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"Cruzar
la calle con los ojos cerrados es malo, pero no cruzarla nunca para evitar
un eventual accidente es
igualmente malo":
Los negociadores suelen tener un
dilema: ¿cuánta confianza o cuánta desconfianza administrar y en qué
dosis en cada negociación? Algunos parten del presupuesto de la no
confianza como norma y sólo como excepción lo contrario. Muchos
negociadores expertos y fogueados en las lides de tratar habitualmente con
gente de “negocios” afirman que la ingenuidad no es buena consejera.
Otros aplican duramente la ley del Talión,
desconfianza por desconfianza . Podemos encontrar otra categoría que
adhiere al juego sucio también llamado estilo de los “contra-valores” o
“valores de la contracultura”.
Pero ¿qué son la confianza y
la desconfianza? Sólo estados mentales. Por eso, por ser estados mentales
que luego se traducen en hechos, cada uno de nosotros está en condiciones
de mejorar o empeorar su propia conducta, como fuente de confianza o de
desconfianza. Analicemos nuestra manera de conducirnos: a) ¿Cuál es
nuestro nivel de previsibilidad? ¿Podrían
los demás saber de antemano cuál será nuestra reacción? ¿Podrían
anticipar nuestro comentario? O pertenecemos al grupo de gente cuya actuación
es impredecible, aún para sí mismo, por indecisión, por confusión o por
inestabilidad. b) ¿Cuán de precisa es nuestra manera de comunicar? ¿Cómo
trasmitimos nuestros mensajes? ¿Son unívocos o pueden sufrir tantas
interpretaciones como receptores haya? ¿ Ponemos el suficiente énfasis
para esclarecer las dudas o creemos que es la poca inteligencia del otro la
culpable del mal entendido? c) También cabría analizar qué hacemos con
nuestras promesas ¿Las cumplimos cualquiera sea el costo de tal
cumplimiento? ¿Una promesa implica una obligación o es una manera más de decir “tal vez”? d) ¿Aceptamos
mentir? ¿Por qué causa, motivo, razón o circunstancia? ¿Por razones
“profesionales”?, ¿Porque queremos proteger al otro? ¿Por cuestiones
económicas?.
Analizar
todos estos indicadores nos permitirán descubrir cuán fiables resultamos a la hora de negociar, con qué nivel de
credibilidad actuamos y cómo nos ven los otros. Podemos adoptar algunas
reglas básicas para acrecentar nuestro rol de negociador ético: Ser
sincero, cumplir lo prometido, hablar claramente y
actuar de manera previsible. Muchas veces las personas dudan de esta
regla tan simple como decir la verdad, sienten que quedan indefensos
y en manos de su adversario. Decir verdad es tanto como no mentir, aún
cuando no sea toda la verdad, todo cuanto decimos debe ser verdad. Suelo
decir cuando mis oyentes sonríen irónicamente sobre este item ¿les ha
sucedido alguna vez disculpar, perdonar o superar una infidelidad? ¿Qué
ocurrió después con esa relación? Algo semejante pasa en una negociación
cuando se descubre una mentira: se instala la duda . Para educar
a un niño debemos ser fieles cumplidores de lo prometido, tanto en
premios cuanto en castigos. Este será el patrón que modelará su conducta.
De igual modo con nuestro co-negociador. Debemos empezar cumpliendo pequeñas
cosas, como respetar la hora de encuentro programada, para instalar la
credibilidad. Otro tanto sucede con el mensaje que intento dar a mi
interlocutor. Asegurarme que he sido claro, comprendido, que mi mensaje es
igual para emisor y receptor. Nuestra conducta no debe ser una galera de
mago que siempre depara sorpresas, sería inapropiado en el mundo de los
negociadores. Y en relación con nuestro socio en la negociación ¿Podríamos
evaluar la conducta de nuestro co-negociador? ¿Cómo actúa? ¿Es
excesivamente confiado o confía demasiado poco?
Cruzar la calle con los ojos cerrados es malo, pero no cruzarla nunca
para evitar un eventual
accidente es igualmente malo. Lo que sí podemos hacer es ayudar a construir
una relación fiable y de esta manera habilitarnos mutuamente en el cruce de
la calzada.. Hay algunas claves
para reducir riesgos. Por ejemplo: La relación entre el propietario y el inquilino
no se verá afectada por solicitar como previo a la firma del contrato
garantes y analizar los títulos de las propiedades, esto es prevenir
riesgos. También confiar
en la otra parte sin transformarnos en persecutorios obsesivos; recuerde: si
usted siempre corrobora personalmente todas las tareas que me confía
concluiré por despreocuparme de la calidad de la misma o romperé la relación.
Si a una cita de negocios la otra parte llega tarde y usted muy enojado
agrede a la persona , no colabora en la construcción de la fiabilidad.
Suele ser mejor tomar la situación como algo común y tratar de resolver de
una manera colaborativa para que
no se repita en el futuro: “¿deberé agendar
recordarle con anticipación nuestra cita?” “Creí que había
quedado clara la hora de encuentro. La próxima cita nos cuidaremos de
esclarecerla ” Nuestro socio en la negociación debe recibir elogios
cuando se lo merece y críticas cuando son necesarias .Y en ambos casos
el tema es la acción puntual y no la persona. Si dos ejecutivos de
una misma empresa compiten por la gerencia vacante, es lógico que sus
intenciones sean opuestas, lo cual no significa que sean poco honrados ni
malas personas. Importa ser sinceros.
Hay personas que son más formales y otras no tanto. Tal vez a usted le
gustaría negociar con personas altamente previsibles y probas, pero ambos
conceptos no significan lo mismo. Por eso a veces decimos “poco probo”
de quien no es formal ni previsible. Por ello los teóricos de la negociación
afirman que la confianza de un negociador se basa en el análisis
de riesgos.
Analizar
riesgos es tanto como tener esclarecidos los intereses en juego, cómo son
valorados por ambas partes, sopesar los pros y los contras, costos y
beneficios probables. Hay circunstancias en las que es bueno arriesgar, por
ejemplo, subir al bote con un desconocido y no ahogarse en el naufragio. La
confianza es un análisis de riesgos y no una cuestión moral. Suele suceder
que la desconfianza invada una relación por una variable externa a las
partes, tal es el caso de las actividades monopólicas,
que generan desconfianza y posibilitan la corrupción. Debemos
valorar más los sistemas que premian la fiabilidad y ayudan a construir
relaciones en igual sentido. Es más sencillo confiar en un proceso que en
una persona. Contar con un poder judicial respetable y respetado,
seguramente facilita negociar, aún con el más poderoso. Porque el sistema
es confiable. Y para hacer un sistema confiable debemos contar con personas
confiables. Para ser persona confiable,
se necesita ser fiable,
sincero, previsible y colaborador. Y en este sentido el único que puede
hacer de cada uno el mejor negociador, es uno mismo... "ni
las vidas ni las cestas se llenan solas de tesoros"
dijo Nasrudín a Abdul Alí, cuando
fue a pedir ayuda al mulá
confiando que también esta vez
la cesta con dinero para socorrer al necesitado estaría a su disposición.
Pero Nasrudín recordaba perfectamente que hacía un tiempo Abdul Alí
había mentido al describir su estado de necesidad, había vaciado la
cesta apropiándose de las
monedas y había incumplido con
su promesa de restituirlas en la próxima vendimia.
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