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Existe un Juzgado Comercial
que en apenas tres años fue mudado cuatro veces de edificio. La CSJ de Surundi así lo
dispuso con el propósito de crear un cuerpo de élite acostumbrado a trasladar
expedientes de un lugar a otro para la hipótesis de una eventual guerra y la necesidad de
batirse en retirada.
En Surundi la mayoría de los
abogados/as y procuradores/as pertenecen a la etnia "Suru", hábiles y
resistentes caminadores que pueden permanecer horas enteras sin beber, comer ni inmutarse
siquiera, aguantando estoicamente para pedir sus expedientes y desenvainar sus lanzas y
cuchillos en caso de que los mismos no se encuentren en la letra.
De su lado, los judiciales son
mayormente de extracción "Undi", lo que les permite utilizar su elevada
estatura para buscar diestramente causas ubicadas a más de tres metros del piso y exhibir
una cara de máscara ritual a la hora de proporcionar información al público y poder
defenderse de los ataques de los Surus.
Para facilitar la procuración, la
Dirección Nacional de Safaris de Surundi provee a los abogados de simpáticas Kombis que
atraviesan la jungla tribunalicia y unen las distintas reparticiones diariamente. Por unas
pocas monedas, los profesionales pueden deshidratarse cómodamente, ver cómo se demora el
trayecto y no llegan a horario a las audiencias ni siquiera con la media hora de espera. A
su llegada, tienen que hacer una cola de 20 minutos para tomar el ascensor o efectuar un
auténtico slalom de cafeteros, testigos, ordenanzas, etc., y subir seis pisos para llegar
en el preciso instante en que el acta de audiencia ha sido labrada y atento la
incomparecencia de la parte el juez desestimó la prueba ofrecida.
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