HISTORIA 1 EN SURUNDI

     En Surundi los edificios de los tribunales se inclinan en una original reproducción sudaca de la torre de Pisa por el devastador peso de los expedientes. Según el grado de inclinación las pilas de cuerpos son transportadas de un extremo al otro del edificio al comienzo de cada estación y de acuerdo al índice de lluvias, nevadas o el grado de humedad se los corre para obtener un mejor estacionamiento.

       El arancel que fija el colegio de abogados para litigar en juicio es de u$s 6,50.-, y la matrícula anual ronda los u$s 80.- Sin embargo, los profesionales no cuentan con obra social, ni tienen descuentos en los comercios y ni siquiera tienen una sede deportiva para matar las horas con un picadito entre audiencia y audiencia.

     Los abogados en lugar de usar la tradicional guayabera o las populares t-shirts, deben efectuar la procuración encorsetados en ridículos trajes y lucir corbata sin excepción. Si la sensación térmica es de 50 grados centígrados, el hedor que exhalen sus glándulas sudoríferas será directamente proporcional a la atención que le dispensen los Juzgados y los colegas.

     Existen algunos juzgados civiles de Surundi que son también llamados los "Crucero del amor". Al compás de los rítmicos movimientos de la cola de gente que aguarda ser atendida en la Mesa de Entradas, una enorme cantidad de procuradoras mujeres ha quedado embarazada de manera furtiva e inesperada. También allí han proliferado las parejas al amparo de una tediosa espera de no menos de 50 minutos, tiempo más que suficiente para presentarse, conocerse, simpatizar y consumar el acto de amor con la vecinita/o de al lado. Se ha demostrado estadísticamente que ello ocurre generalmente en el horario de las 10:30 a 12:30 horas.

     Si un abogado/a quiere obtener copia de un despacho del Tribunal, debe adosar a su maletín o suitcase una resma de papel A-4 para que puedan imprimírselo, ya que en el Poder Judicial Surundanés escasean los papiros, auténticos insumos de lujo y/o colección.

     La capacitación de los integrantes de Mesa de Entradas es en la mayoría de los casos insuficiente. A modo estadístico, uno de cada tres funcionarios surundianos está en condiciones de atender al público, otro sólo sabe preparar café para sus compañeros y el restante se limita a comprar facturas o a hablar por teléfono con amigos y/o parientes residentes en Uruguay, Botwsana o Córdoba, Argentina.

     Algunos elegidos desarrollan una aptitud motriz apta para coser por minuto un promedio de cinco hojas por expediente, ya que las acordadas surundanesas en vigencia así lo disponen.

     El horario de atención al público en Surundi es de 07:30 a 13:30 horas. Pero si los/las colegas concurren a primera hora del día a los Juzgado jamás encontrarán al personal del Juzgado que buscan y será toda una rareza poder conversar con los secretarios y/o jueces. Si por acaso se concurre a media mañana, los oficiales inexorablemente toman audiencias. Vaya a última hora: estarán echando suertes con sus compañeros para determinar quién será el desdichado que abrirá el Juzgado al día siguiente.

      Si un letrado tiene la mala idea de tratar de desarchivar un expediente, deberá ocupar su agenda durante catorce días hábiles consecutivos para poder cumplimentar con los requisitos exigidos, esto es:

a) pedir en el Juzgado el libro de archivo, desempolvar las telarañas y localizar el expediente;

b) Comprar una estampilla de U$s 2 y averiguar en las catacumbas del Archivo General Surundanés el Nro. de Legajo;

c) Presentar un escrito en el Juzgado denunciando los datos;

d) Esperar a que se provea;

e) Sacar el escrito despachado de la canastilla;

f) Dejar un oficio a confronte;

g) Retirar el oficio y explicarle al funcionario que S.S. se olvidó de firmarlo;

h) Presentarlo en la ventanilla del Archivo General y por fin;

i) calcular unos dos o tres meses para que el expediente sea puesto en letra. En caso de extravío inexorablemente debe reiniciar el procedimiento sin omitir punto alguno. Si se equivoca, es Ud. el único responsable, así que no patalee.

     Cuentan los colegas que el hacinamiento en los Tribunales laborales de Surundi es brutal. Incluso hay un lugar que lleva por título "El triángulo de las Bermudas". Nadie sabe cómo, allí desde hace años desaparecen súbitamente los expedientes, los mismísimos clientes y los propios letrados. El misterio aún no ha sido develado, pero el fenómeno sigue en auge y no deja de tener su encanto turístico-masoquista.

     Existe un Juzgado Comercial que en apenas tres años fue mudado cuatro veces de edificio. La CSJ de Surundi así lo dispuso con el propósito de crear un cuerpo de élite acostumbrado a trasladar expedientes de un lugar a otro para la hipótesis de una eventual guerra y la necesidad de batirse en retirada.

     En Surundi la mayoría de los abogados/as y procuradores/as pertenecen a la etnia "Suru", hábiles y resistentes caminadores que pueden permanecer horas enteras sin beber, comer ni inmutarse siquiera, aguantando estoicamente para pedir sus expedientes y desenvainar sus lanzas y cuchillos en caso de que los mismos no se encuentren en la letra.

      De su lado, los judiciales son mayormente de extracción "Undi", lo que les permite utilizar su elevada estatura para buscar diestramente causas ubicadas a más de tres metros del piso y exhibir una cara de máscara ritual a la hora de proporcionar información al público y poder defenderse de los ataques de los Surus.

    Para facilitar la procuración, la Dirección Nacional de Safaris de Surundi provee a los abogados de simpáticas Kombis que atraviesan la jungla tribunalicia y unen las distintas reparticiones diariamente. Por unas pocas monedas, los profesionales pueden deshidratarse cómodamente, ver cómo se demora el trayecto y no llegan a horario a las audiencias ni siquiera con la media hora de espera. A su llegada, tienen que hacer una cola de 20 minutos para tomar el ascensor o efectuar un auténtico slalom de cafeteros, testigos, ordenanzas, etc., y subir seis pisos para llegar en el preciso instante en que el acta de audiencia ha sido labrada y atento la incomparecencia de la parte el juez desestimó la prueba ofrecida.