Rica).
5) Que, por otra parte, al encontrarse en discusión el alcance que
cabe asignar a normas de derecho federal, la Corte Suprema no se encuentra limitada en su
decisión por los argumentos de las partes o del a quo, sino que le incumbe realizar una
declaratoria sobre el punto disputado (Fallos 308-647, consid. 5º y sus citas -La Ley,
1987-A, 160-).
6) Que, de manera preliminar, cabe dejar claramente sentado que en esta
causa no se encuentra en tela de juicio que la libertad de prensa, en su acepción
constitucional, es condición necesaria para la existencia de un gobierno libre y el medio
idóneo para orientar y aun formar una opinión pública vigorosa, atenta a la actividad
de los poderes públicos. En tal carácter es un adecuado instrumento de ordenación
política y moral en la Nación. Este pensamiento responde en última instancia al
fundamento republicano de la libertad de imprenta, ya que no basta que un gobierno dé
cuenta al pueblo de sus actos; sólo por medio de la más amplia libertad de prensa puede
conocerse la verdad e importancia de ellos y determinarse el mérito o responsabilidad de
las autoridades intervinientes. Dentro de ese marco, las empresas periodísticas
configuran el ejercicio privado de funciones de interés social, ya que su actividad está
dirigida al bien de la sociedad y por tanto de todos y cada uno de sus miembros. En tal
sentido, esta Corte ha dicho que "entre las libertades que la Constitución Nacional
consagra, la de la prensa es una de las que poseen mayor entidad, al extremo de que sin su
debido resguardo existiría tan solo una democracia desmedrada o puramente nominal.
Incluso no sería aventurado afirmar que, aun cuando el art. 14 enuncie derechos meramente
individuales, está claro que la Constitución, al legislar sobre la libertad de prensa,
protege fundamentalmente su propia esencia democrática contra toda posible desviación
tiránica" (Fallos: 248:291).
7) Que en este caso, por el contrario, el núcleo de la cuestión a
decidir radica en la tensión entre la protección del ámbito privado de la persona de
cuanto lesiones al respecto a su dignidad, honor e intimidad; y el derecho de expresar
libremente las ideas ejercido por medio de la prensa, la radio y la televisión. Es decir,
se trata del equilibrio y armonía entre derechos de jerarquía constitucional, y en
definitiva, de la tutela de la dignidad humana, en tanto se vea afectada por el ejercicio
abusivo de la información. En particular, corresponde decidir si el denominado
"derecho de réplica o respuesta" integra nuestro ordenamiento jurídico como un
remedio legal inmediato a la situación de indefensión en que se encuentra el común de
los hombres frente a las agresiones a su dignidad, honor e intimidad cuando son llevadas a
cabo a través de los medios de comunicación social.
8) Que a lo largo de los siglos XVII y XVIII y hasta fines del siglo
XIX la cuestión de pensar y expresar el pensamiento se resolvía en la lucha de los
individuos frente al Estado por la conquista de la libertad de expresión y la
consagración del derecho de prensa. Estas reivindicaciones individuales, verdaderas
conquistas del liberalismo, se encuentran consagradas en el art. 11 de la Declaración de
los Derechos del Hombre: "la libre comunicación de pensamientos y expresiones es uno
de los derechos más preciosos del hombre; todo individuo puede escribir, hablar, imprimir
libremente". Pero en nuestro tiempo -se aduce- por obra y gracia de la revolución
técnica, los contendientes en la lucha por el dominio y control de los medios de
comunicación han cambiado. El individuo como sujeto activo está virtualmente eliminado.
Quienes se enfrentan son el Estado y los grupos; y los grupos entre sí.
No siempre se movilizan las pasiones por la reivindicación de un
derecho. Se lucha por los más eficaces y poderosos medios técnicos de formación del
pensamiento, las actitudes y comportamientos humanos. Las nuevas técnicas suponen
financiamiento, gastos y costos que están fuera de las posibilidades del común de los
hombres. A éstos les queda la posibilidad de elegir el diario, la estación de radio, o
el canal de televisión cuyas palabras e imágenes habrán de incorporarse al mundo de sus
representaciones, condicionarán sus opiniones, formarán sus hábitos y comportamientos.
Del derecho activo de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa, es decir, del
derecho de información, poco le queda al hombre de nuestro tiempo; le resta el derecho
pasivo a saber, a conocer, a que le digan lo más verazmente posible lo que ocurre, es
decir, el derecho social a la información.
En consecuencia ¿qué derecho tiene el común de los hombres cuando es
ofendido y difamado por el ejercicio abusivo, inexacto o agraviante de la información
periodística, radial o televisiva? Ya no están a su alcance -se afirma- los medios con
que contaba en los siglos XVIII y XIX. Las salas de los directores de las empresas
periodísticas, de radio o televisión están fuera de su acceso; y en ellas se reúnen
los que tienen en su mano irrumpir en su destino individual, difamarlo o ridiculizarlo o
exponer su intimidad a la mirada de todo el mundo. Son seres distantes, que manejan un
poder inconmensurable en una civilización audiovisual que tiene como accesorio a la letra
impresa (Rivero, J., "Le statut des techniques le formation de l'opinion, l'opinion
publique", ps. 1134 y sigts., Presses Universitaires de France, 1957). Se manifiesta
así un injusto reparto de los poderes sociales que exige ser corregido a través de
mecanismos razonables y apropiados.
9) Que estos cambios, que han modificado la situación de la prensa,
han sido reconocidos por la Corte Suprema de los Estados Unidos de Norte América. En
"Miami Herald Publishing Co., Division of Knight Newspapers, Inc. vs. Tornillo"
(418 U. S. 241 -1974-), la Corte Suprema de los Estados Unidos dijo "...la prensa de
hoy es en verdad muy diferente de aquella que existió en los primeros años de nuestra
existencia nacional". "En la última mitad del siglo una revolución de las
comunicaciones permitió la introducción de la radio y la televisión en nuestras vidas.
La promesa de una comunidad global cobró realidad a través del uso de los satélites de
comunicación , y el espectro de una nación 'cableada' a través de la expansiva red de
cables de televisión. La prensa impresa, se dice, no ha escapado a los efectos de esta
revolución. Los periódicos se han transformado en grandes empresas y son ahora muchos
menos para servir a una mucho más grande población alfabeta. Cadenas de periódicos,
periódicos nacionales, cables, nacionales, servicios de noticias y periódicos únicos en
un pueblo, son las características dominantes de una prensa que se ha transformado en no
competitiva y enormemente poderosa; influye en su capacidad para manipular la opinión
popular y cambiar el curso de los acontecimientos".
"La eliminación de la competencia entre periódicos es mayor en
las grandes ciudades, y la concentración del control de los medios que resulta de que el
único periódico pertenece a los mismos intereses que también posee una estación de
radio y televisión, con componentes en este camino hacia la concentración de la
información. El resultado de estos grandes cambios ha sido el colocar en pocas manos el
poder de informar a la población americana y de formar la opinión pública. Muchas de
las opiniones vertidas en editoriales y comentarios que se imprimen, provienen de estas
redes nacionales de información, y como resultado, en temas nacionales y mundiales tiende
a haber una homogeneidad de estas opiniones. Los abusos de estos reportajes manipulados,
se dice que son el resultado de la gran acumulación de poder irrevisable de estos
modernos imperios de comunicación".
"En efecto, se aduce, el público ha perdido la capacidad de
responder o contribuir de una manera significativa en el debate de los distintos temas. El
monopolio de los medios de comunicación permite poco o casi ningún análisis crítico,
excepto en las publicaciones de profesionales, que tienen un limitado número de
lectores". "Esta concentración de organizaciones de noticias a nivel nacional
-como otras grandes instituciones- se ha transformado en algo muy remoto y algo
irresponsable frente al basamento popular de que depende, y que a su vez depende de
él". "La solución obvia, que era accesible a los disidentes en una época
temprana, cuando ingresar al negocio de la publicación era relativamente barato, hoy en
día sería la de tener periódicos adicionales. Pero los mismos factores económicos que
han provocado la desaparición de un vasto número de periódicos metropolitanos, han
hecho que el ingreso a ese mercado de ideas que se sirve de la prensa, resulte algo casi
imposible. Se dice que el reclamo de los diarios de ser 'subrogantes del público' acarrea
con ello una obligación fiduciaria concomitante de estar a la altura de dicho mandato.
Desde esta premisa se razona que el único modo efectivo de asegurar justicia, certeza y
de otorgar responsabilidad, es que el gobierno intervenga positivamente. El fin de la
Primera Enmienda de que el público sea informado, está hoy en peligro porque 'ese
mercado de ideas' es ahora un monopolio controlado por los dueños del mercado".
10) Que, como ya se señalara, en el análisis valorativo del
denominado "derecho de respuesta", no sólo se encuentra en juego la tutela de
la libertad de expresión o el derecho de imprimir sin censura previa, sino también la
adecuada protección de la dignidad, la honra, los sentimientos y la intimidad del común
de los hombres y por consiguiente la garantía jurisdiccional para el sostenimiento de
estos valores de la personalidad, garantía que puede encontrar un medio apto de ejercicio
a través de la rectificación, respuesta o procedimientos que se aproximen a ese objeto.
Ambos valores deben ser debidamente sopesados, sin perder de vista que, con la respuesta,
se trata de asegurar el derecho natural, primario, elemental a la legítima defensa de la
dignidad, la honra y la intimidad. A que la vida del común de los hombres no sea
convertida en materia de escándalo por el periodista, el comentarista o el locutor de
turno. A que su vida, su privacidad, su honra siga siendo suya; a seguir respetándose a
sí mismo.
11) Que está fuera de discusión que los que manejan los medios de
comunicación social -los medios técnicos de información-, ejercen influencia sobre la
opinión pública y que el extraordinario poder de sugestión de estas técnicas en la
elaboración de estructuras mentales, condiciona la vida humana.
Por otra parte, nadie puede negar ni desconocer la influencia enorme de
signo positivo que han ejercido y ejercen los medios de información y la comunicación
colectiva. La humanidad ha entrado en una nueva era iluminada, precisamente, por los
progresos técnicos y científicos.
La información colectiva pone el mundo a disposición de todo el
mundo. La universalidad e instanteneidad de la noticia, de lo que sucede a los hombres en
el mundo entero y en el orden nacional o local, ese flujo diario ininterrumpido de cuanto
acontecimiento ha ocurrido y pueda interesar a la vida humana, amplía el horizonte social
y cultural poniendo a disposición de todos, sin distinción objetiva de ninguna especie,
el conocimiento del ritmo del acontecer humano. Ha creado lazos de solidaridad esencial en
escala mundial. El hombre se ha habituado a ver el mundo como cosa propia, pues la
comunicación colectiva lo ha reducido a los términos de una comarca. Los límites
geográficos han perdido significación y sentido. Una nueva dimensión tiene su soporte
en este hecho incontrastable: lo universal tiene cabida en la mente humana como un dominio
propio.
12) Que todo lo expuesto permite una mayor comprensión del derecho de
prensa. El acrecentamiento de influencia que detentan los medios de información tiene
como contrapartida una mayor responsabilidad por parte de los diarios, empresas
editoriales, estaciones y cadenas de radio y televisión, las que se han convertido en
colosales empresas comerciales frente al individuo, pues "si grande la libertad,
grande también debe ser la responsabilidad" (Fallos 310:508 -La Ley, 1987-C, 289-).
La prensa de nuestro país debe ser objeto de la máxima protección
jurisdiccional en todo cuanto se relacione con su finalidad de servir leal y honradamente
a la información y a la formación de la opinión pública, es decir, a la función que
le compete en servicio de la comunidad.
No obstante, ese especial reconocimiento constitucional no significa
impunidad (Fallos: 310:508) ni elimina la responsabilidad ante la justicia por los delitos
y daños cometidos, pues en nuestra Constitución no ha existido el propósito de asegurar
la impunidad de la prensa. Si la publicación es de carácter perjudicial y si con ella se
difama o injuria a una persona, se hace la apología del crimen, se incita a la rebelión
o la sedición, no pueden existir dudas acerca del derecho del Estado para reprimir o
castigar tales publicaciones (Fallos: 167:138).
Así entonces, frente a los avances y al uso que se dé a los medios de
comunicación no parece inapropiado considerar que el porvenir de la sociedad
contemporánea depende del equilibrio entre el poder de los medios y la aptitud de cada
individuo de reaccionar ante cualquier intento de manipulación.
13) Que entre las técnicas de prevención y de seguridad para evitar,
atenuar y reparar los abusos y excesos en que incurren los medios de comunicación se
encuentra el ejercicio de los derechos de respuesta y de rectificación. En este sentido,
resulta un antecedente relevante de la creación normativa de este derecho, el proyecto de
Código de Honor de periodistas de las Naciones Unidas, admitido por una comisión de la
Asamblea General de 1952, que estableció en su art. 2º que "la buena fe con
respecto al público constituye el fundamento de todo periodismo auténtico. Cualquier
información que, una vez hecha pública se revelase incorrecta o nociva, deberá ser
rectificada espontáneamente y sin demora. Las opiniones y las noticias no confirmadas
serán presentadas como tales y tratadas en consecuencia". El Código de Etica del
Círculo de Antioquía de 1970, en su art. 3º establece como obligación del periodista
el "poner todo su empeño en buscar la verdad y, cuando haya incurrido en error, toda
su capacidad en enmendarlo". La Carta del Periodista de Francia de 1965, categoriza
las faltas profesionales y considera como las de máxima gravedad "la calumnia, las
acusaciones no probadas, la alteración de documentos, la deformación de los
hechos". La Carta de Chile (1969) amplía el contenido de la réplica, bastando con
que la persona afectada crea necesario dar una respuesta o aclarar una situación como
para que nazca el derecho y pueda ser ejercido. La Unión Europea de Radiodifusión (1969)
recomendó a sus asociados que transmitieran rectificaciones. La Sociedad Suiza de
radiodifusión (1981) dio directivas sobre las condiciones y formas de las respuestas.
Asimismo, además del agraviado, también gozan de este derecho los
parientes en Bélgica (ley de 1961), Dinamarca (ley 330 de 1976), Francia (le droit de
reponse de 1881), Uruguay (art. 7º, ley 16.099). Otras legislaciones lo otorgan a las
personas morales: Austria (1981), Suiza (ley 1937), Chile (ley 15.479), Uruguay y Francia.
La Convención sobre Derecho de Rectificación de las Naciones Unidas de 1952, lo
instituye para los Estados.
Pero hay coincidencia universal, de que el mismo no puede ser
reconocido a partidos o ideologías políticas, para evitar que paralice la función
esencial que cabe a la prensa, en un país que comulga con ideales democráticos.
14) Que, en ese orden de ideas, el derecho de respuesta o
rectificación se encuentra incorporado en varias Constituciones provinciales; así en la
de Catamarca, art. 15; en la de Formosa, art. 12; en la de Jujuy, art. 23; en la de La
Pampa, art. 8º en la de Neuquén, art. 22; en la de Salta, art. 23; en la de San Juan,
art. 25; en la de San Luis, art. 21; en la de Santa Cruz, art. 15; en la de Santa Fe, art.
11; en la de Santiago del Estero, art. 20 y en la de Tierra del Fuego, art. 47.
Actualmente ha sido reconocido, con excepción de Cuba, en la mayor parte de los países
de América Latina y también en Europa Occidental.
En el ámbito nacional, a su vez, existen procedimientos que se
correlacionan con el derecho de respuesta. El derecho a la intimidad y al honor tienen una
estructura tutelar en el art. 1071 bis del Cód. Civil, que establece que "el que
arbitrariamente se entrometiere en la vida ajena publicando retratos, difundiendo
correspondencia, mortificando a otros en sus costumbres o sentimientos, o perturbando de
cualquier modo su intimidad y el hecho no fuere un delito penal", podrá pedir al
juez, "de acuerdo con las circunstancias, la publicación de la sentencia en un
diario o periódico del lugar, si esta medida fuese procedente para una adecuada
reparación". Esto se complementa, en cuanto al honor, con lo dispuesto por el art.
114 del Cód. Penal, que determina que "cuando la injuria o calumnia se hubiere
propagado por medio de la prensa... el juez o tribunal ordenará, si lo pidiere el
ofendido, que los editores inserten en los respectivos impresos o periódicos, a costa del
culpable, la sentencia o satisfacción".
15) Que, en nuestro ordenamiento jurídico, el derecho de respuesta, o
rectificación ha sido establecido en el art. 14 del Pacto de San José de Costa Rica que,
al ser aprobado por ley 23.054 y ratificado por nuestro país el 5 de setiembre de 1984,
es ley suprema de la Nación conforme a lo dispuesto por el art. 31 de la Constitución
Nacional. Cabe, entonces, examinar si -como afirma el recurrente- aquella disposición
resulta directamente operativa en nuestro derecho interno o si, por el contrario, es
menester su complementación legislativa.
16) Que, en tal sentido, la violación de un tratado internacional
puede acceder tanto por el establecimiento de normas internas que prescriban una conducta
manifiestamente contraria, cuanto por la omisión de establecer disposiciones que hagan
posible su cumplimiento. Ambas situaciones resultarían contradictorias con la previa
ratificación internacional del tratado; dicho de otro modo, significarían el
incumplimiento o repulsa del tratado, con las consecuencias perjudiciales que de ello
pudieran derivarse.
17) Que un tratado internacional constitucionalmente celebrado,
incluyendo su ratificación internacional, es orgánicamente federal, pues el Poder
Ejecutivo concluye y firma tratados (art. 86, inc. 14, Constitución Nacional), El
Congreso Nacional los desecha o aprueba mediante leyes federales (art. 67, inc. 19,
Constitución Nacional) y el Poder Ejecutivo nacional ratifica los tratados aprobados por
ley, emitiendo un acto federal de autoridad nacional. La derogación de un tratado
internacional por una ley del Congreso violenta la distribución de competencias impuesta
por la misma Constitución Nacional, porque mediante una ley se podría derogar el acto
complejo federal de la celebración de un tratado. Constituiría un avance
inconstitucional del Poder Legislativo nacional sobre atribuciones del Poder Ejecutivo
nacional, que es quien conduce, exclusiva y excluyentemente, las relaciones exteriores de
la Nación (art. 86, inc. 14, Constitución Nacional).
18) Que la Convención de Viena sobre el derecho de los tratados
-aprobada por ley 19.865, ratificada por el Poder Ejecutivo nacional el 5 de diciembre de
1972 y en vigor desde el 27 de enero de 1980- confiere primacía al derecho internacional
convencional sobre el derecho interno. Ahora esta prioridad de rango integra el
ordenamiento jurídico argentino. La convención es un tratado internacional,
constitucionalmente válido, que asigna prioridad a los tratados internacionales frente a
la ley interna en el ámbito del derecho interno, esto es, un reconocimiento de la
primacía del derecho internacional por el propio derecho interno.
Esta convención ha alterado la situación del ordenamiento jurídico
argentino contemplada en los precedentes de Fallos: 257:99 y 271:7 (La Ley, 43-458;
131-773), pues ya no es exacta la proposición jurídica según la cual "no existe
fundamento normativo para acordar prioridad" al tratado frente a la ley. Tal
fundamento normativo radica en el art. 27 de la Convención de Viena, según el cual
"Una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como
justificación del incumplimiento de un tratado".
19) Que la necesaria aplicación del art. 27 de la Convención de Viena
impone a los órganos del Estado argentino asignar primacía al tratado ante un eventual
conflicto con cualquier norma interna contraria o con la omisión de dictar disposiciones
que, en sus efectos, equivalgan al incumplimiento del tratado internacional en los
términos del citado art. 27.
Lo expuesto en los considerandos precedentes resulta acorde con las
exigencias de cooperación, armonización e integración internacionales que la República
Argentina reconoce, y previene la eventual responsabilidad del Estado por los actos de sus
órganos internos, cuestión a la que no es ajena la jurisdicción de esta Corte en cuanto
pueda constitucionalmente evitarla. En este sentido, el tribunal debe velar porque las
relaciones exteriores de la Nación no resulten afectadas a causa de actos u omisiones
oriundas del derecho argentino que, de producir aquel efecto, hacen cuestión federal
trascendente.
20) Que en el mismo orden de ideas, debe tenerse presente que cuando la
Nación ratifica un tratado que firmó con otro Estado, se obliga internacionalmente a que
sus órganos administrativos y jurisdiccionales lo apliquen a los supuestos que ese
tratado contemple, siempre que contenga descripciones lo suficientemente concretas de
tales supuestos de hechos que hagan posible su aplicación inmediata. Una norma es
operativa cuando está dirigida a una situación de la realidad en la que puede operar
inmediatamente, sin necesidad de instituciones que deba establecer el Congreso.
En el supuesto del art. 14.1 su redacción es clara y terminante en
cuanto otorga, en las situaciones que allí se describen, el derecho de rectificación o
respuesta, aunque remitiendo a la ley aquellas particularidades concernientes a su
reglamentación. La norma expresa: 1. "Toda persona afectada por informaciones
inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio a través de medios de difusión
legalmente reglamentados y que se dirijan al público en general, tiene derecho a efectuar
por el mismo órgano de difusión su rectificación o respuesta en las condiciones que
establezca la ley". 2. "En ningún caso la rectificación o la respuesta
eximirán de las otras responsabilidades legales en que se hubiere incurrido". 3.
"Para la efectiva protección de la honra y la reputación, toda publicación o
empresa periodística, cinematográfica, de radio o televisión tendrá una persona
responsable que no esté protegida por inmunidades ni disponga de fuero especial".
La interpretación textual según la cual toda persona "tiene
derecho a..." despeja la duda sobre la existencia de la alegada operatividad. No
sucede lo mismo en otros artículos en los que se establece que "la ley debe
reconocer" (art. 17) o "estará prohibido por la ley" (art. 13, 5).
21) Que la interpretación del Pacto debe, además, guiarse por la
jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, uno de cuyos objetivos es
la interpretación del Pacto de San José (Estatuto, art. 1º), Ante la consulta hecha a
dicho tribunal acerca de si cuando el art. 14.1 dispone que el derecho de rectificación o
respuesta se ejercerá "en las condiciones que establezca la ley", quiere decir
que dicho derecho sólo es exigible una vez que se emita una ley formal que establezca las
condiciones en que el mismo puede ser concretamente ejercido, contestó rechazando este
argumento y afirmando que allí se consagra un derecho de rectificación o respuesta en
favor de toda persona, ya que "el sistema mismo de la Convención está dirigido a
reconocer derechos y libertades a las personas y no a facultar a los Estados para
hacerlo" (Opinión Consultiva OC-7/86, "Exigibilidad del derecho de
rectificación o respuesta" (arts. 14.1, 1.1 y 2), Serie A, Nº 7, p. 13, par. 14).
Llegó a la opinión unánime en el sentido de que el art. 14.1, "reconoce un derecho
de rectificación o respuesta internacionalmente exigible" (Ibídem, p. 19, letra A)
y que la frase "en las condiciones que establece la ley" se refiere a cuestiones
tales como "si los afectados tienen derecho a responder en espacio igual o mayor,
cuándo debe publicarse la respuesta una vez recibida, en qué lapso puede ejercerse el
derecho, qué terminología es admisible, etc." (Ibídem, p. 14, par. 27), pero que
"el hecho de que los Estados partes puedan fijar las condiciones del ejercicio del
derecho de rectificación o respuesta, no impide la exigibilidad conforme al derecho
internacional de las obligaciones que aquéllos han contraído conforme el art. 1.1 ... En
consecuencia, si por cualquier circunstancia, el derecho de rectificación o respuesta no
pudiera ser ejercido por 'toda persona' sujeta a la jurisdicción de un Estado parte, ello
constituiría una violación de la Convención" (p. 15, par. 28).
22) Que en dicha opinión consultiva la Corte Interamericana sostuvo
que "todo Estado parte que no haya ya garantizado el libre y pleno ejercicio del
derecho de rectificación o respuesta, está en la obligación de lograr ese resultado,
sea por medio de legislación o cualesquiera otras medidas que fueren necesarias según su
ordenamiento jurídico interno para cumplir ese fin".
Que las palabras "en las condiciones que establezca la ley"
se refieren a los diversos sistemas jurídicos internos, integrados también por las
sentencias de sus órganos jurisdiccionales, pues tanto la tarea judicial como legislativa
persiguen el fin común de las soluciones valiosas (confr. Fallos: 302:1284 -La Ley,
1981-A, 401-, entre otros).
Esta Corte considera que entre las medidas necesarias en el orden
jurídico interno para cumplir el fin del pacto deben considerarse comprendidas las
sentencias judiciales. En este sentido, puede el tribunal determinar las características
con que ese derecho, ya concedido por el tratado, se ejercitará en el caso concreto.
23) Que, el derecho de respuesta o rectificación tiene por finalidad
la aclaración, gratuita e inmediata frente a informaciones que causen daño a la
dignidad, honra e intimidad de una persona en los medios de comunicación social que los
difundieron. En cuanto a su encuadre jurídico, no se reduce a los delitos contra el honor
ni requiere el ánimo de calumniar o de injurias, ni el presupuesto de la criminalidad
delictiva. No se trata de la querella por calumnias o injuriar, ni la acción por
reconocimiento de daños y perjuicios.
La información difundida puede afectar la dignidad, la honra o la
reputación de una persona y sus más profundas convicciones y la justicia tiene el deber
de permitirle defenderse con inmediatez y eficacia. Se trata de una garantía para la
efectiva protección de la dignidad humana, de la que forman parte la honra, la
reputación y la privacidad afectadas por informaciones inexactas o agraviantes emitidas a
través de una publicación o empresa periodística, cinematográfica, de radio o
televisión (arts. 14, 1º y 3º, Pacto de San José de Costa Rica). Este también es el
carácter que le asigna la Comisión Lüchinger, en Suiza, para la que "el derecho de
respuesta es la expresión y la consecuencia de los derechos de la personalidad en
general. Toda persona debe poder justificarse a los ojos de la opinión pública, cuando
los medios han divulgado, a su respecto, alegaciones que atentan contra sus intereses
personales" ("Commission d'expert pour l'examen de la protection de la
personalité en droit civil", Rapport final, p. 21, Berna, 1974).
Es decir, que así como todos los habitantes tienen el derecho de
expresar y difundir, sin censura previa, su pensamiento -ideas, opiniones, críticas- por
cualquier medio de comunicación; así también todo habitante -que por causa de una
información inexacta o agraviante sufra un daño en su personalidad- tiene derecho a
obtener mediante trámite sumarísimo una sentencia que le permita defenderse del agravio
moral mediante la respuesta o rectificación, sin perjuicio del ejercicio de las restantes
acciones civiles y penales que le pudieren corresponder.
24) Que corresponde ahora tratar el tema de la legitimación del actor.
Parece obvio señalar que una respuesta afirmativa a la cuestión constituye condición
esencial para que el Tribunal pudiera haber afrontado la trascendente temática
desarrollada en este pronunciamiento. Efectivamente, en un orden lógico de la decisión,
ante el señalamiento del a quo de negar legitimación al demandante, si la corte
compartiera ese razonamiento debería desestimar sin más el recurso. De lo contrario, las
reflexiones del tribunal acerca del derecho de rectificación o respuesta, no tendrían la
autoridad de un "fallo o sentencia" (arg. art. 2º, ley 27). Empero, no es menos
cierto que la falta de legislación en el orden nacional sobre la materia, el carácter de
primer pronunciamiento sobre el asunto, y la trascendencia jurídica e institucional de la
cuestión, proporciona a los fundamentos de la legitimación del demandante carácter
provisional, susceptible de surfir mutaciones de acuerdo a la evolución del instituto.
25) Que cualquiera sea el nombre que se le hubiese asignado a la
acción intentada en estos autos, por aplicación del principio iura curia novit, esta
Corte está facultada a superar óbices formales cuando se tata, como el sub examine, de
una persona que se ha sentido mortificada en sus sentimientos más profundos por
expresiones ínsitamente agraviantes para su sistema de creencias, considerando la
presencia de un acto ilícito o en su caso, de un abuso del derecho. En sentido estricto,
Dalmiro Sáenz con sus expresiones vertidas en la audición de Gerardo Sofovich -quien
posibilitó el uso del medio-, interfirió en el ámbito privado de Miguel A. Ekmekdjian,
conmoviendo sus convicciones más profundas. Esta conducta -reconocida por el demandado a
fs. 102/105- ha interferido arbitrariamente en la vida ajena, mortificando sus
sentimientos, lo que implica un verdadero agravio a un derecho subjetivo tutelado por el
legislador.
Así, en el derecho norteamericano, a los efectos de considerar la
habilitación de la revisión judicial se distinguen los intereses "materiales",
los "ideológicos" y los que se refieren a la vigencia efectiva de la ley
(Richard B. Stewart, "The Reformation of American Administrative Law", Harvard
Law Review, vol. 88, Nº 8, junio de 1975, p. 1669). Se destacan aquí los denominados
"intereses ideológicos", que son aquellos que buscan "la afirmación de
principios morales o religiosos" (p. 1734) y aunque prima facie no deben ser acogidos
a los efectos de la revisión judicial ("standing", p. 1738) si son triviales o
insustanciales, esto no supone una exclusión absoluta cuando dicho interés alcanza
suficiente fuerza y compromiso en la persona que la invoca. Nótese que esta admisión (si
bien por vía de excepción) del "interés ideológico" como habilitante de la
tutela judicial lo es, en el derecho comentado, para accionar en orden a revisar la
acción u omisión de las agencias administrativas. Cuanto más entonces cuando, como en
el caso, se trata simplemente de admitir la "réplica" en reparación de un
fuerte sentimiento religioso ofendido, sentimiento que encuentra en nuestra sociedad
sustanciales raíces culturales e institucionales.
Debe advertirse -con relación al caso planteado- que se trata de un
derecho subjetivo de carácter especial y reconocimiento excepcional, que requiere -para
habilitar el ejercicio del derecho de rectificación o respuesta- una ofensa de gravedad
sustancial, es decir, no una mera opinión disidente con la sostenida por el afectado,
sino una verdadera ofensa generada en una superficial afirmación sin siquiera razonable
apariencia de sustento argumental. En estas condiciones, la afirmación que provoca la
rectificación o respuesta invade, como ya se dijo, los sentimientos más íntimos del
afectado, convirtiéndose así -y tratándose de un sentimiento o creencia de sustancial
valoración para el derecho- en un agravio al derecho subjetivo de sostener tales valores
trascendentales frente a quienes, sin razón alguna, los difaman hasta llegar al nivel del
insulto soez, con grave perjuicio para la libertad religiosa. Estos extremos quedarán
sujetos a la severa valoración del juez de la causa, aunque no cabe duda de que, en tales
condiciones, la ofensa afecta la honra personal, por tanto a uno de los derechos
subjetivos que mayor protección debe recibir por parte del ordenamiento jurídico.
Ejercido este derecho de responder a los dichos del ofensor, su efecto
reparador alcanza, sin duda, al conjunto de quienes pudieron sentirse con igual intensidad
ofendidos por el mismo agravio, en las condiciones que el legislador establezca -o el
juez, frente a la omisión del legislador, estime prudente considerar- a los efectos de
evitar que el derecho que aquí se reconoce se convierta en un multiplicador de respuestas
interminables.
A diferencia de quien ejerce la rectificación o respuesta en defensa
de un derecho propio y exclusivo, en los casos como el presente quien replica asume una
suerte de representación colectiva, que lleva a cabo en virtud de una preferencia
temporal, previo reclamo al órgano emisor de la ofensa, quien podrá excepcionarse de
cumplir con otras pretensiones de igual o semejante naturaleza simplemente con la
acreditación de la difusión de la respuesta reparadora.
Así entonces, se logran armonizar la indudable dimensión personal de
la ofensa a las profundas creencias, sentimientos o valores reconocidos como sustanciales,
con la practicidad de un sistema que no está dirigido a complicar, en un nivel de
absurdo, el ejercicio de la libertad de prensa y de los derechos del sujeto propietario
del órgano de comunicación masiva de donde partió la ofensa.
26) Que en los autos "Ekmekdjian, Miguel A. c. Neustadt, Bernardo
y otros s/amparo", esta Corte por voto mayoritario reiteró el criterio expuesto en
la sentencia dictada "in re": "Costa, Héctor R. c. Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires y otros", C. 752 XIX y C. 753 XIX, del 12 de marzo de 1987 (La
Ley, 1987-B, 269), según el cual "el derecho a rectificación o respuesta, contenido
en el art. 14.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos no ha sido objeto aún
de reglamentación legal para ser tenido como derecho positivo interno" y que toda
restricción a la prensa "debía estar prevista expresamente en una norma jurídica
sancionada por el órgano legislativo" "in re": "Sánchez Abelenda,
Raúl c. Ediciones de la Urraca S. A. y otros", Fallos 311:2553, consids. 9º y 10 y
sus citas -La Ley, 1989-B, 551-). Si bien por las razones expuestas fundamentalmente en
los anteriores consids. 15 a 20, en su actual composición este tribunal no comparte los
precedentes citados, resulta útil señalar que aquéllos guardan sólo analogía formal
con el presente. En efecto, en el primero de ellos, el actor trataba de obtener un espacio
para replicar opiniones emitidas por el ex Presidente doctor Arturo Frondizi. En cambio,
en el sub examine, el recurrente en su carácter de católico militante, se sintió
agraviado en lo profundo de su personalidad y de sus convicciones por las expresiones
vertidas sobre Jesucristo y la Virgen María, por Dalmiro Sáenz, en la audición del
demandado y remitió la carta que obra a fs. 61/67 solicitando su lectura en ejercicio del
derecho de respuesta. No se trata pues de una cuestión vinculada con juicios públicos
sobre materias controvertibles propias de la opiniones, sino de la ofensa a los
sentimientos religiosos de una persona que afectan lo más profundo de su personalidad por
su conexión con su sistema de creencias.
27) Que la defensa de los sentimientos religiosos, en el caso a través
del ejercicio del derecho de respuesta, forma parte del sistema pluralista que en materia
de cultos adoptó nuestra Constitución en su art. 14. Es fácil advertir que, ante la
injuria, burla o ridícula presentación -a través de los medios de difusión- de las
personas, símbolos o dogmas que nutren la fe de las personas, éstas pueden sentirse
moralmente coaccionadas en la libre y pública profesión de su religión, por un
razonable temor de sentirse también objeto de aquel ridículo, difundido en
extraordinaria multiplicación por el poder actual de los medios de comunicación masiva.
Por ello las sociedades que más se destacan en la protección del
pluralismo religioso, no han dejado de atender a esta delicada cuestión, estableciendo
regulaciones apropiadas a aquella finalidad. Así en el Código de la Televisión, de los
Estados Unidos, en el capítulo referido a "Normas generales para los programas"
punto 5 se expresó que "no están permitidos los ataques contra la religión y las
creencias religiosas... El oficio de pastor, sacerdote o rabino no debe ser presentado de
tal suerte que ridiculice o menoscabe su dignidad". También el código de la Radio
de la Asociación Nacional de Radiodifusoras señaló, en su capítulo referido a
Religión y Programas Religiosos, punto 2 que "deben evitarse los ataques contra las
confesiones religiosas". El Código de Autorregulación -Asociación Cinematográfica
de Norteamérica- prevé que "se debe respetar y defender la dignidad y valores
básicos de la vida humana". "La religión no debe ser degradada. Las palabras o
símbolos que desprecien a grupos raciales, religiosos o nacionales no deben ser
utilizados para instigar el fanatismo o el odio..." (confr. Rivers W. y Schramm W.,
"Responsabilidad y comunicación de masas", 1973).
En distintos ordenamientos jurídicos, por lo demás, se ha otorgado
especial protección al sentimiento religioso "en su aspecto de valor, de un bien de
tal importancia para ciertos sujetos que una lesión en el mismo puede comportar para el
afectado una grave pérdida y aflicción" (confr. Vitale, Antonio, "Corso di
diritto ecclesiastico" p. 393 y sigts., Milán, 1992).
"Nuestro ordenamiento -continúa el autor citado refiriéndose a
la legislación italiana- considera tan importante a aquel bien, y tan graves ciertas
lesiones que puede recibir de determinados comportamientos sociales, que interviene sobre
estos comportamientos lesivos a través de sanciones drásticas y aflictivas, en cuanto
directa o indirectamente inciden sobre la libertad personal, tal cual son las sanciones
penales".
"El bien a proteger es identificado con el sentimiento religioso:
el título IV del segundo libro del Código Penal está dedicado a los delitos contra el
sentimiento religioso... que es en sustancia, aquel sentimiento de intenso respeto y de
veneración que cada fiel nutre por la doctrina, los símbolos y las personas de la propia
religión, de manera que una ofensa a aquellos provoca en el fiel un profundo sufrimiento
por el hecho de ver dañado un bien al que considera de gran valor, y que la Corte
Constitucional considera como 'entre los bienes constitucionalmente relevantes' (Corte
Constitucional, 8 de julio de 1975, Nº 188, ps. 1508 y sigts., Giur, Cost. 1975)".
Por otra parte, la House of Lords sostuvo una decisión de la Court of
Appeals que, en el caso "R. vs. Gay News" (1979) 1 QB 10 consideró delito de
blasfemia a una publicación de contenido "desdeñoso, vituperante, grosero o
ridiculizante en materias relativas a Dios, Jesucristo, la Biblia, o la Iglesia de
Inglaterra...". Sin embargo se aclaró que "no es blasfemar hablar o publicar
opiniones hostiles a la religión cristiana, o negar la existencia de Dios, si la
publicación es expresada en un lenguaje decente y temperado. El test a ser aplicado se
vincula a la manera en la cual la doctrina es sostenida y no a la sustancia de la doctrina
en sí misma. Todo aquél que publique un documento blasfemo es culpable del delito de
publicar un libelo Blasfemo. Todo aquél que se expresa en un lenguaje blasfemo es
culpable del delito de blasfemia" (Lord Denning, "Landmarks in the law",
ps. 298 y sigts., esp. p. 304).
28) Que resta, por fin, formular algunas precisiones sobre la forma de
ejercicio del derecho de respuesta. En tal sentido, se reitera que la importancia que los
medios de comunicación social tienen en la sociedad contemporánea, y la situación
estratégica que se reconoce a la prensa escrita dentro del sistema constitucional
argentino, los obliga moral y materialmente a cumplir con responsabilidad sus funciones,
para beneficio de los mismos y de la comunidad; y evitar, corregir y reparar los abusos y
excesos que pudieren cometer. En particular, cuando la información afecta la reputación,
la honra y el honor de las personas violando el derecho que todo hombre tiene a su
intimidad, fama y estima, toda vez que no puede quedar la personalidad humana a merced del
poder de los medios. Esto los obliga a tomar conciencia de que la conciencia de la propia
dignidad no se silencia ni satisface con indemnizaciones pecuniarias ni con publicaciones
extemporáneas dispuestas por sentencias inocuas por tardías. "La cruda noción
anglosajona de vindicar el honor 'by getting cash' ha llegado a ser insatisfactoria para
mucha gente decente. Esta quiere un proceso menos sórdido y más conveniente, que enfoque
su atención en lo que más importa: los errores de las declaraciones de los
demandados" (Chafee, Jr., Zacharie, "Gobernment and Mass Communications",
Chicago, The University of Chicago Press, 1947, I-145).
29) Que, asimismo, la respuesta o rectificación tutela bienes de
naturaleza civil no política ni electoral. La mayoría de las noticias contestables no
son ilícitas y la respuesta es sólo un modo de ejercicio de la misma libertad de prensa,
que presupone la aclaración razonablemente inmediata y gratuita en el mismo medio que
publicó la información considerada ofensiva, en trámite simple y expeditivo, sin
perjuicio del ejercicio de las acciones civiles o penales que pudieran corresponder al
afectado.
30) Que, en efecto, no cabe confundir las consecuencias de una condena
criminal sustentada en el art. 114 del Cód. Penal -que presupone la tramitación de todo
un proceso judicial ordinario con amplitud de debate y prueba- con el ejercicio del
derecho de rectificación o respuesta. Aquella disposición tiende a que se repare el
honor en la misma forma, modo o semejanza que la conferida por el ofensor en los casos en
que la ofensa hubiere sido propalada por la prensa. Es así que, en tal supuesto, la
reparación deberá hacerse en el mismo periódico, en el mismo lugar y con los mismos
caracteres que la noticia injuriosa. Más aún, si la sola publicación del escrito de
retractación fuera insuficiente para reparar el honor del ofendido, se ha considerado
necesario que sea precedido por el comentario injurioso y que la declaración se refiera a
él.
31) Que la vía sumarísima del amparo elegida por el accionante, ante
la negativa del requerido de difundir la respuesta, resulta adecuada frente a la
naturaleza del derecho que busca ser protegido judicialmente. En tal sentido, corresponde
una vez más evocar que esta Corte estableció "que las garantías individuales
existen y protegen a los individuos por el solo hecho de estar consagradas en la
Constitución e independientemente de las leyes reglamentarias" ("Siri,
Angel", Fallos: 239:459 -La Ley, 89-532-).
32) Que, por tal razón, y por su propia naturaleza, el espacio que
ocupará la respuesta no debe exceder del adecuado a su finalidad, y en modo alguno debe
ser necesariamente de igual extensión y ubicación que el que tuvo la publicación
inicial; ello, desde luego, en un contexto de razonabilidad y buena fe, pero evitando una
interpretación extensiva del instituto que lo torne jurídicamente indefendible y ponga
en peligro el regular ejercicio del derecho de información, pilar básico de las
instituciones republicanas (Fallos 311:2553 -La Ley, 1989-B, 551-). En el caso, resulta
suficiente con la lectura de la primera hoja de la carta del actor obrante a fs. 61.
Por ello, se hace lugar a la queja, se declara procedente el recurso
extraordinario y se revoca la sentencia apelada. Se condena al demandado, Gerardo
Sofovich, a dar lectura únicamente a la primera hoja de la carta del actor obrante a fs.
61, en la primera de las audiciones que con ese nombre u otro similar actualmente conduzca
el demandado (art. 16, segunda parte, ley 48). Costas por su orden en razón de la
complejidad de la causa. Agréguese la queja al principal y remítase. - Ricardo Levene
(h.) (en disidencia). - Mariano A. Cavagna Martínez. - Carlos S. Fayt. - Augusto C.
Belluscio (en disidencia). - Enrique S. Petracchi (en disidencia). - Rodolfo C. Barra. -
Julio S. Nazareno. - Eduardo Moliné O'Connor (en disidencia). - Antonio Boggiano.
Voto en disidencia de los doctores Petracchi y Moliné O'Connor.
1) Que el actor promovió demanda contra Gerardo Sofovich y "Canal
2 de Televisión", con el objeto de que se los condenara a la lectura de una carta
documento en el programa "La noche del sábado", que emitía el mencionado canal
bajo la producción y dirección de Sofovich. Señaló que el 11 de junio de 1988 Dalmiro
Sáenz, en el aludido programa, "se expresó con una serie de frases agraviantes que
el respeto y el buen gusto me impiden repetir, en relación a Nuestro Señor Jesucristo y
a su Santísima Madre" (fs. 84/84 vta., de los autos principales). Destacó, además,
que el 4 de julio de 1988 había remitido a los codemandados la citada carta documento,
solicitando su lectura en "La noche del sábado". Al no obtener respuesta alguna
de aquéllos, el actor dedujo la presente demanda. Fundó su petición en que lo dicho por
Dalmiro Sáenz lesionaba profundamente su "sentimiento de católico y cristiano"
y en el "derecho de réplica" que, a su entender, le asistía.
2) Que Gerardo Sofovich, contestó la demanda (fs. 102/106 vta., de
acuerdo a la nueva foliatura ordenada a fs. 180) y a fs. 108/114 hizo lo propio
"Radiodifusora El Carmen S.A.", en su carácter de licenciataria de LS 86 TV
Canal 2 La Plata, quienes pidieron el rechazo de aquélla.
El juez de primera instancia desestimó la demanda, decisión que fue
confirmada por la sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Contra este
último pronunciamiento el actor interpuso recurso extraordinario, cuya denegación dio
motivo a la presente queja.
3) Que si bien es cierto que este recurso de hecho no cumple con el
requisito de fundamentación autónoma, las particularidades del caso autorizan a
prescindir de dicho recaudo.
La ley 23.774 ha introducido una importante modificación en el ámbito
del recurso extraordinario. Tal es la reforma del art. 280 del Cód. Procesal Civil y
Comercial de la Nación: "La Corte, según su sana discreción, y con la sola
invocación de esta norma, podrá rechazar el recurso extraordinario, por falta de agravio
federal suficiente o cuando las cuestiones planteadas resultaren insustanciales o carentes
de trascendencia".
La finalidad más significativa del nuevo texto es la de destacar el
emplazamiento que esta Corte posee en el orden de las instituciones que gobiernan a la
Nación, posibilitando que -de una manera realista- su labor pueda concentrarse en
aquellas cuestiones vinculadas con la custodia y salvaguarda de la supremacía de la
Constitución Nacional. Cometido éste que, desde temprana hora, el tribunal ha reconocido
como el más propio de su elevado ministerio (Fallos: 1:340, del 17 de octubre de 1864).
La reforma tiende, pues, a reforzar el criterio de especialidad que
orienta a las funciones de este tribunal, al hacerle posible ahondar en los graves
problemas constitucionales y federales que se encuentran entrañablemente ligados a su
naturaleza institucional.
Ello, a su vez, tributa a la vertiente jurisprudencial según la cual
el recurso extraordinario ha sido instituido como el instrumento genérico para el
ejercicio de la función jurisdiccional más alta de la Corte, la que se satisface
cabalmente cuando están en juego problemas de singular gravedad. Esto es así en razón
de que el fallo del tribunal es precisamente el fin de la jurisdicción eminente que le ha
sido conferida, aun cuando su ejercicio puede promoverse en cuestiones entre particulares
(Fallos: 248:61, consid. 4º; 248:189, consid. 3º -La Ley, 101-689, 835-).
Por su propósito y su índole, traducidos en su nombre, dicha
apelación es un medio excepcional cuyo alcance debe delimitarse de un modo severo, para
no desnaturalizar su función y convertirlo en una nueva instancia ordinaria de todos los
pleitos que se tramitan ante los tribunales del país (Fallos: 48:71; 97:285; 179:5, entre
otros).
4) Que, consecuentemente, más que una inteligencia pormenorizada de
cada uno de los términos expresados en la norma (falta de agravio federal suficiente,
cuestiones insustanciales o carentes de trascendencia), debe rescatarse el carácter
análogo de éstos y su convergencia en una misma finalidad: la de preservar a esta Corte
a fin de que, "según su sana discreción", pueda centrar su tarea en los
asuntos que pongan en juego su relevante función.
5) Que el mencionado criterio se compadece, además, con el establecido
en el derecho comparado respecto de tribunales de similares características y parejos
problemas.
Así, luego de un detenido estudio e investigación sobre diversos
altos tribunales del mundo, y al tratar la "corte suprema ideal", sostiene
André Tunc que, para dichos órganos, la selección de los asuntos que examinarán
atentamente y sobre los que pronunciarán una decisión motivada, parece imponerse
necesariamente. "Si uno se esfuerza en despojarse de sus hábitos para observar
objetivamente el problema de trabajo de esos tribunales, parece que resulta
irresistiblemente llevado a la idea de selección. Al aceptar, dentro de un espíritu de
dar -quizás- una mejor justicia, el examen de todos los casos que le son planteados, la
Corte se impide a sí misma ejercer en buenas condiciones su misión que le incumbe en
interés de todos -no de todos los litigantes, sino de todos los ciudadanos-"La Cour
Judiciaire Suprême, une enquête comparative", ps. 440 y 443, París, 1978).
6) Que, en procura de tal finalidad, el rumbo trazado por el nuevo
texto legal se vincula estrechamente, aunque con modalidades propias, con el que rige la
competencia de la Suprema Corte de los Estados Unidos, tal como se desprende del Mensaje
que acompañó al proyecto el Poder Ejecutivo, hoy ley 23.774. En efecto, allí se
califica al citado art. 280 como una "innovación" que "se apoya en el
Proyecto de Reformas a la ley 48 elaborado por la Comisión creada por la resolución del
Ministerio de Educación y Justicia 772, del 9 de abril de 1984" (Mensaje Nº 771,
párrafo penúltimo), el cual preveía un precepto análogo al ahora vigente, con el
expreso señalamiento de que entrañaba "la innovación de mayor trascendencia",
y que "sin duda" consistía "en la incorporación al derecho positivo
argentino del 'writ of certiorari' del derecho norteamericano" (Exposición de
Motivos del Proyecto de Reformas, cit., VI, c. 2), conclusión, respecto de este
instituto, que corroboran los debates parlamentarios.
Y, desde esta perspectiva, es apropiado recordar la Regla 17 dictada
por ese alto tribunal sobre el writ of certiorari: la revisión por ese medio, "no es
una obligación legal, sino materia del sano arbitrio judicial (judicial discretion), y
solamente será otorgada cuando existan para ello razones especiales e
importantes...".
Con base en ello, ha sido expresado que esa Corte no se reúne para
satisfacer un interés académico ni tampoco para el beneficio particular de los
litigantes. Razones especiales e importantes mueven a resolver un problema que va más
allá de lo académico o episódico -Justice Frankfurter, en "Rica vs. Sioux City
Cemetery, 349, U. S. 70, 74 (1954)-.
Es asimismo reveladora la reforma al United States Code, aprobada el 27
de junio de 1988, tendiente a conferir a la mencionada Suprema Corte un mayor grado de
discrecionalidad en la selección de los litigios ("Public Law", 100-352).
7) Que, en esta tesitura, corresponde precisar que el art. 280 cit., no
debe ser entendido como un medio que sólo consienta la desestimación de los recursos que
no superen sus estándares. Si, como ha quedado asentado, aquél constituye una
herramienta de selección dirigida a que la Corte posea un marco adjetivo que le haga
posible un acabado y concentrado desarrollo de su papel institucional, deberá
reconocerse, al unísono, que esa disposición también habilita a considerar admisibles
las apelaciones que entrañen claramente cuestiones de trascendencia, no obstante la
inobservancia de determinados recaudos formales, a efectos de que el rito de los
procedimientos no se vuelva un elemento frustratorio de la eficiencia con que dicho rol
debe desenvolverse.
Este aserto, por lo demás, se entronca con una consolidada tradición
jurisprudencial tendiente a no impedir el esclarecimiento de relevantes temas
constitucionales y federales por los eventuales "ápices procesales" que puedan
obstaculizarlos (Fallos: 167:423; 182:293; 185:188; 188:286; 194:284; 197:426 -La Ley,
14-120; 16-756; 20-865; 29-17; 33-146-; 243:496; 247:601; 248:612 y 664; 250-699; 251:218;
253:344; -La Ley, 105-568; 106-256; 108-680; 111-268; 765; 112-8; 256; 118-919-; 256:62,
94, 491 y 517; 257:132; 260:204; 261:36; 262:168; 264:415; 265:155; 266:81; 286:257;
295:95 y 296:747 -La Ley, 126-166; 151-516; 1977-B, 450-).
8) Que, desde luego, fórmulas como las escogidas por el Congreso no
son susceptibles de resumirse en definiciones exhaustivas que, por lo demás, son propias
de la doctrina y ajenas a la función judicial.
Sin perjuicio de ello, es innegable que el tribunal tiene hoy la grave
autoridad de seleccionar por imperio de la ya citada norma, los asuntos que tratará
sustancialmente. Ello deberá ser cumplido antes que con una ilimitada discrecionalidad,
con arreglo a la "sana" discreción que la norma le impone y que la
razonabilidad le exige, sin olvidar los arts. 14 y 15 de la ley 48, y 6º de la ley 4055,
y las pautas o estándares del art. 280 citado.
9) Que, por consiguiente, así como la Corte se encuentra habilitada
para desestimar los asuntos que carezcan de trascendencia, así también lo está para
intervenir cuando de un modo claro aparezca dicha trascendencia, aunque, como ocurre en el
sub lite, el recaudo de fundamentación no se encuentre suficientemente cumplido.
10) Que lo trascendente del caso resulta manifiesto por hallarse en
debate la interpretación de la Constitución Nacional y del Pacto de San José de Costa
Rica (en adelante, "el pacto" o "la Convención"), en lo que atañe al
derecho de réplica, rectificación o respuesta. Del tal manera, la solución de este caso
repercutirá, por un lado, en la comunidad nacional y por el otro, en la comunidad
internacional puesto que se encuentra en juego el cumplimiento de buena fe de obligaciones
internacionales asumidas por la Argentina.
11) Que estas circunstancias determinan la existencia de cuestión
federal que habilita la instancia extraordinaria del tribunal, pues ha sido cuestionada la
inteligencia del art. 33 de la Constitución Nacional y del art. 14 del Pacto y la
decisión impugnada resulta contraria al derecho que el apelante pretende fundar en esas
normas (Fallos: 165:144; 189:375 y 216:395).
12) Que, en cuanto al fondo del asunto, la primera advertencia a
formular es que excluida su consagración expresa por la Constitución, el derecho de
réplica, rectificación o respuesta, tampoco se encuentra contenido entre los implícitos
que reconoce el art. 33 de aquélla (confr. sentencias del 1 de diciembre de 1988,
"in re": S. 454 XXI. "Sánchez Abelenda, Raúl c. Ediciones de la Urraca S.
A. y otro" y E. 60. XXII. "Ekmekdjian, Miguel Angel c. Neustadt, Bernardo y
otros s/amparo" -La Ley, 1989-B, 551; 1989-C, 18-).
13) Que, en segundo término, cabe señalar que el Pacto de San José
de Costa Rica integra el ordenamiento jurídico argentino (art. 31, Constitución
Nacional), puesto que se trata de una convención vigente de la que Argentina se ha hecho
parte mediante el oportuno depósito del instrumento de ratificación el 5 de setiembre de
1984 (art. 74.2 de la Convención). Ello es así, independientemente del carácter
operativo o programático de las normas que integran el Pacto.
Lo expuesto en el párrafo precedente modifica el criterio expresado
por este Tribunal en los casos "Costa, Héctor R. c. Municipalidad de la Ciudad de
Buenos Aires y otros", registrado en Fallos: 310:508, consid. 16, primera parte,
"Eusebio, Felipe Enrique", publicado en Fallos 310:1080, en particular la
doctrina que surge de páginas 1087/1088 y en las sentencias "in re": Sánchez
Abelenda, Raúl c. Ediciones de la Urraca S. A. y otro", cit., consid. 7º y
"Ekmekdjian, Miguel Angel c. Neustadt, Bernardo y otros s/amparo", cit., consid.
3º.
14) Que, en consecuencia, descartados los aspectos aludidos, debe ahora
examinarse si la norma que prevé el derecho de rectificación o respuesta (art. 14 del
pacto) exhibe naturaleza operativa o programática.
La Corte considera que esta cuestión se esclarese si se la estudia
desde la perspectiva del derecho internacional de los derechos humanos. En efecto, una de
las características de ese derecho establece la necesidad de distinguir los tratados
internacionales sobre derechos humanos de los tratados de otra especie. El fundamento
jurídico de esta posición reside en que los tratados sobre derechos humanos no son un
medio para equilibrar recíprocamente intereses entre los Estados no que, por el
contrario, buscan establecer un orden público común cuyos destinatarios no son los
Estados, sino los seres humanos que pueblan sus territorios. Esta posición jurídica es
compartida en Europa y América. Efectivamente, la Comisión Europea de Derechos Humanos
ha expresado en el caso "Austria vs. Italia" "que las obligaciones asumidas
por las altas partes contratantes en la Convención (Europea de Derechos Humanos) son
esencialmente de carácter objetivo, diseñadas para proteger los derechos fundamentales
de los seres humanos de violaciones de parte de las Altas Partes Contratantes en vez
decretar derechos subjetivos y recíprocos entre las altas partes contratantes"
(confr. "Application Nº 788/60 European Yearbook of Human Rights", 1961, vol.
4, p. 140; ver en igual sentido, Cançado Trindade, Antônio A., "A evoluçâo
doutrinâria e jurisprudencial de proteçâo internacional dos direitos humanos nos planos
global e regional: as primeiras quatro décadas", Brasilia, Revista de Informaciones
Legislativas, Senado Federal, Ed. Técnicas, año 19, núm. 73, enero-marzo, 1982, p. 262,
segundo párrafo). Asimismo, la Corte Internacional de Justicia ha dicho que en los
tratados sobre derechos humanos "no puede hablarse de ventajas o desventajas
individuales de los Estados, ni de mantener un equilibrio contractual exacto entre derecho
y deberes. La consideración de los fines superiores de la Convención (sobre el
genocidio) es, en virtud de la voluntad común de las partes, el fundamento y la medida de
todas sus disposiciones" (confr. "Reservations to the Convention on the
Prevention and Punishment of the Crime and Genocide", Advisory opinion del 28 de mayo
de 1951, I. C. J., p. 12 in fine). De igual manera, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, ha sostenido que los tratados sobre Derechos Humanos no son tratados
multilaterales del tipo tradicional, concluidos en función de un intercambio recíproco
de derechos para el beneficio mutuo de los Estados contratantes. Su objetivo y su fin son
la protección de los derechos fundamentales de los seres humanos independientemente de su
nacionalidad, tanto frente a su propio Estado como frente a los otros Estados
contratantes. Al vincularse mediante estos tratados sobre derechos humanos, los Estados se
someten a un orden legal en el cual ellos, por el bien común, asumen varias obligaciones,
no en relación con otros Estados, sino hacia los individuos bajo su jurisdicción (confr.
opinión consultiva -en adelante, "OC"- Nº 2/82, "El efecto de las
reservas sobre la entrada en vigencia de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
-arts. 74 y 75-" serie A y B, Nº 2, del 24 de setiembre de 1982, párr. 29 y, en
similar sentido, OC-1/81. "Otros tratados, objeto de la función consultiva de la
Corte -art. 64 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos-", serie A y B, Nº
1, párr. 24). La particularidad de esos derechos y su indudable jerarquía, determinan
que los Estados puedan ser objeto de reproche ante instancias internacionales de
protección, aun por iniciativa de sus propios nacionales. A mayor abundamiento, es
ilustrativo señalar que el carácter especial de los aludidos tratados también ha sido
reconocido por las Constituciones de Perú del 18 de julio de 1979 (art. 105) y de
Guatemala del 31 de mayo de 1985 (art. 46).
15) Que, sentada la diferencia entre las dos categorías de tratados
citados, corresponde señalar que es consecuencia de esta distinción la presunción de
operatividad de las normas contenida en los tratados internacionales sobre derechos
humanos. En otros términos, el tribunal considera que las normas aludidas establecen
derechos que -se presume- pueden ser invocados, ejercidos y amparados sin el complemento
de disposición legislativa alguna. Ello se funda en el deber de respetar los derechos del
hombre, axioma central del derecho internacional de los derechos humanos.
Sin embargo, es importante advertir que la mencionada presunción cede
cuando la norma bajo examen prevista un carácter nítidamente programático (ver, en
similar sentido, Haba, Enrique P., "Tratado Básico de Derechos Humanos", San
José de Costa Rica, t. I, p. 458 in fine, Ed. Juricentro, 1ª ed., 1986); carácter éste
que, a título de ejemplo, tienen los derechos económicos, sociales y culturales, a cuyo
desarrollo progresivo se comprometen los Estados, entre otras circunstancias, "en la
medida de los recursos disponibles, por vía legislativa u otros medios apropiados"
(art. 26 de la Convención).
16) Que, toda vez que el Pacto de San José de Costa Rica es un tratado
internacional sobre derechos humanos, le resulta aplicable la citada presunción de
operatividad.
Cabe agregar a las razones enunciadas en tal sentido, el
pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el que se sostuvo que
"el sistema mismo de la Convención está dirigido a reconocer derechos y libertades
a las personas y no a facultar a los Estados para hacerlo" (confr. OC-7/86,
"Exigibilidad del derecho de rectificación o respuesta -arts. 14.1, 1.1 y 2-",
del 29 de agosto de 1986, serie A, número 7, párr. 24.; OC-2/82, cit., párr. 3; y, con
similar alcance, ver el preámbulo del Pacto, 2º párrafo).
17) Que el aludido marco conceptual es útil para esclarecer el
interrogante planteado en el consid. 14 sobre la modalidad con la que ha sido incorporado
a nuestro ordenamiento el derecho previsto en el art. 14 del Pacto.
En efecto, esta Corte entiende que la norma que regula el derecho de
rectificación o respuesta es operativa puesto que a la presunción en tal sentido debe
sumarse una serie de fundamentos. Por un lado el art. 14 del pacto es una norma de la cual
es posible derivar en forma directa el mencionado derecho, ya que sus perfiles centrales
se encuentran limpiamente establecidos (confr. infra consid. 19).
Por otro lado, de una interpretación gramatical del texto del art.
14.1 también se arriba a la conclusión de que esta norma es operativa. Efectivamente, el
art. 14.1 expresa "Toda persona (...) tiene derecho a (...)", y posteriormente,
se señala "(...) en las condiciones que establezca la ley".
De la primera parte transcripta, se observa que el tiempo verbal
elegido es presente indicativo -"tiene derecho"- y no futuro imperfecto
-"tendrá derecho"-. Ello es un indicio de que su "ser (...) no está
condicionado a la existencia de normas pertinentes en el derecho interno de los Estados
partes" (confr. OC-7/86, cit., opinión separada del juez Gros Espiell, párr. 6,
segunda parte).
En cuanto a la segunda parte transcripta -"(...) en las
condiciones que establezca la ley"-, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
dicho que tal expresión comprende a "(...) todas las disposiciones internas que sean
adecuadas, según el sistema jurídico de que se trate, para garantizar el libre y pleno
ejercicio del derecho de rectificación o respuesta (OC-7-86, cit., opinión vertida en el
punto C; el subrayado no es del original). Asimismo sostuvo que "la tesis de que la
frase 'en las condiciones que establezca la ley' utilizada en el art. 14.1 solamente
facultaría a los Estados parte a crear por ley el derecho de rectificación o respuesta,
sin obligarlos a garantizarlo mientras su ordenamiento jurídico interno no lo regule, no
se compadece ni con el 'sentido corriente' de los términos empleados ni con el 'contexto'
de la Convención" (OC-7/86, cit., párr. 23).
En consecuencia, la expresión "ley" es utilizada en sentido
amplio y tiene por finalidad establecer las condiciones de menor entidad relacionadas con
el ejercicio del derecho en cuestión. Ello se debe a que los requisitos de mayor entidad,
se encuentran ya previstos en el art. 14 del Pacto (confr. infra consid. 19).
18) Que esta Corte no ignora los argumentos -algunos, muy atendibles-
en sustento de la programaticidad de la norma que establece el derecho de réplica. Sin
embargo, dicha posición es ya insostenible. Se ha tornado injusta. Efectivamente, si por
hipótesis se afirmara que el art. 14 del pacto es programático y que sólo el Congreso
Nacional puede reglamentarlo, parece evidente que dicha reglamentación debe ser hecha en
un plazo razonable, pues de lo contrario no se habría incorporado a nuestro ordenamiento
en derecho, sino su perdurable sombra.
Desde este enfoque, no es dudoso sostener que el aludido plazo
razonable ha sido largamente excedido, pues desde que el pacto integra el ordenamiento
jurídico han transcurrido más de siete años sin que el Congreso Nacional haya
reglamentado el derecho de réplica.
Al examinar el problema desde esta perspectiva, el Tribunal entiende
que corresponde aplicar el citado derecho, siempre que concurran los precisos requisitos
previstos en el art. 14 del Pacto. Ello se funda en las razones aludidas y en que esta
Corte, como poder del Estado -en su rol de supremo custodio de los derechos individuales-,
no puede permanecer inmóvil ante la demora del Congreso Nacional en otorgar eficacia a un
derecho internacionalmente exigible, contenido en un tratado sobre derechos humanos
(confr. doctrina de la resolución de la sala I del Tribunal Federal de Constitucionalidad
de la República Federal de Alemania -1 BVR 26/66-, del 29 de enero de 1969, registrada en
"BVerfGE", t. 25, entrega 2ª, p. 167 y sigts. Ver, asimismo, Zeidler, Wolfgang,
"Cour Contitutionnelle Fédérale Allemande", publicada en el "Annuaire
International de Justice Constitutionnelle", III, 1987, en especial, ps. 44 y sigts.
Presses Universitaires d'Aix - Marseille, 1989).
19) Que, como ya fuera indicado, es posible derivar en forma directa
del art. 14 del Pacto de derecho de rectificación o respuesta, puesto que se trata de una
norma que establece con nitidez sus perfiles principales. En efecto, el art. 4.1a dispone
que "Toda persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su
perjuicio a través de medios de difusión legalmente reglamentados y que se dirijan al
público en general, tienen derecho a efectuar por el mismo órgano de difusión su
rectificación o respuesta en las condiciones que establezca la ley".
Al interpretar de buena fe el texto transcripto, conforme al sentido
corriente que haya de atribuirse a los términos del Pacto en el contexto de éstos y
teniendo en cuenta su objeto y fin (confr. art. 31.1 de la Convención de Viena sobre el
Derechos de los Tratados), parece evidente que este derecho procede frente a informaciones
inexactas o agraviantes que, además, causen un perjuicio actual y concreto a la persona
aludida.
De lo expuesto se desprende que el tipo de información que da origen
al derecho de rectificación o respuesta es aquel que se refiere directamente al presunto
afectado o, al menos, lo alude de modo tal que resulta fácil su individualización. El
fundamento de esta posición reside en que si -por vía de hipótesis- se reconociera este
derecho sin el mencionado "requisito de individualización", se abriría la
posibilidad de infinitos cuestionamientos a expresiones ideológicas o conceptuales que,
en definitiva, afectarían a la libertad de prensa. Libertad cuyo especial resguardo ha
asumido la Corte al grado tal de efectuar cuidadosas precisiones -entre ellas- la
establecida en el caso "costa", cit., consid. 12.
Con base en todo lo dicho, los precisos términos del pacto en modo
alguno sustentan la posición del recurrente. Ello es así en razón de que éste en
ningún momento fue aludido en el programa "La noche del sábado", de modo tal
que pudiera ser individualizado por los telespectadores (confr. infra, consid. 24).
20) Que, asimismo, cabe puntualizar que el apelante no ha comprendido
lo que es derecho de réplica, pues le asigna un alcance que no encuentra apoyo, ni en la
Convención (como se ha visto), ni en el derecho comparado ni en las Constituciones de
varios Estados provinciales (confr. infra, consid. 21, 22 y 23). Efectivamente, su
institución no ha tenido el propósito de crear un foto al que pueda abordar todo aquel
que crea ver atacados valores, figuras o convicciones a los que adhiera. Aunque sea muy
comprensible el disgusto (o aun la conmoción) que tales ataques -a veces desaprensivos-
puedan producir, lo cierto es que lo que este derecho procura instituir es un modo de
proteger ámbitos concernientes al honor, identidad e intimidad de personas que han sido
aludidas en algún medio de comunicación, permitiéndoles acceder gratuitamente a ellos
para dar su propia versión de los hechos.
21) Que, sin que ello implique agotar el tema, pueden reseñarse
algunos casos de regulaciones de la mencionada naturaleza. Así, por ejemplo, el droit de
réponse consagrado por el art. 13 de la ley francesa del 29 de julio de 1881, permite a
toda persona, nombrada o designada en un periódico, reclamar al responsable de éste, la
inserción de su respuesta (gratuita, en ciertas condiciones), en el mismo lugar y
caracteres que tenía el artículo que la provocó (Barbier, Georges, "Code expliqué
de la presse", t. I, p. 117 y sigts., París 1887). Es considerado como uno de los
modos de protección de las personas contra la alteración pública de su personalidad. Si
bien es cierto que también se o otorga a los herederos, esposos o legatarios universales
de quien ha fallecido, lo es a condición de que este último haya sido difamado o
injuriado, no resultando suficiente que sólo se lo haya cuestionado. El legislador no ha
querido trabar la libertad del historiador por la amenaza del derecho de respuesta (confr.
Kayser, Pierre, "La protection de la vie privée", t. I, p. 85, París, 1984).
Las personas morales pueden invocar este derecho, pero a condición de haber sido
nombradas o designadas. No sería suficiente que sea designada una categoría de personas
entre las cuales una asociación recluta sus miembros (Pinto, Roger, "La liberté
d'opinion e'information", p. 167, París, 1955).
El derecho de respuesta, en la radio y en la televisión, ha sido
reglado en Francia tratando de adaptarlo a un público que se cuenta por millones, en
tanto que el de la prensa lo es por millares (Debbasch, Charles, "les émissions de
radiodiffusion et les droits des tiers: á propos de l'obligation de conservation des
émissions", citado por Kayser, Pierre, op. cit., p. 86). En el ámbito de la
comunicación audiovisual, el droit de réponse sólo existe cuando han mediado
imputaciones susceptibles de lesionar el honor o la reputación de una persona (concepto
más restringido que la mise en cause de la ley de prensa). Si muere la persona difamada,
el derecho sólo puede ser ejercido por sus herederos en línea directa o por su cónyuge
(confr. Kayser, Pierre, op cit., ps. 86/89).
En Alemania el derecho a la contra-exposición (Gegenan-steilung)
también es interpretado como un modo de protección de la persona, una manera de
garantizar el "Audiatur et altera pars" (Weitnauer, H., "Problemes de droit
civil relatifs a la protection de la personnalité", cit. en Kayser, Pierre, op.
cit., p. 85). La República Federal de Alemania había reglado el punto en el tratado
interestatal que creó el segundo canal de televisión; cabe señalar que la obligación
de difundir la respuesta del afectado por una emisión, existe sólo en tanto aquél tenga
un "interés legítimo" (Debbasch, Charles, "le droit de la radio et de la
télévision", p. 103). Es oportuno subrayar que el tema del "interés
legítimo" también aparece en la res. 74-26 por la cual el Comité de Ministros del
Consejo de Europa recomienda la adopción de reglas mínimas relativas al derecho de
respuesta. Esas reglas apuntan a proteger al individuo contra las injerencias en su vida
privada y los atentados a su dignidad, honor o reputación y, desde esa óptica, autorizan
a la leyes nacionales a prever que los medios de comunicación podrán negarse a publicar
la respuesta en seis supuestos, el último de los cuales es, justamente, el caso en el que
el individuo aludido no justifique la existencia de un "interés legítimo"
(Pinto, Roger, "La liberté d'information et d' opinion en droit international",
p. 183, París, 1984. La resolución mencionada es "On the right of reply - Position
of the individual in relation to the press", 1974, registrada en European Convention
on Human Rights, vol. II, 1982).
Italia legisló sobre las risposte e rettifiche en el art. 8º de la
ley 47 sobre stampa (8 de febrero de 1948), texto sustituido por el art. 42 de la ley 416
(5 de agosto de 1981). Según dicha norma, el director o responsable está obligado a
insertar gratuitamente en el periódico las declaraciones o las rectificaciones de los
sujetos de los cuales se hubieran publicado imágenes o atribuido actos o pensamientos o
afirmaciones que ellos estiman lesivos a su dignidad o contrarios a la verdad, aunque las
declaraciones o las rectificaciones no tengan contenido susceptible de incriminación
penal.
La ley española 841 (27 de marzo de 1984), acuerda a toda persona
"el derecho a rectificar la información difundida por cualquier medio de
comunicación social, de hechos que la aludan, que considere inexactos y cuya divulgación
pueda causarle perjuicio " (art. 1º).
En la U.R.S.S. se contemplaba que el ciudadano o la organización
perjudicados pudieran reclamar "la refutación de las versiones que denigren su honor
o dignidad, si quien difundió tales versiones no demuestra que ellas corresponden a la
realidad". La parte responsable tiene a obligación de desmentir las versiones
agraviantes. "Si éstas hubieran sido difundidas a través de la prensa, también por
intermedio de la misma, siempre que no correspondan a la realidad, deben ser
refutadas" (Gribanov, Korneev y otros, en "Derecho civil soviético", t. I,
ps. 145/147, La Habana, 1987).
22) Que, en nuestro continente, la Constitución peruana de 1979
dispone en su art. 2º, apart. 5º: "Toda persona afectada por afirmaciones ni
exactas o agraviada en su honor por publicaciones en cualquier medio de comunicación
social, tiene derecho de rectificación en forma gratuita, sin perjuicio de la
responsabilidad de ley".
La ley brasileña 5250 (9 de febrero de 1967) establecía en su art. 29
el derecho de respuesta para toda persona acusada u ofendida por publicaciones
periodísticas o transmisiones radiofónicas o respecto de la cual los medios de
información o divulgación difundieran hechos no verídicos o erróneos. A su vez, en el
año 1964, se sancionó en Chile la ley 15.476, que sustituyó el art. 8º del dec.-ley
425/25, por el siguiente: "Todo diario, revista, escrito periódico o radiodifusora o
televisora, está obligado a insertar o difundir gratuitamente las aclaraciones o
rectificaciones que les sean dirigidas por cualquier persona material o jurídica ofendida
o infundadamente aludida por alguna información publicada, radiodifundida o
televisada...".
Por fin, la República Oriental de Uruguay regló el tema en el
dec.-ley 15.672 (año 1984), cuyo art. 7º otorgaba a "toda persona física o
jurídica, de derecho público o privado" el "derecho de responder a una
publicación o cualesquiera otros medios de comunicación pública, que la haya aludido o
mencionado". Posteriormente, la ley 16.099 derogó el mencionado decreto-ley e
instituyó un nuevo régimen. El art. 7º de la actual ley dispone: "Toda persona
física o jurídica de derecho público o privado puede ejercer ante el juzgado competente
el derecho de responder a una publicación o cualesquiera otros medios de comunicación
pública que la haya afectado por informaciones inexactas o agraviantes...". Es
interesante destacar que el informe de la Comisión de Constitución, Códigos,
Legislación General y Administración, que elevó a la Cámara de Representantes el
proyecto de ley, manifestó: "el nuevo texto del art. 7º ajusta la normativa
actualmente vigente en materia de derecho de respuesta en una forma que a todos los
integrantes de la Comisión nos ha parecido sumamente positiva. En efecto, mientras la
normativa vigente establece que la sola mención o referencia a una persona genera un
derecho a que se publique una respuesta en un medio de prensa, en el nuevo texto que ahora
se pone a consideración de la Cámara se establece que solamente se generará el derecho
de respuesta cuando la mención a una persona se haga en perjuicio de la misma o a través
de la mención de hechos falsos. Quiere decir que, sin eliminarse el derecho de respuesta,
éste se ha restringido" (Preza Restuccia, Dardo, "Comentarios a la nueva ley de
prensa", República Oriental del Uruguay, p. 118, Ed. Universidad, 1990).
23) Que las normas que en varias provincias regulan el tema -sin que
esto importe abrir juicio sobre la competencia con que han sido dictadas- traslucen un
enfoque que no difiere sustancialmente del que resulta de compulsar la legislación
extranjera. Así por ejemplo, otorgan la acción cuando una persona fuere afectada en su
reputación, las Constituciones de 1986 de Santiago del Estero (art. 20), de 1957 de
Neuquén (art. 22), de 1960 de La Pampa (art. 8), de 1991 de Formosa (art. 12), de 1957 de
Chubut (art. 15) y de 1987 de San Luis (art. 21). La Constitución de 1986 de Jujuy la
consagra cuando exista afección en la intimidad, hora y dignidad, por informaciones
"inexactas o agraviantes" (art. 23, apart. 4º). Este tipo de informaciones da
lugar a la rectificación o respuesta cuando cause perjuicio al afectado, según las
constituciones de 1986 de Salta (art. 23), del mismo año de San Juan (art. 25) y de 1991
de la nueva provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (art.
47). En parecidos términos se pronuncia la Constitución de 1988 de Río Negro (art. 27).
La ley 302 de Santa Cruz (año 1961) menciona a la persona
"señalada o notoriamente aludida con un hecho difamatorio, injurioso u
ofensivo" (art. 1º).
24) Que lo reseñado resulta suficiente para concluir que también en
el derecho comparado y en las legislaciones provinciales examinadas, por regla se exige
-como requisito mínimo- que éstas que contengan la alusión o mención a un persona que,
justamente por ello, es facultada a "responde" o "rectificar".
Resulta, entonces, imprescindible que la persona está directamente
aludida en la noticia, que, de ese modo, pone en cuestión la mismidad intransferible de
aquélla. Se advierte fácilmente que esto hace al meollo del remedio que se otorga, al
que se sacaría de su quicio si se permitiera su utilización para refutar ataques
genéricos a creencias o a valores, con el único requisito de que alguien adhiriera a
ellos.
No valdría alegar que, al atacarlos, se afecta profundamente a la
persona adherente. Esta afirmación sólo es verdadera si se limita a traducir los
explicables sentimientos que invaden al hombre cuando se impugna lo que ama, pero no lo
habilita a considerar lesionado el núcleo de su personalidad toda vez que, genérica e
indeterminadamente, se embiste contra las convicciones que profesa. En todo puede el ser
humano depositar sus efectos. Nada hay -en ese sentido- que le sea ajeno. Pero esa
constatación no puede justificar la artificiosa utilización de un instrumento al que
diversos ordenamientos conciben como un remedio singular para situaciones bien
determinadas, en las que lo específico de cada individualidad resulta comprometido. Por
consiguiente, si lo estricto y directamente personal no ha sido puesto en juego, el
interesado deberá obtener satisfacción por otros medios.
En el sub lite el actor expresa que se ha sentido dolido como
consecuencia de expresiones vertidas en un programa de televisión que habrían sido
lesivas para la fe católica. Esta sería, en verdad, la eventual atacada. No lo ha sido,
en cambio, el recurrente: éste no alega que se lo haya mencionado o aludido en el
mencionado programa. En consecuencia, es palmaria la ausencia de legitimación del actor
para ejercer el derecho de rectificación o respuesta en el presente caso.
Resultan aplicables, mutatis mutandis, las afirmaciones del Tribunal
Supremo de España en la causa en la cual una superviviente de un campo de concentración
reclamó daños y perjuicios contra un ex-oficial nazi, a raíz de las manifestaciones
realizadas por éste en la revista "Tiempo" y la Televisión Española. El
tribunal negó legitimación a la demandante "aun comprendiendo el impacto moral, la
indignación e incluso irritación que hayan podido producir a quienes como la actora
padeció personalmente los desatinos de una época como a la que se refiere la
demanda". En efecto, el demandado se había pronunciado "sobre unos hechos que
hoy son historia", en ejercicio "del derecho fundamental a la libre expresión
de pensamientos, ideas y opiniones que consagra el art. 20.1, a) de la
Constitución", por lo cual sus manifestaciones "desafortunadas como se ha dicho
mas no ofensivas para el honor de ninguna persona" no podían dar origen a condena
alguna (STS 5 de diciembre de 1989 en "Anuario de Derecho Civil", Ed. Centro de
Publicaciones, Madrid, t. XLIII, fascículo IV, año 1990, p. 1337).
25) Que el olvido de los señalados principios en materia de
legitimación para rectificar o responder, se traducirá en una inevitable mengua de la
libertad de expresión que tutela la Constitución Nacional. En efecto, si se admitiese
que cualquiera pueda exigir el acceso gratuito a los medios de comunicación con el único
propósito de refutar los hipotéticos agravios inferidos a las figuras a las que adhiere
o a las opiniones que sustenta, es razonable prever que innumerables replicadores, más o
menos autorizados, se sentirán llamados a dar su versión sobre un sin fin de aspectos
del caudal informativo que -en un sentido psicológico, mas no jurídico- los afectarán.
Un periódico o una emisora no son una plaza pública en donde
cualquiera puede levantar su tribuna. Lo decisivo es que los responsables de los medios de
difusión son los que determinan el contenido de las informaciones, noticias o programas
que publican o emiten. A este principio sólo hacen excepción motivos de orden público o
institutos como el derecho de rectificación o respuesta, este último con los alcances
que se han expuesto supra.
Por el contrario, si se obligara a los medios a costear toda opinión
adversa a o que han difundido, se llegaría rápidamente al absurdo de que sólo sería
posible expresarse libremente a través de aquéllos, a condición de poder financiar
igual posibilidad a todos los eventuales contradictores. Parece innecesario abundar en la
sinrazón de la postura. Impracticable económicamente e incoherente del punto de vista
lógico, tal pretensión importaría un claro menoscabo al derecho de libre expresión. La
realidad desmentiría a la utopía: no habría muchas voces, habría silencio.
26) Que lo hasta aquí expuesto resulta suficiente para resolver el sub
examine y hace innecesario abordar los restantes temas propuestos por el apelante en su
recurso.
Asimismo, toda vez que no se encuentra en cuestión un conflicto entre
la Convención Americana sobre Derechos Humanos y una ley nacional (por hipótesis,
contraria a aquélla), tampoco es necesario abordar el punto relativo a cuál de los dos
ordenamientos prima sobre el otro.
Por ello, se hace lugar a la queja, se declara admisible el recurso
extraordinario y se confirma la sentencia apelada. Agréguese la queja al principal.
Notifíquese y, oportunamente, devuélvase. - Enrique S. Petracchi. - Eduardo Moliné
O'Connor.
Voto en disidencia del doctor Levene (h.).
1) Que la Sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil
rechazó la demanda interpuesta por Miguel A. Ekmekdjian, en ejercicio del derecho de
réplica, contra Gerardo Sofovich y Canal 2 de Televisión, respecto del cual
posteriormente desistió. Contra ese pronunciamiento el actor dedujo el recurso
extraordinario cuya denegación di origen a la presente queja.
2) Que el demandante solicitó que se consideran a los codemandados a
la lectura de una carta documento en el programa "La noche del sábado" que
emitía el mencionado canal bajo la producción y dirección de Sofovich. Señaló que el
11 de junio de 1988 Dalmiro Sáenz, en el aludido programa, "se expresó con una
serie de frases agraviantes que el respeto y el buen gusto impiden repetir, con relación
a Nuestro Señor Jesucristo y a su Santísima Madre" (fs. 84/84 vta. de los autos
principales). Destacó, además, que el 4 de julio de 1988 remitió a los codemandados la
citada carta documento, solicitando su lectura en "La noche del sábado" y al no
obtener respuesta de aquéllos, dedujo la presente demanda. Fundó su pretensión en que
lo dicho por Dalmiro Sáenz demostraba su intención de agraviar los sentimientos de
quienes -como el presentante- pertenecía a la Iglesia Católica e incluso a los de los
cristianos no católicos y en el derecho a réplica que, a su entender, le asistía; a lo
que agregó que sintió profundamente lesionado su "sentimiento de católico y
cristiano".
3) Que el a quo, al confirmar el fallo dictado en la instancia anterior
que rechazó la demanda, consideró que el derecho a réplica no puede considerarse
comprendido entre los derechos implícitos consagrados en el art. 33 de la Constitución
Nacional. Asimismo, estimó que el art. 14.1 del Pacto de San José de Costa Rica carece
de operatividad por no haber sido reglamentado por ley del Congreso, con cita del
precedente de este Tribunal recaído en los autos E.60.XXII "Ekmekdjian, Miguel A. c.
Neustadt, Bernardo y otros", con fecha 1 de diciembre de 1988. Por último, sostuvo
que el actor no está legitimado para intentar la acción iniciada pues, como él mismo lo
advirtió no poseía un derecho subjetivo a la respuesta y sólo tenía un interés de
carácter difuso; lo cual era insuficiente para obrar como lo hizo, ya que de acuerdo con
la naturaleza del derecho de respuesta o rectificación, de carácter personalísimo,
éste involucra en su titularidad a un determinado sujeto persona física y excluye a los
intereses de carácter difuso o colectivo.
4) Que en estos autos existe cuestión federal que habilita la
instancia extraordinaria del tribunal, pues ha sido cuestionada la inteligencia del art.
33 de la Constitución Nacional y art. 14.1 del pacto de San José de Costa Rica,
ratificado por ley 23.054, y la decisión impugnada resulta contraria al derecho que el
apelante pretende fundar en esas normas (Fallos: 256:424; 257:99 y 127; entre otros).
5) Que esta corte en su actual integración mantiene el criterio
sostenido en sus sentencias del 1 de diciembre de 1988, in re: S. 454.XXI "Sánchez
Abeleda, Raúl c. Ediciones de la Urraca S. A. y otro" y E. 60.XXII.
"Ekmekdjian, Miguel A. c. Neustadt, Bernardo y otros /amparo", según el cual el
derecho a réplica, rectificación o respuesta, no se encuentra comprendido entre los
implícitos que reconoce el art. 33 de la Constitución Nacional, a cuyos fundamentos
sobre el punto cabe remitirse por razones de brevedad.
6) Que la ley 23.054 dispuso en su art. 1º "Apruébase la
Convención americana sobre derechos humanos, llamada Pacto de San José de Costa Rica, el
22 de noviembre de 1969, cuyo texto forma parte de la presente ley", con lo cual
incorporó al derecho positivo de nuestro país el texto íntegro de la Convención, que
había sido firmado sin reservas por el Estado Argentino (art. 31, Constitución
Nacional), y que cobró vigencia en nuestro medio a partir del depósito del instrumento
de ratificación efectuado el 5 de setiembre de 1984 (art. 74.2 del Pacto).
7) Que aceptada la vigencia del citado "Tratado en nuestro
ordenamiento jurídico se hace necesario analizar si el derecho de rectificación o
respuesta contenido en el art. 14.1 de aquél, se encuentra en condiciones de ser tutelado
por esta Corte pese a la ausencia de reglamentación legislativa, para lo cual han de
tenerse en cuenta los distintos elementos de juicio que, valorados armónicamente en su
conjunto, permitan llegar a una solución justa y compatible con la naturaleza del derecho
invocado.
8) Que, en ese sentido, corresponde destacar que la primera de las
pautas a tener en cuenta es si la norma en cuestión contiene una descripción
suficientemente concreta de los supuestos de hecho en ella contemplados, como para que
este tribunal pueda reconocer, dentro de límites precisos, el derecho en que el
demandante ha fundado su pretensión.
Al respecto cabe señalar que la redacción del art. 14.1 es clara y
sencilla, en cuanto otorga a quienes se encuentren en las situaciones allí previstas, el
derecho de rectificación o respuesta, aunque sujetándolo a la ley que establezca la
reglamentación. En efecto, la norma aludida expresa "Toda persona afectada por
informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio a través de medios de
difusión, legalmente reglamentados y que se dirijan al público en general, tiene derecho
a efectuar por el mismo órgano de difusión su rectificación o respuesta, en las
condiciones que establezca la ley".
No hay duda pues que tanto el tiempo verbal utilizado por la cláusula
del tratado, hoy convertido en ley de la Nación, así como la descripción de las
prerrogativas concedidas a las personas que allí se indican, importan una determinación
del derecho reconocido en forma suficientemente definida.
9) Que dicha conclusión se concilia con lo establecido en el
Preámbulo de la Convención, en cuanto allí se afirma "su propósito de consolidar
en este continente, dentro del cuadro de las instituciones democráticas, un régimen de
libertad personal y de justicia social fundado, en el respeto de los derechos esenciales
del hombre", reconociéndose que ésos "no nacen del hecho de ser nacional de un
determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana,
razón por la cual justifican una protección internacional, de naturaleza convencional
coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho interno de los Estados
americanos", postulados éstos que han sido aceptados por el legislador a incorporar
el texto completo de la convención al derecho nacional, como surge del debate
parlamentario de la ley.
Por ello la Corte Interamericana de los Derechos Humanos ha señalado
que la Convención Americana constituye un instrumento o marco jurídico multilateral que
capacita a los Estados para comprometerse, unilateralmente, a no violar los derechos
humanos de los individuos bajo su jurisdicción y que dichos instrumentos no son tratados
multilaterales de tipo tradicional, concluidos en función de un intercambio recíproco de
derechos, para el beneficio mutuo de los Estados contratantes. Su objeto y fin son la
protección de los derechos fundamentales de los seres humanos, independientemente de su
nacionalidad, tanto frente a su propio Estado como frente a los otros Estados
contratantes. Al probar estos tratados sobre derechos humanos, los Estados se someten a un
orden legal dentro del cual ellos, por el bien común, asumen varias obligaciones, no en
relación con otros Estados, sino hacia los individuos bajo su jurisdicción (Pedro
Nikken, "La protección internacional de los derechos humanos", Instituto
Interamericano de Derechos Humanos, ps. 91/92, Ed. Civitas).
Así cabe concluir, que el carácter del derecho de réplica,
rectificación o respuesta, como derecho esencial de la persona, tendiente a proteger su
honra y dignidad, le confiere a éste una naturaleza distinta de otros derechos de índole
económica o social que hacen necesaria una tutela más intensa y una interpretación
siempre favorable a su existencia.
10) Que, asimismo, la citada Corte, entre cuyas funciones se encuentra
la interpretación del Pacto, ante una consulta que se le hiciera acerca de si cuando el
art. 14.1 dispone que el derecho de rectificación o respuesta se ejercerá "en las
condiciones que establezca la ley", quiere decir que dicho derecho sólo es exigible
una vez que se emita una ley formal que establezca las condiciones en que el mismo puede
ser concretamente ejercido, contestó rechazando este argumento y afirmando que allí se
consagra un derecho de rectificación o respuesta en favor de toda persona, ya que
"el sistema mismo de la Convención está dirigido a reconocer derechos y libertades
a las personas y no a facultar a los Estados para hacerlo" (Opinión Consultiva OC
7/86, exigibilidad del derecho de rectificación o respuesta -arts. 14.1 1. y 1.2-, serie
A, Nº 7, p. 13, párr. 14). Asimismo, llegó a la conclusión de que el art. 14.1
reconoce un "derecho exigible internacionalmente" (ibídem, p. 19, letra A) y
que la frase "en las condiciones que establece la ley se refiere a cuestiones tales
como "si los afectados tienen derecho a responder en espacio igual o mayor, cuándo
debe publicarse la respuesta una vez recibida, en qué lapso puede ejercerse el derecho,
qué terminología es admisible, etc." (ibídem, p. 14, párr. 27), pero que "el
hecho de que los Estados partes puedan fijar las condiciones del ejercicio del derecho de
rectificación o respuesta, no impide la exigibilidad conforme al derecho internacional de
las obligaciones que aquéllos han contraído conforme con el art. 1.1.".
11) Que de todo lo expuesto se desprende que el derecho de réplica,
rectificación o respuesta contenido en el art. 14.1 de la Convención Americana de los
Derechos Humanos, como parte integrante de la ley 23.054 que la incorporó al ordenamiento
jurídico vigente de nuestro país, constituye un derecho suficientemente definido como
para merecer la tutela de este tribunal a quien la Constitución ha constituido en
custodio final en ese ordenamiento. A ello cabe agregar que por la esencia de derecho
inherente a la persona que el propio legislador le ha otorgado al ratificar en su
totalidad el Pacto y por los antecedentes jurisprudenciales de los organismos
internacionales antes transcriptos, que refuerzan la convicción de este tribunal acerca
de su vigencia, no cabe otra solución que reconocer y amparar el citado derecho, aun a
falta de reglamentación legal sobre aspectos vinculados a su ejercicio, pues como ya lo
decía Von Ihering "el verdadero valor del derecho descansa por completo en el
conocimiento de sus funciones, es decir, en la posibilidad de su realización práctica...
La función del derecho, en general, es la de realizarse: lo que no es realizable, nunca
podrá ser derecho".
12) Que para lograr la vigencia efectiva de ese derecho reconocido,
única solución valiosa que resulta compatible con el bien común cuya realización
concierne al órgano judicial como integrante del Estado, este Tribunal se ve en la
obligación de ejercer su competencia implícita que emana de la Constitución Nacional,
mediante la cual no sólo se le ha conferido la facultad de reconocer la existencia de los
derechos fundamentales del hombre sino que también se le ha otorgado la prerrogativa de,
actuando con suma prudencia, establecer los medios por los cuales aquéllos han de cobrar
efectiva vigencia.
13) Que ya en el precedente de Fallos: 239:459, esta Corte sostuvo que
la sola circunstancia de la comprobación inmediata de que una garantía constitucional ha
sido violada basta para que sea restablecida por los jueces en su integridad, sin que
pueda alegarse en contrario la inexistencia de una ley que la reglamente: la garantías
individuales existen y protegen a los individuos por el solo hecho de estar consagradas en
la Constitución e independientemente de las leyes reglamentarias...A lo que agregó
recordando palabras de Joaquín V. González: "no son, como puede creerse, las
'declaraciones, derechos y garantías', simples fórmulas teóricas: cada uno de los
artículos y cláusulas que las contienen poseen fuerza obligatoria para los individuos,
para las autoridades y para toda la Nación. Los jueces deben aplicarla en la plenitud de
su sentido, sin alterar o debilitar con vagas interpretaciones o ambigüedades la expresa
significación de su texto. Porque son la defensa personal, el patrimonio inalterable que
hace de cada nombre, ciudadano o no, un ser libre e independiente dentro de la Nación
Argentina" ("Manual de la Constitución Argentina", en Obras Completas,
vol. III, Nº 82, Buenos Aires, 1935; confr., además, Nos. 89 y 90).
14) Que a su vez en el recordado caso "Kot" (Fallos: 241:291
-LA LEY, 92-632-) se sostuvo que "nada hay, en la letra ni en el espíritu de la
Constitución, que permita firmar que la protección de los llamados 'derechos humanos'
-porque son esenciales del hombre- esté circunscripta a los ataques que prevengan sólo
de la autoridad... Intentar construcciones excesivamente técnicas para justificar este
distingo, importa interpretar la Constitución de modo que aparezca ella amparando
realmente, no los derechos esenciales, sino las violaciones manifiestas de esos
derechos".
15) Que si bien en los casos citados se trató de reconocer una
garantía a los efectos de tutelar de manera efectiva derechos reconocidos en la
Constitución Nacional, tal doctrina resulta aplicable al sub lite porque aquí, como en
esos precedentes estaban en juego derechos humanos proveniente de la propia naturaleza de
la persona y el Poder Judicial como órgano máximo de protección de esos derechos posee
la inclaudicable misión de tutelarlos en forma concreta y efectiva, supliendo si fuere
necesario la omisión legislativa reglamentaria.
Y ello es así pues el control del órgano jurisdiccional no sólo
atiende a la protección de los derechos individuales sino al proceso jurídico político
en sí, que forma parte integrante del bien jurídico tutelado por dicho control. Los
ideales básicos de la Constitución son la libertad y la dignidad del hombre y el sistema
democrático el mejor medio para hacer efectivos principios, propósito del Preámbulo del
la Convención Americana de Derechos Humanos que consagró como derecho personalísimo el
derecho a réplica, rectificación o respuesta.
No puede la acción u omisión de los restantes órganos del Estado
impedir que el judicial cumpla con el mandato impuesto por la propia Constitución, pues
los jueces como realizadores de la justicia poseen a su alcance las prerrogativas y
facultades necesarias para que la totalidad del ordenamiento jurídico vigente sea de
efectiva realización evitando la existencia nominal de derechos impedidos de concreción.
16) Que a partir de que se ha reconocido la posibilidad de que el
demandante apoyara su pretensión en el derecho de réplica, respuesta o rectificación
contenido en el art. 14.1 del pacto, resta analizar si, además se encontraba legitimado
para ello, lo cual requería necesariamente el estudio previo de la vigencia de la norma
invocada.
17) Que, en principio, en la medida en que el reconocimiento del
derecho de réplica, rectificación o respuesta, puede llegar a colisionar con el
ejercicio de la libertad de prensa, toda interpretación que del art. 14.1 del pacto se
efectúe ha de serlo con carácter restrictivo. Y ello es así porque los arts. 14 y 32 de
nuestro texto constitucional, así como la Enmienda I de la Constitución de los Estados
Unidos, han jerarquizado la libertad de prensa otorgándole el carácter de derecho
preferido, que además de su condición de derecho individual ampliamente protegido por
las garantías constitucionales que genéricamente amparan a todos los derechos de ese
carácter, le confiere el empinado rango inherente a una "libertad
institucional" que hace a la esencia del sistema representativo y republicano.
18) Que en ese sentido esta Corte ha dicho en Fallos: 248:291 que
"... entre las libertades que la Constitución Nacional consagra, la de prensa es una
de las que posee mayor entidad, al extremo de que sin su debido resguardo existiría tan
sólo una democracia desmembrada o puramente nominal. Incluso no sería aventurado afirmar
que, aun cuando el art. 14 enuncie derechos meramente individuales, está claro que la
Constitución al legislar sobre la libertad de prensa, protege fundamentalmente su propia
esencia democrática contra toda posible desviación tiránica (consid. 25). Por otra
parte, el tribunal ha sostenido que la libertad constitucional de prensa tiene sentido
más amplio que la mera exclusión de la censura previa y que, por tanto, la protección
constitucional debe imponer un manejo especialmente cuidadoso de las normas y
circunstancias relevantes para impedir la obstrucción o entorpecimiento de la prensa
libre y sus funciones esenciales "(Fallos 257:313, consids. 8º y 10).
19) Que sobre la base de ese criterio restrictivo, impuesto por nuestra
Carta Magna, cabe señalar que el art. 14.1 de la Convención, cuando establece "Toda
persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio ...
tiene derecho a efectuar... su rectificación o expuesta...", ha fijado los límites
del ejercicio de ese derecho mediante la enumeración de dos condiciones indispensables:
a) la afectación debe provenir de informaciones inexactas o agraviantes, b) esa
afectación debe causar al afectado un perjuicio.
20) Que de acuerdo a los antecedentes obrantes en autos y que fueran
expuestos en el consid. 2º) de la presente, en el caso no se han vertido informaciones
sino expresiones que más allá de la intencionalidad con que las mismas fueron expuestas
en modo alguno pueden caracterizarse como informaciones y, menos aún, respecto del
recurrente, quien ni siquiera fue aludido durante la emisión del citado programa.
21) Que, por lo demás, en la medida en que el instituto del derecho de
réplica o rectificación ha sido concebido como un medio para la protección del honor,
la dignidad y la intimidad de las personas, el perjuicio que autorice a demandar con
fundamento en él, debe provenir de un ataque directo a esos derechos personalísimos, sin
que las aflicciones o sentimientos que produzcan las expresiones ideológicas, políticas
o religiosas vertidas públicamente, puedan considerarse como tales cuando no están
dirigidas a persona determinada sino contra el patrimonio común de un grupo que, por más
respetable que sea, escapa a la tutela del derecho de respuesta.
22) Que a la luz de lo expuesto ha de concluirse que la falta de
legitimación del actor para interponer la presente demanda, pues extender el derecho de
réplica al campo de las opiniones, críticas o ideas, importaría una interpretación
extensiva del mismo que lo haría jurídicamente indefinible y colisionaría con los
principios sobre libertad de prensa consagrados en nuestra Constitución Nacional.
Por todo lo expuesto, se hace lugar a la queja, se declara procedente
el recurso extraordinario y se confirma en atención a la naturaleza y complejidad del
tema debatido. Agréguese la queja al principal. Notifíquese y devuélvase. - Ricardo
Levene (h.).
Voto en disidencia del doctor Belluscio.
1) Que el actor promovió demanda contra Gerardo Sofovich y "Canal
2 de Televisión", en la cual solicitó que se los condenara a leer -en el programa
"La Noche del Sábado" que emitía el mencionado canal y dirigía el otro
codemandado- la carta documento que acompañó. A tal efecto, señaló que el 11 de junio
de 1988 el señor Dalmiro Sáenz, durante el programa dirigido por Sofovich, se había
expresado con una serie de frases agraviantes "en relación a Nuestro Señor
Jesucristo y a su Santísima Madre" (fs. 84/84 vta. de los autos principales). días
después, el 4 de julio de 1988, el reclamante remitió a los codemandados la aludida
carta documento, solicitando su lectura en el programa citado. Fundó su petición en que
las expresiones de Sáenz "agraviaban profundamente" sus "sentimientos de
católico y cristiano" y en el derecho de réplica que, a su entender, le asistía.
Al no haber sido leída la misiva ni tener noticia alguna de los codemandados, el actor
dedujo la presente demanda
2) Que Gerardo Sofovich contestó la demanda a fs. 102/106 de acuerdo a
la nueva foliatura ordenada a fs. 170 y a fs. 108/114 lo hizo Radiodifusora El Carmen S.
A., en su carácter de licenciataria de LS86 TV Canal 2 de La Plata, quienes pidieron su
rechazo. El juez de primera instancia desestimó la demanda, decisión que fue confirmada
por la sala H de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil. Contra este último
pronunciamiento, el actor interpuso recurso extraordinario, cuya denegación dio motivo a
la presente queja.
3) Que existe en autos cuestión federal que habilita la instancia
extraordinaria, pues se ha cuestionado la inteligencia del art. 33 de la Constitución
Nacional y del art. 14 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos (Pacto de San
José de Costa Rica) y la decisión impugnada resulta contraria al derecho que el apelante
pretende fundar en esas normas (art. 14, inc. 3º, ley 48).
4) Que en las causas S. 454.XXI "Sánchez Abelenda, Raúl c.
Ediciones de la Urraca S. A. y otro" y E. 60.XXII "Ekmekdjian, Miguel A. c.
Neustadt, Bernardo y otros s/amparo", del 1 de diciembre de 1988, cuyos fundamentos
comparte esta Corte en su actual composición, se ha dejado establecido que el derecho de
réplica, rectificación o respuesta no tiene consagración expresa en la Constitución ni
se encuentra entre los implícitos que reconoce su art. 33.
5) Que, descartado que el mencionado derecho pueda ser considerado como
una de las garantías comprendidas en el art. 33 de la Constitución, no puede
encontrársele operatividad directa en el marco de la citada convención -que integra el
derecho argentino- pus ella lo remite a "las condiciones que establezca la ley, (art
14.1), de manera que mientras tal ley no sea dictada no podrá adquirir operatividad. En
tanto ello no ocurra -cuestión ésta de política legislativa, ajena a los órganos
jurisdiccionales-, rige el principio de reserva consagrado por el art. 19 de la
Constitución, según el cual nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda"
(voto del juez Belluscio en la causa: E. 60 citada, consid. 4º).
6) Que, por otra parte, en el caso lo que se pretende va mucho más
allá que el derecho, reconocido por la Convención internacional, en efecto, su ya
mencionado art. 14.1 reconoce el derecho de rectificación o respuesta a "toda
persona afectada por informaciones inexactas o agraviantes emitidas en su perjuicio",
y es evidente que no es tal el caso de autos, pues el actor no ha sido aludido, agraviado
ni directamente afectado por las expresiones impugnadas, requisito de aplicación del
derecho invocado que no sólo resulta del Pacto sino que también ha sido establecido en
las constituciones provinciales argentinas que regulan la institución. La circunstancia
de que todo cristiano no haya podido sentirse molesto o agraviado por expresiones
hirientes para los valores que alienta su fe religiosa no significa que pueda abrirse una
acción ejercitable indistintamente por cualquier persona que profese el cristianismo,
pues de lo que se trata es de permitir la respuesta o rectificación al directamente
aludido y no de abrir un debate en el cual cada habitante de la Nación pueda rebatir las
ideas expuestas por otro en un medio de difusión. Una comprensión diferente del derecho
de réplica no sólo se apartaría inequívocamente de los términos en que lo reconoce la
Convención internacional sino que lesionaría gravemente -además de la reserva
consagrada por el art. 19- la libertad de expresión y el derecho de propiedad consagrados
por los arts. 14 y 17 de la Constitución, pues obligaría a todo propietario de un medio
de difusión a admitir un debate abierto sobre cualquier tema que se hubiera hecho
público mediante su utilización, anulando de ese modo su propia libertad de expresión o
la de quienes con su consentimiento utilizan su medio, y poniendo su propiedad individual
al servicio de cualquier miembro de la comunidad. La pretensión deducida resulta, pues,
desde todo punto de vista inaceptable.
Por ello, se hace lugar a la queja, se declara admisible el recurso
extraordinario y se confirma la sentencia apelada. Agréguese la queja al principal,
notifíquese y oportunamente devuélvase. - Augusto C. Belluscio.
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