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Esta presentación tiene como objetivo responder al
interrogante acerca de la relación entre el trabajo y la identidad del
hombre a partir de la metaepistemología, que presupone la
complementariedad entre la epistemología del sujeto cognoscente y la del
sujeto conocido, recorriendo, a través de los resultados de
investigaciones ya realizadas, cuatro diferentes ámbitos de reflexión:
1) el de los que reflexionan acerca del trabajo; 2) el de las
representaciones creadas acerca del trabajo; 3) el del trabajo y sus
condiciones, y 4) el de los que trabajan. Se centra en este último ámbito
y se recupera la autodefinición de la identidad realizada por los
trabajadores. Concluye proponiendo la liberación de esos mismos ámbitos
a través de la noción de obra como diferente a la del trabajo en su
dimensión histórica, afirmando que éste no ha contribuido sino a
degradar las dimensiones esencial y existencial de la identidad del
hombre.
"Trabajad no por la comida que perece..." (Juan 6,27)
1. LOS PRESUPUESTOS EPISTEMOLOGICOS
Esta reflexión, surgida de las distintas investigaciones a cuyos
resultados aludiré, se ha realizado de acuerdo con la perspectiva de la
metaepistemología. Esta perspectiva se caracteriza por unir y
complementar la epistemología del sujeto cognoscente (1.1) con la del
sujeto conocido (1.2) dado que estos sujetos, sus acciones, sus obras, sus
relaciones, sus situaciones y los procesos que originan, con los que
contribuyen o a los que intentan impedir o modificar, son los que,
precisamente, constituyen el centro de los estudios de las ciencias
sociales.
1.1. LA EPISTEMOLOGIA DEL SUJETO COGNOSCENTE
A nivel de esta epistemología, y como ya lo hemos expuesto en
anteriores trabajos [Vasilachis de Gialdino, 1992 a)], la reflexión que
se promueve tiene como finalidad la elucidación de los paradigmas
presentes en la producción de las ciencias sociales. Estos paradigmas son
definidos como los marcos teórico-metodológicos utilizados por el
investigador para interpretar los fenómenos sociales en el contexto de
una determinada sociedad, y dicha reflexión concluye que en las
citadas ciencias coexisten en la actualidad, predominantemente, tres
paradigmas, dos de ellos consolidados, el materialista-histórico y el
positivista, y un tercero -el interpretativo- en vías de consolidación.
Cada uno de estos paradigmas suscita una distinta reflexión epistemológica
y todos ellos están en la base de los diversos modelos interpretativos
empleados por los hablantes para describir textualmente la realidad.
Dado que el paradigma interpretativo no está aún consolidado,
enunciaremos los que, para nosotros, son sus cuatro supuestos básicos,
los que se vinculan, específicamente, con la consideración, el lenguaje
como un recurso y una creación como una forma de reproducción y producción
del mundo social [Vasilachis de Gialdino, 1992, b)]. Estos supuestos son
los siguientes:
a) La resistencia a la "naturalización" del mundo
social: a diferencia de la naturaleza, la sociedad es una producción
humana respecto de la que el análisis de los motivos de la acción, de
las normas, de los valores y de los significados sociales prima sobre el
de la búsqueda de la causalidad, de las generalizaciones y de las
predicciones asociadas al mundo físico y de los estados de las cosas.
b) La relevancia del concepto de mundo de la vida: este mundo
constituye el contexto en el que se dan los procesos de entendimiento,
que proporciona los recursos necesarios para la acción y que se
presenta como horizonte, ofreciendo a los actores patrones y modelos de
interpretación.
c) El paso de la observación a la comprensión y del punto de
vista externo al punto de vista interno: la comprensión de la
realidad simbólicamente preestructurada de cada contexto requiere la
función participativa del intérprete que no "da" significado
a las cosas observadas sino que hace explícita la significación
"dada" por los participantes.
d) La doble hermenéutica: los conceptos de segundo grado
creados por los investigadores para reinterpretar una situación que ya
es significativa para los participantes son, a su vez, utilizados por
los individuos para interpretar su situación, convirtiéndose, en
virtud de esa apropiación, en nociones de primer orden. Entiendo que,
por su parte, el proceso de triple hermenéutica se produce
cuando los investigadores preinterpretan las situaciones sociales que
analizan de acuerdo con los modelos interpretativos vigentes en el
discurso oficial, y reproducidos mayoritariamente, como hemos observado,
por la prensa escrita [Vasilachis de Gialdino, 1997 b)], y cuando, a su
vez, los actores sociales emplean esa preinterpretación para comprender
y definir su situación, y determinar su capacidad y posibilidad de
modificarla.
Estimo que estos supuestos básicos del paradigma interpretativo
requieren de una nueva lectura, a la luz de los postulados de la
epistemología del sujeto conocido que desarrollaremos en adelante, y que,
justamente, esa nueva lectura está en el centro de la reflexión que le
compete a la metaepistemología.
1.2. LA EPISTEMOLOGIA DEL SUJETO CONOCIDO
Necesario es recordar que ésta surge como resultado de los límites de
las formas de conocer -a las que denominamos paradigmas-, reconocidas por
la reflexión epistemológica centrada en el sujeto cognoscente (1.1) para
dar cuenta de las trayectorias, de las aspiraciones, de las privaciones
del sujeto conocido, en este caso, los pobres que definen su domicilio
como "en la calle". El estudio de la trayectoria de éstos es
parte del proyecto de investigación "Pobreza extrema en la Ciudad de
Buenos Aires", que estamos desarrollando en la actualidad. A lo largo
del trabajo de campo observé especialmente cómo estas personas se
resisten a ser categorizadas, estereotipadas y que, en la medida en que más
se les permita manifestarse, mostrarse, revelarse, mayor será la conmoción
que sufra el investigador y más evidentes se le harán los límites de
los mencionados paradigmas. Así, podemos resumir de la siguiente manera
los presupuestos de la epistemología del sujeto conocido que surgen de la
citada investigación:
a) en lo que hace a la capacidad de conocer, esta epistemología
parte del principio de la igualdad esencial entre los hombres y de la
identidad común del que conoce y del que es conocido y, por tanto,
considera al conocimiento como una construcción cooperativa;
b) respecto de las formas de conocer, propone la disolución,
el desmembramiento, la dispersión y la anulación de los paradigmas, en
cuanto impongan límites a la manifestación del sujeto conocido en toda
su esencia e identidad;
c) en lo que se refiere al alcance del conocimiento, la
posibilidad de ese sujeto de manifestarse integralmente conduce a la
resistencia a conceptualizaciones, categorizaciones, y tipologizaciones
de ese sujeto por medio de nociones previas y/o parciales respecto de su
identidad;
d) en cuanto a la validez del conocimiento, se estima que el
conocimiento científico no es más que una forma socialmente legitimada
de representar la realidad, y se le acuerda significación central a la
representación "privilegiada" de los actores sociales, y
e) con relación al desarrollo del conocimiento, propone
nuevas formas de conocer, con capacidad tanto para dar cuenta de la
igualdad esencial, y de la diferencia existencial propia de los seres
humanos, como para evitar que sean consideradas como esenciales sus
diferencias existenciales, ya que considera a la identidad humana como
provista de un componente común de índole esencial y de otros
componentes diferenciales de carácter existencial [Vasilachis de
Gialdino, 1999 a)].
2. LOS CUATRO AMBITOS EN LOS QUE PUEDE CENTRARSE LA REFLEXION
ACERCA DEL TRABAJO
Habitualmente, la reflexión acerca del trabajo se realiza en el
interior de un determinado ámbito, y de acuerdo con los presupuestos
epistemológicos y metodológicos propios del mismo, sumados a los
condicionamientos históricos, políticos y económicos de quien realiza
la reflexión. Si la determinación de los límites y alcances de este
espacio de reflexión no se expresan claramente, se corre el riesgo de
extender las conclusiones obtenidas a contextos sociales diferentes, y de
aplicarlas a otros cuyos análisis y reflexiones deberían estar más
condicionados por la naturaleza de las situaciones, los sujetos y las
relaciones estudiados empíricamente que por la presuposición de
tendencias y procesos de índole universal cuando no ineludible.
Baudillard (1993) advierte, precisamente, sobre los riesgos del
evolucionismo dominante, que supone que hay una línea de progreso
objetivo, cuyas etapas supuestamente todos deberían recorrer y que
constituye, para este autor, la peor de la ideologías coloniales. Con
similar sentido, Vattimo (1989, 1992) concibe a la posmodernidad como un
modo diverso de experimentar la historia y la temporalidad misma, como un
entrar en crisis de la legitimación historicista, que se basa en una pacífica
concepción lineal-unitaria del tiempo histórico. Es decir que, para esta
orientación, las vicisitudes humanas ya no pueden ser interpretadas como
estando insertas en un curso unitario dotado de un sentido determinado.
Nuestra civilización está dominada, para Vattimo (1990), por un proceso
de homogeneización, por una condición de deshumanización en la que el
"desierto crece" a causa de la occidentalización y de la
uniformidad -técnica, capitalismo, imperialismo-, perdiéndose el respeto
a uno mismo, que está anclado en la confianza en nosotros mismos como
miembros de una sociedad, plenamente competentes y capaces de proseguir
una concepción digna del bien durante toda una vida.
Considerando lo apropiado de la aplicación de estas nociones al
planteamiento del problema que nos ocupa, entiendo que se pueden
distinguir cuatro ámbitos diferentes, a partir de los cuales reflexionar
acerca del trabajo: a) el de aquellos que elaboran esas reflexiones
constituyéndose, en términos de la metaepistemología, en sujetos
conocidos de quienes intentasen indagar acerca de "quiénes",
"por qué", "para qué" y "para quién"
producen conocimiento acerca del trabajo y de sus relaciones construyendo
al "trabajo" a través de una sólida formación discursiva; b)
el del conjunto de representaciones predominantemente de carácter textual
y de índole filosófica, científica, económica, política, mediática,
entre otras, relativas al trabajo que, a lo largo de la historia, han
influido, a la vez, sobre el quehacer de los que se interesan acerca del
sentido y de las formas de ser del trabajo, y sobre el desarrollo de la
existencia, y sobre las posibilidades de participación de aquellos otros
cuya identidad y actividad es referida en esas mismas representaciones; c)
el del trabajo en sus diversas formas, analizando sus condiciones, sus
procesos, el carácter de sus relaciones y la regulación de éstas; d) el
de los que realizan el trabajo en sus diversas expresiones, que
reflexionan cotidianamente sobre su labor y las condiciones en las que se
desarrolla y cuya voz, en la mayoría de los casos no es escuchada y, por
tanto, no puede contribuir a la construcción ni dialéctica ni dialógica
del significado.
De esta suerte, las representaciones creadas para aludir al trabajo (b)
median entre el trabajo (c) y los que reflexionan acerca de él (a), y
entre ese trabajo (c) y los que trabajan (d), pudiendo esas
representaciones consistir en un recurso tanto para liberar al hombre de
las opresiones que han signado la historia del trabajo como para
contribuir a que esas mismas opresiones se vean naturalizadas y se
transformen en el necesario precio del salario.
Emprenderé un recorrido por esos diversos ámbitos haciendo referencia
a las investigaciones que he realizado, y que se ubican en ellos, y me
centraré en el ámbito de los trabajadores (d), recuperando su voz para
indagar acerca de la relación entre el trabajo y la identidad.
2.1. LOS QUE REFLEXIONAN ACERCA DEL TRABAJO
Los que reflexionan acerca del trabajo, de su futuro, de su sentido en
vinculación con la esencia y/o la identidad del hombre, se ven, muchas
veces, sometidos a las representaciones acerca del trabajo que otros han
creado antes que ellos y que se ven forzados a reproducir, sea para
cuestionarlas, sea para superarlas, sea para incorporarlas como propias a
fin de dar cuenta de la validez del conocimiento que contribuyen a
producir fundada esa validez, en el presupuesto del carácter acumulativo
y progresivo del conocimiento. La producción científica de conocimiento
es aceptada como tal, por lo general, en la medida en que cumpla con las
reglas que, a nivel de la comunidad académica, se supone deben orientar
esa producción. Sin embargo, cuando las teorías filosóficas, políticas,
sociológicas, económicas, entre otras, se transforman en dogmas y sus
principios aparecen como incuestionables, terminan por desprenderse, a la
vez de los contextos "en los que" y "para los que"
fueron elaboradas, del sujeto que las creó y de los propósitos de esa
creación.
El reconocimiento a estas teorías de un valor "fundante" de
las futuras especulaciones cierra el camino a planteamientos de orden
tanto ontológico como epistemológico. Así, por ejemplo, respecto de la
sociología, la dificultad de romper con las nociones de trabajo aportadas
por el materialismo marxiano y marxista, por las diferentes y actuales
formas que asume el positivismo y el funcionalismo, y la resistencia a
incorporar a este debate las posturas interpretativas y constructivistas,
da cuenta de la exigencia, aún no reconocida, de la investigación
centrada en la trayectoria, los compromisos, y los intereses de quienes
reflexionaron y reflexionan acerca del trabajo.
Oportuno es recordar la prevención de Baudrillard (1983) acerca del
imperialismo de los códigos y de los conceptos críticos que, desde el
momento en que se constituyen en lo universal, dejan de ser analíticos y
comienzan la religión del sentido. Pasan a ser canónicos, y entran en el
modo de reproducción teórica del sistema general, en ese momento
obtienen su investidura científica y se convierten en signos:
significantes de un significado real, dejan de ser conceptos y abandonan
la esfera de la interpretación para pasar a la de la verdad. Así, por
ejemplo, el discurso por medio del que se sostiene que el hombre es histórico,
que la historia es dialéctica, que la dialéctica es el proceso de la
producción -material-, que la historia es la de los modos de producción,
constituye un discurso -un código- científico y universalista que se
torna, para Baudrillard, inmediatamente imperialista. En suma, para esta
perspectiva, no sólo hay explotación cuantitativa del hombre, como
fuerza productiva por el sistema de la economía política, sino también
sobredeterminación metafísica del hombre, como productor, por el código
de la economía política. Recordemos, por ejemplo, cómo en la Argentina
en la última década las ciencias sociales han incorporado términos
tales como "ley del mercado", "costo laboral",
"flexibilización", "competitividad",
"modernización" y "cambio estructural". Por medio de
esos términos -acompañados de sus fundamentos teóricos-, la ideología
neoliberal se cubre con los ropajes del progreso indefinido, escondiendo
el presupuesto del darwinismo social.
Al mencionado riesgo del imperialismo de los códigos y de los
conceptos críticos se suma la presuposición de que sólo algunos sujetos
tienen el "saber" legitimado para generar representaciones
discursivas, no específicamente sobre su propio trabajo sino sobre el
trabajo de otros. Ese peligro radica en la implícita aceptación de una
forma de diferenciación social basada no ya sobre la posesión de bienes
materiales sino simbólicos. Este consentimiento llevaría a desconocer la
capacidad de todo hombre y mujer de todos los hombres y mujeres de
reflexionar sobre su actividad, y sobre el sentido de ésta en relación
con su identidad y con la posibilidad de modificar el orden de relaciones
sociales que impide o menoscaba el despliegue de esa identidad. Es en la
admisión de esa capacidad en la que basaré mi reflexión sobre la obra y
su diferencia con el trabajo.
Coincido con Foucault en que: a) el discurso no es simplemente aquello
que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por
lo que y por medio de lo cual se lucha aquel poder del que
quiere uno adueñarse, y b) la unidad de los distintos enunciados está
dada más por la forma en la que los diversos objetos se perfilan, se
transforman y se constituyen que por la referencia a un solo y mismo
objeto. No obstante, a diferencia de este autor, me interesan determinar
las representaciones que pueden haber detrás de los discursos e
identificar tanto a quienes los producen como el "cuándo",
"cómo", "con qué", "para qué" y
"para quién" esos discursos fueron producidos (Foucault, 1970,
1984, 1987).
De esta manera, las múltiples reflexiones textuales acerca del trabajo
componen una formación discursiva en la que los diversos textos
configuran una singular querella, un enfrentamiento, una relación de
poder, una batalla de discursos y a través de discursos (Foucault, 1983).
Esta formación construye como objeto al trabajo, a sus condiciones, al
carácter de sus relaciones y este objeto termina por sustituir al trabajo
concreto por la representación discursiva acerca de él que sólo pueden
elaborar los que tienen "poder de decir" algo sobre el trabajo,
introduciéndolo transformado y pulido en el conjunto de modelos
interpretativos del mundo de la vida.
Una profunda observación de las representaciones creadas en los últimos
años sobre el mundo del trabajo en los espacios académicos, políticos y
técnicos me permite afirmar que se ha optado por reproducir los modelos
interpretativos que vinculan al trabajo con la subsistencia de las formas
de producción y distribución capitalistas con muy escasa incorporación
de modelos interpretativos alternativos. Estos modelos son los que
intentan producir un cambio en el horizonte de significado (Habermas,
1990), y buscan problematizar la verdad, la rectitud normativa y la
veracidad de los criterios de validez con los que los hablantes que
esgrimen el modelo predominante se refieren al mundo físico, social y
subjetivo, respectivamente. Necesario es recordar que, respecto del mundo
laboral, la mayor parte de los que trabajan no tienen libertad
comunicativa (Habermas, 1998), es decir, no pueden como iguales y libres
[Habermas, 1991, 1997 b)] colaborar cooperativamente en la búsqueda de la
verdad oponiendo diferentes criterios de validez.
Como apuntamos, sólo algunos miembros de la comunidad tienen un acceso
privilegiado a ese mundo de la vida, y es sobre los supuestos, fundamentos
y procesos de legitimación de estos privilegios en que se debería
indagar en profundidad, para lo cual estimo que la metaepistemología podría
contribuir ubicando en la epistemología del sujeto cognoscente la
producción científica acerca del trabajo y haciendo del científico, del
sujeto que conoce, el sujeto conocido de una otra indagación acerca de
sus presupuestos gnoseológicos y ontológicos, acerca de sus métodos, de
los conceptos que aplica y/o crea, acerca del contexto histórico-social
de su producción y acerca de sus propósitos, compromisos, propuestas en
relación con la modificación o la conservación del orden social
vigente, y de las teorías o paradigmas aptas para acceder a su
conocimiento.
De acuerdo con las anteriores formas de conocer, en la que señalamos a
los tres paradigmas predominantes, y que ubicamos en la epistemología del
sujeto cognoscente, el valor de las contribuciones de quienes reflexionan
acerca del trabajo es independiente de la actitud ética, de la ubicación
social y de los compromisos políticos, laborales, e institucionales de
quienes generan esas reflexiones. Asimismo, en consonancia con el
presupuesto de la objetividad, de la necesaria separación y distancia
entre "el" que conoce y "lo" que es conocido, no es
relevante el hecho de que el que conoce haya o no trabajado, o de que lo
haya hecho para los órganos del gobierno en procesos de desregulación
laboral y de desconocimiento de derechos humanos fundamentales o que sus
actividades estén financiadas por determinados organismos internacionales
o nacionales, o por ciertas organizaciones productivas. Para la
epistemología del sujeto conocido, estas circunstancias son de carácter
fundamental, dado que como su presupuesto es el principio de igualdad
esencial entre los hombres, carecerían de relevancia los aportes de
aquellos que, por medio de su actividad, hubiesen contribuido a violar ese
principio o a legitimar de una u otra manera su violación.
Los que reflexionan sobre el trabajo deberían, asimismo, meditar
acerca de si con sus propuestas y actividades construyeron murallas para
permanecer adentro de las ciudades sitiadas por el hambre y la miseria o
si, por el contrario, ayudaron a destruir esas murallas y a mostrar la
injusticia de toda discriminación, de toda negación, de todo olvido del
"otro".
Esas murallas, que con sus múltiples representaciones acerca del
trabajo las ciencias sociales del trabajo también han ayudado a
construir, median entre el que trabaja y su propia realidad, y le impiden
ver lo que ha de ser visto, esto es, su capacidad de modificar y crear la
historia, y además le impiden verse a sí mismo, indagar en su interior,
y reconocer su aspiración de trascendencia y su verdadera esencia, esa
que lo identifica como hombre o mujer, y lo iguala al resto de los hombres
y mujeres.
La asimilación del trabajo a la identidad del hombre sin distinguir al
trabajo en su dimensión histórica de aquél otro que podría tener una
función liberatoria le muestra al trabajador una imagen de sí recortada,
reducida, maniatada, esclavizada, sumergida, apropiada a las llamadas
necesidades del mercado, a la competitividad, a los nuevos paradigmas
productivos, los que están en total contradicción con los nuevos
paradigmas epistemológicos que buscan mostrar cuánto es, cuánto puede y
cuánto sabe el trabajador.
2.2. LAS REPRESENTACIONES CREADAS ACERCA DEL TRABAJO
En esta contribución no me ocuparé sino de aludir a aquellas
representaciones acerca del trabajo que surgen de indagaciones que he
llevado a cabo en distintos momentos. En estas investigaciones me he
ocupado de analizar las representaciones creadas, sea a nivel de la teoría
sociológica, sea a nivel de la doctrina laboral frente al proceso de
flexibilización que tuvo lugar en la Argentina a partir de 1989, sea a
nivel del discurso político y la prensa escrita en vinculación con ese
proceso. Aludiré sintéticamente a esas investigaciones.
La investigación acerca de los aportes de la teoría sociológica
en vinculación con el mundo del trabajo se realizó de acuerdo al
presupuesto de la coexistencia de paradigmas en las ciencias sociales
-materialista-histórico, positivista e interpretativo-, concluyéndose
que dicho presupuesto tiene las siguientes consecuencias:
1. Permite observar al mismo tiempo: a) al conjunto de las relaciones
de conflicto y de oposición vigentes en el mundo del trabajo, surgidas
tanto por la propiedad de bienes de producción como por la posesión de
bienes de carácter simbólico, esto es, contemplar las diversas formas
de alienación económica y/o social derivadas de la copresencia de
distintos sistemas de jerarquización social y de dominación; b) al
tejido de mecanismos de integración de esos conflictos al orden social
y c) a la construcción, a la definición y a la caracterización de
esos conflictos por los grupos e individuos en el contexto de la
sociedad, participando todos ellos, a su vez, en la construcción de ese
contexto.
2. Abre el acceso al mundo del trabajo a partir de la perspectiva de
los propios actores involucrados, de sus prácticas y de sus
representaciones, pudiéndose así establecer el grado en el que los
modelos interpretativos de la realidad predominantemente difundidos son
incorporados por los propios actores para comprender su situación, para
evaluar la posibilidad de su modificación y para definir las
estrategias futuras.
3. Conduce a reubicar a la temática propia de la sociología del
trabajo en el marco de problemática de la sociología general,
extendiendo, de tal suerte, los límites del mundo del trabajo hacia el
contexto de la sociedad global a fin de acceder tanto a los hechos, fenómenos
y procesos ligados al trabajo, como a las formas de privación, exclusión
y marginación consecuencia del desempleo el que, a su vez, influye
negativamente en las condiciones de trabajo. Esta reinstalación de la
sociología del trabajo llevaría, a su vez, al cuestionamiento de toda
interpretación del mundo del trabajo de acuerdo con un único
presupuesto nomológico de carácter necesario, natural e inevitable, ya
se trate de la ley dialéctica, de la evolución, del progreso, del
desarrollo y del mercado, entre otras (Vasilachis de Gialdino, 1995).
El análisis de las representaciones creadas por la doctrina laboral
frente al proceso de reducción de la protección legal de las condiciones
de trabajo me permitió sostener que las diversas posiciones esgrimidas
por los juristas pueden ubicarse en un "continuum", cuyos
extremos serían los siguientes: mayoritaria aceptación de los modelos
interpretativos propuestos por el discurso oficial para la creación
de la nueva legislación laboral frente a la reducida crítica de esos
modelos y propuesta de la recuperación de los principios del derecho
del trabajo, con fundamento en la vigencia constitucional de la protección
acordada por el derecho convencional internacional relativo a los derechos
humanos (Vasilachis de Gialdino, 1996).
La aplicación del mismo presupuesto de la coexistencia de paradigmas
al estudio de la regulación jurídica de las relaciones laborales en
el contexto de la economía de mercado nos condujo a afirmar que ese
presupuesto tiene importantes efectos en relación con la forma de conocer
la realidad social pero, fundamentalmente, previene respecto de los
riesgos de los dogmatismos, de las ideologías y de los totalitarismos que
afectan, por igual y profundamente, la capacidad de los sujetos sociales
de actuar libremente, de atribuirle sentido a su acción y a la de sus
semejantes, y de reflexionar acerca de la necesidad de transformar o
conservar el mundo social y el sentido de sus relaciones [Vasilachis de
Gialdino, 1999 b)].
La investigación sociológica, jurídica y lingüística sobre las
características que asume la construcción de representaciones
sociales sobre el mundo del trabajo elaboradas por el discurso político y
la prensa escrita a lo largo del proceso de profunda transformación
legislativa que tuvo lugar en la Argentina, en particular entre 1991 y
1996, nos permite sostener que ha habido una convergencia discursiva entre
el discurso oficial y la prensa escrita. De tal forma, la prensa, salvo
limitadas excepciones, reprodujo la retórica del gobierno reiterando el
modelo interpretativo de la realidad con el que éste intentaba justificar
argumentativamente la modificación legislativa que promovía [Vasilachis
de Gialdino, 1997 a), 2000 a)]. Este modelo predominante vinculaba causal
y necesariamente la reducción de los costos laborales con el aumento del
empleo, no habiéndose observado la copresencia de modelos alternativos
como, por ejemplo, el que pusiese a la reducción de la jornada como
condición del aumento de los puestos de trabajo. La imposibilidad de los
trabajadores y/o de sus representantes de cooperar en la construcción y
en la creación de esas representaciones referidas al mundo del trabajo me
llevó a afirmar que más autoritario es un sistema político a medida
que: 1) esa construcción queda, crecientemente, en manos de grupos,
sectores e individuos que tienen un acceso privilegiado al discurso, y 2)
sucesiva y correlativamente, más grupos, sectores o individuos con
intereses contrapuestos a los que imponen un discurso unificador quedan
excluidos de la posibilidad de esgrimir públicamente tanto argumentos
contrarios como propuestas alternativas de organización social y de
distribución de los bienes y del conocimiento [Vasilachis de Gialdino,
1997 b)].
Todas estas representaciones, a las que entiendo como construcciones
simbólicas individuales y/o colectivas a las que los sujetos apelan o las
que crean para interpretar el mundo, para reflexionar sobre su propia
situación y la de los demás, y para determinar el alcance y la
posibilidad de su acción histórica, median entre los actores
sociales y la realidad, y se le ofrecen como recurso: a) para poder
interpretarla, juntamente con su propia experiencia; b) para referirse a
ella discursivamente, y c) para orientar el sentido de su acción social.
En este sentido, tanto los textos de la teoría sociológica como los
de la doctrina laboral, y los del discurso político y de la prensa
escrita, construyen discursivamente representaciones acerca del trabajo,
de sus relaciones y de sus procesos. Esta representación discursiva es más
homogeneizante cuanto más se presupongan en los diversos textos los
mismos modelos interpretativos, los que constituyen el presupuesto
argumentativo textual de los diferentes paradigmas epistemológicos. De
allí la necesidad que hemos esbozado de abrir el horizonte a la
interpretación derivada, a la vez, de esos distintos paradigmas para
terminar por sugerir la complementariedad de éstos, a los que ubicamos en
la epistemología del sujeto cognoscente, con los aportes de la
epistemología del sujeto conocido.
En la medida en que los mismos modelos interpretativos se reiteren,
esas múltiples representaciones constituirán infranqueables paredes
pintadas que, aun los que intentan conocer, confundirán con la realidad.
La inconsistencia de esas paredes será develada sólo si se descubre que
las certezas con las que han sido edificadas sólo lo son para alguna de
las varias formas posibles de conocer, y que su permanencia depende del
reconocimiento de la misma capacidad de conocer al sujeto conocido, en
este caso al trabajador, juntamente con las dos dimensiones: esencial y
existencial de su identidad. Nótese como, en la mayor parte de las
representaciones, no sólo no se reconocen estas dimensiones sino que,
además, se excluye al trabajador de la posibilidad de crear
representaciones de sí y de su grupo que den cuenta de esa identidad, y
de las necesidades inmanentes y trascendentes propias de su realización.
Es frecuente que en la representación que se realiza de los
trabajadores en los textos académicos se recurra a la noción de mercado
para, a partir de ésta, definir a los trabajadores sin empleo o con
empleos precarios, o poco remunerados, por aquello de lo que carecen:
educación, competencias, habilidades, capacidad de adaptación. Difícilmente
se los define por el conocimiento que poseen, por su profesionalidad, por
su destreza. Esta nueva versión del racismo se reproduce cotidianamente
(Van Leeuwen y Wodak, 1999) por medio de las que denominamos acciones
de privación de identidad, porque violan el principio de la igualdad
esencial entre los hombres a través del recurso de mostrar como
esenciales las diferencias que se predican textualmente como existenciales
[Vasilachis de Gialdino, 1999 c)].
2.3. EL TRABAJO Y SUS CONDICIONES
La indagación y la reflexión acerca del trabajo, sus condiciones y su
regulación, no pueden ser reemplazadas por el de la organización
productiva, su conformación, sus estrategias, su cultura, su tecnología,
a riesgo de que la sociología del trabajo se disuelva, como es frecuente
ver en la actualidad -a través de la temática presente en la producción
académica- en la sociología de la empresa, y los fines de ésta terminen
confundiéndose con los de los trabajadores, personificando a aquélla y
cosificando a éstos al considerarlos como meros "recursos"
adaptables y/o renovables.
Nuestras primeras indagaciones acerca de las condiciones de trabajo
(Vasilachis de Gialdino, 1986) se caracterizaban, justamente, por poner al
trabajador en centro de la organización productiva y a la protección de
su salud integral como objetivo de la regulación laboral. Con esta
perspectiva se analizaron y se continúan estudiando la legislación
nacional e internacional, y la jurisprudencia con la que se resuelven las
demandas por accidentes y enfermedades laborales [Vasilachis de Gialdino,
1992 c), 1997 b)]. La discordancia entre los resultados de esas
investigaciones y las representaciones creadas sobre el mundo del trabajo,
para desregularlo y flexibilizar sus relaciones desconociendo derechos
arduamente adquiridos, me llevó a analizar la construcción de
representaciones sociales y sus funciones a nivel del desconocimiento de
la realidad del mundo del trabajo. Una de las funciones más importantes
de esas representaciones fue, justamente, la de modificar el bien jurídicamente
protegido de la relación laboral, que pasó de ser el trabajador a ser el
capital de la empresa. Esta inversión del conflicto se logró mediante la
representación negativa del trabajador, ubicado metafóricamente en la
"periferia" junto a los sindicatos, y la representación
positiva del empleador, ubicado metafóricamente en el "centro"
junto al gobierno. Tal como lo hemos demostrado [Vasilachis de Gialdino,
1997 b)], esta formación discursiva justificó la actual regulación
laboral, que discrimina negativamente al trabajador y positivamente al
empleador, eximiéndolo, por ejemplo, de la responsabilidad tanto objetiva
como subjetiva por los accidentes y enfermedades laborales.
Además, si comparamos el listado de enfermedades profesionales
indemnizables en la legislación actual con los resultados de nuestras
investigaciones empíricas sobre la jurisprudencia en materia de
enfermedades y accidentes laborales encontramos que el 45% de las
enfermedades laborales que se demandaban judicialmente en los años
1982-1985, el 46,6% de las enfermedades demandadas en los años 1990-1992
y el 55% de las dolencias profesionales por las que se reclamaba reparación
en los años 1990-1994 quedan desprovistas de reparación y, por lo tanto,
de prevención, por no estar reconocidas como profesionales en dicho
listado taxativo.
Por otro lado, las normas mínimas en materia de seguridad e higiene en
el trabajo vigentes a partir de 1996 tienen menor alcance preventivo y
protectorio que las que regulaban las condiciones de trabajo en aquellos
convenios colectivos firmados en 1975, que se ubicaban en el nivel más
bajo de la escala que en aquella oportunidad habíamos elaborado según el
mayor o el menor nivel de protección acordado a la vida y a la salud de
los trabajadores (Vasilachis de Gialdino et alt., 1976).
Desde la perspectiva de la epistemología del sujeto conocido, se
reconoce tanto la capacidad innata de todos los hombres y, por lo tanto,
de los trabajadores, de saber de sí, del mundo, de los otros hombres,
como que ese conocimiento es esencial al hombre ya que, gracias a él,
puede captar el sentido de su destino y obtener la libertad de elegir el
sentido de su existencia. Este conocimiento que no se aprende, que está
en el hombre desde siempre, que se perfecciona, está en todos pero es de
cada uno, y cada uno tiene diferentes capacidades por lo que se manifiesta
de manera diversa.
Ese conocimiento deriva del presupuesto de la igualdad esencial entre
los hombres; de allí que, cualquiera sean las tendencias que se supongan
en relación con la permanencia del trabajo, ninguna de sus formas podría
ser legitimada si violase ese principio de igualdad esencial. El derecho
laboral en la estructura que ha adquirido en los últimos diez años en la
Argentina ha venido, precisamente, a consagrar la violación de ese
principio, desconociendo los mandatos constitucionales garantistas de los
derechos humanos.
Por tanto, desde la epistemología del sujeto conocido, toda acción
del hombre que desconozca el principio de la igualdad esencial entre los
hombres es una acción injusta al igual que toda acción que justifique,
perfeccione o consolide ese desconocimiento. Por ende, no son sólo
injustos los que cometen actos de injusticia manifiesta, como matar,
herir, robar, que afectan al cuerpo y a los bienes materiales. Son también
injustos los que privan a otros del derecho a decidir el sentido de su
destino, los que emplean la palabra para destruir la identidad de otros,
intentando mostrar que no todos pueden gozar de los mismos derechos, que
no todos merecen ser protegidos, que algunos han elegido la miseria y la
privación. Son también injustos: a) los que ocultan, los que evitan
nombrar a los responsables de actos injustos, identificándose, entonces,
con ellos más que con las víctimas de la injusticia; b) los que emplean
su poder para incrementar el de los poderosos, y asegurar su continuidad y
la propia en el empleo arbitrario de ese poder; c) los que temen decir lo
que saben que debe ser dicho para no sufrir una amenaza sobre su persona o
sus bienes creando, así, nuevos peligros sobre aquellos que no tienen
voz; d) los cómplices, los socios de la injusticia, aunque ésta se
cometa más con la pluma que con la espada; e) los que crean
representaciones para dar evidencia de una realidad que los protege a
cambio de dejar desguarnecidos a los débiles. En fin, son injustos todos
ellos porque, con sus actos, violan el principio de la igualdad esencial
entre los hombres e instituyen diferencias que los benefician allí donde
deberían mostrar una identidad que libera a los que están sometidos a múltiples
privaciones, entre las que se encuentran aquellas que derivan de la
exclusión del derecho a definir y a construir la propia identidad.
En lo que se refiere a la regulación jurídica del trabajo y a sus
condiciones, podemos decir que en la Argentina el orden legal vigente es
injusto tanto a nivel del sistema positivo, porque viola derechos humanos
consagrados en normas constitucionales, como a nivel de los presupuestos
universalmente válidos. Esta relación entre los presupuestos
contingentes y los irreductibles subyacentes a la tesis de la
complementariedad [Apel, 1994, Habermas, 1997 a)], esta necesidad de
que las normas morales den fundamento a la legislación en los procesos
democráticos (Habermas, 1996), conduce al cuestionamiento de la justicia
de los órdenes jurídicos que validan la desigualdad social o violan
derechos humanos fundamentales (Habermas, 1997; Apel, 1994), de acuerdo
con la concepción que sostiene que los derechos humanos posibilitan la
praxis de la autodeterminación de los ciudadanos (Habermas, 1999).
Entendemos que estos órdenes jurídicos injustos mantienen su
legitimidad cuando aun aquellos hombres que reconocen esa injusticia
privilegian su derecho y su poder sobre el de los demás, y cierran los
ojos y los oídos no para ser más justos, sino para intentar olvidar y
borrar la injusticia que cometen. No se es justo aplicando la ley injusta,
ni frente a uno mismo ni frente a los demás. La injusticia lastima como
la espada, y agrede y lacera como el tajo, fustiga como el látigo, y
subvierte tanto como la miseria y el olvido. Los que cometen injusticia
sin reflexionar acerca de a quienes alcanza, y sin valorar con quiénes
contribuyen y a quiénes destruyen, excluyen o privan, son conjuntamente
responsables por el mundo que edifican, por las murallas que lo encierran
y por todos aquellos que mueren alimentándose de los desechos que
abandonan los poderosos. El derecho es también una muralla y el que hoy
regula las relaciones laborales en la Argentina sirve para separar, para
excluir, para segregar, para negar. El interrogante que cabe plantearse es
acerca de si se seguirá vinculando al derecho con la realización de la
voluntad del pueblo y si se continuará juzgando judicialmente como si la
Justicia estuviese en la aplicación de las normas cuando éstas violan
derechos humanos fundamentales.
2.4. LOS QUE TRABAJAN
2.4.1. Trabajo e identidad
Una reflexión sobre el trabajo debe, acorde con una perspectiva dialógica,
polifónica, primero y apoyada en la epistemología del sujeto conocido
después, incorporar la voz de los trabajadores(1), de
aquellos que cada día tienen menos voz y de los que poseen empleo y de
los que lo han perdido y de los que trabajan en condiciones precarias.
Esta voz debe estar incluida en el horizonte abierto a diferentes
posibilidades interpretativas que, como indicamos, previene respecto de
los diferentes tipos de totalitarismo.
De este modo, la reflexión que proponemos acerca de los que trabajan
no será meramente especulativa, ni el resultado del recorrido por los
aportes de la filosofía primero y de gran parte de las ciencias sociales
después. Privilegiaré en ella a las representaciones de sí y de su
grupo creadas por los propios trabajadores, en este caso, las elaboradas
por aquellos que viven en la calle o que habitan en hoteles, viviendas
precarias o en casas "recuperadas" o "tomadas", según
quien emita la expresión, y que están en riesgo de perder el
alojamiento. Reproduciré, entonces, la reflexión de los que, en nuestro
medio, están sometidos a las formas actuales y más precarias y
degradantes del trabajo, o de los que han perdido ese trabajo.(2)
A la luz de la epistemología del sujeto conocido, basada en el
presupuesto de la igual capacidad de conocer de todas las personas, estimo
necesario no sólo recuperar la voz de esos trabajadores sino, además, su
saber, sus atributos, su identidad existencial y esencial, y su capacidad
de acción histórica reiteradamente negada o desconocida.
Habría que preguntarse si una reflexión sobre el trabajo podría
tener lugar sin contar con los conocimientos, vivencias, sugerencias,
propuestas de aquellos que se degradan cada día por el trabajo, de
aquellos que han tenido que abandonar la que consideran su profesión para
aceptar "cualquier" actividad, y la de los que creen que han
perdido la posibilidad de obtener un trabajo porque no tienen la edad, las
capacidades, las habilidades, y los recursos que se exigen para obtenerlo.
A fin de abrir este espacio a la expresión de esas voces, daremos
algunas conclusiones de la investigación que estamos llevando a cabo
referidas, específicamente, a la relación entre el trabajo y la
identidad.
Como estrategia de recolección de datos, se empleó la que denomino entrevista
dialógica, debido que, a través de ella y, en consonancia con los
presupuestos de la epistemología del sujeto conocido acerca de la
igualdad esencial de ambos sujetos de la interacción comunicativa, se
produce una construcción cooperativa de conocimiento.
Se ha detectado en las entrevistas una fuerte tendencia de los
hablantes a definir su identidad: a) por oposición, a fin de
modificar las representaciones vigentes acerca de las personas en situación
de extrema pobreza, y que perciben a través de las actitudes de los otros
hacia ellos, y/o b) por afirmación, dando cuenta de los atributos
socialmente valorados por los que dicen caracterizarse.
Por lo demás, la mayoría de los textos de las entrevistas encierra
una emisión a la que he llamado emisión de definición de la situación,
que: 1) anticipa la coherencia temática del texto, 2) se reitera,
generalmente, al final del discurso del entrevistado, y 3) no encabeza
necesariamente el texto pero lo contiene semánticamente. Es ilustrativo
señalar que de las 25 entrevistas analizadas en esta primera parte de la
investigación, 20 contenían esa emisión y la que la reiteraba. En 21 de
esas 25 entrevistas se definía, estimaba o valoraba al trabajo como una
necesidad, como un medio para satisfacer necesidades de orden material, la
búsqueda de cuya satisfacción estaba enraizada, en los entrevistados, en
motivaciones de índole: a) predominantemente afectiva, en relación con
su grupo familiar, y b) subjetiva, en vinculación con el mantenimiento de
su dignidad y con la protección de su identidad respecto de los procesos
de desestructuración propios de las situaciones de pobreza. En cuanto a
la definición de la identidad laboral, ésta aparece junto con la
familiar, la social, la religiosa y la política en lo que llamamos la
"identidad grupal" como diferente de la "identidad
personal". En especial la identidad social, a diferencia de la que
proponen los estudiosos, no aparece clara o definitiva, sino que se
construye de una manera vaga o difusa, cambia, se torna múltiple y se
utiliza como un recurso flexible en la conversación a través del cambio
de los pronombres que refieren al hablante, o mediante el empleo de
diversas estrategias argumentativas [Vasilachis de Gialdino, 2000 b)].
Este proceso de negociación discursiva e interactiva de la identidad
se vincula con el sentido de la acción comunicativa de los entrevistados,
que radica, en gran parte, tanto en dar cuenta de la precariedad de la
situación en la que se encuentran, como en mostrar una imagen positiva de
sí a través de la cual convencer al entrevistador de que: a) poseen la
capacidad y las habilidades necesarias como para obtener un puesto de
trabajo; b) no pueden serle atribuidas ni las características, ni las
actitudes a través de las cuales se representan a las personas que viven
en la calle o en situación de extrema pobreza, y c) su situación es
temporal, no voluntaria y puede ser resuelta por medio del propio
esfuerzo, esto es, trabajando.
Respecto de la forma en la que los entrevistados aluden al trabajo, he
relevado las siguientes particularidades:
1) no identifican al trabajo con las "changas", denominando
"trabajo" al "estable" o "fijo";
2) distinguen a su trabajo profesional del que realizan intentando
satisfacer sus necesidades inmediatas;
3) relegan su trayectoria y su formación profesional intentando
trabajar "de lo que sea".
Podemos concluir, pues, que en lo que refiere al trabajo en
particular encontramos, hasta el momento actual del análisis, que:
a) se lo considera como un medio de satisfacer necesidades como las
de alimentación, salud, vivienda, educación, capacitación, entre
otras, observándose que la finalidad última está más puesta en
responder a los intercambios de las relaciones afectivas, de
gratuidad, que en satisfacer una necesidad personal o de realización
de identidad; de allí la relación que los entrevistados establecen
entre la pérdida de trabajo y el debilitamiento de los lazos
familiares;
b) aparece unido a la necesidad subjetiva de obtener los bienes
necesarios para la subsistencia a través del esfuerzo personal,
apareciendo, entonces, no el trabajo en sí mismo sino la acción de
trabajar como asociada a la dignidad de las personas, en el sentido de
satisfacción autónoma de necesidades, precedida de la libre elección
acerca de la definición y del carácter de éstas, y
c) se pone a la falta de trabajo en el origen de las situaciones de
extrema pobreza, y se identifica a los responsables de las diferentes
relaciones de privación que determinan y condicionan el origen y la
subsistencia de esas situaciones de pobreza.
Como puede advertirse, el desarrollo de la existencia de estas personas
y la búsqueda de su identidad no se vinculan solo con la obtención de
los bienes necesarios para la supervivencia. Esta identidad limitada a ser
"en", "con" y "por" el trabajo, en la mayor
parte de las representaciones discursivas sobre el trabajo, es el
resultado de la negación de la igualdad esencial entre los hombres, que
acarrea, como consecuencia, la naturalización de las diferencias sociales
de índole existencial. Esa identidad, que aparece ligada a un trabajo que
ataca su dignidad, es, por lo tanto, una identidad desgajada, expropiada,
tergiversada.
La necesidad de estas personas de definir su identidad por oposición
constituye un acto de contestación, de resistencia frente a quienes,
mediante acciones de privación, construyen su identidad a través de múltiples
atributos que la comunidad desprecia, desdeña, rechaza, repudia, con lo
cual se produce un distanciamiento, a la vez, de esas cualidades y de
quienes se supone las encarnan. Este desplazamiento protege y consolida la
identidad de unos, los probos, los hábiles, los competentes, los capaces,
en desmedro de los otros, reservándoles a unos los derechos y a otros los
deberes, a unos los frutos y a otros las cáscaras, a unos el centro y a
otros la periferia. La privación no sólo se liga, pues, al derecho a una
vida digna, sino también al derecho a decidir a qué tipo de vida se
aspira.
Afirmamos que la construcción de la identidad por oposición implica
una acción de resistencia porque, a través de ella, el hablante efectúa
un doble movimiento: de construcción de la identidad falazmente
construida, y de la protección, perfección y mostración de la que
consideran su verdadera identidad.
Por otra parte, necesario es poner de manifiesto que la acción de
trabajar no aparece en los entrevistados como un fin en sí misma, ya que
el desarrollo de esa actividad les impide, por lo general, desplegar la
dimensión espiritual de su propia existencia. Sin embargo, cuando por
medio de esa actividad se cubren necesidades de los que están unidos al
que la realiza por lazos afectivos aparece una dimensión espiritual de la
actividad material. Pareciera, así, que el aspecto compensatorio del peso
de la actividad laboral estaría dado por la obtención de frutos
materiales y frutos espirituales; ambos tipos de frutos llevan,
habitualmente, al trabajador a confundir la satisfacción de una necesidad
con la necesidad de su realización personal en las dimensiones
existencial y esencial de su identidad.
La aceptación del principio de igualdad esencial entre los hombres
llevaría, entonces, no sólo al reconocimiento de la necesidad de
compartir los frutos del trabajo sino, también, la actividad laboral
cuando ésta es escasa y en la medida que no degrade ninguno de los
aspectos de las dos dimensiones de la identidad del hombre.
En razón de que históricamente el trabajo ha degradado y limita cada
vez más el despliegue de la total identidad del hombre, habría que
preguntarse si la cuestión acerca del fin del trabajo no debería ser
planteada conjuntamente a nivel de esas dos dimensiones de la identidad y
no exclusivamente en relación con uno de los aspectos de la identidad
existencial como es el de la supervivencia. Como ambas dimensiones no
pueden ser escindidas, propondremos la noción de obra como diferente de
la de trabajo.
2.4.2. La obra y el trabajo
2.4.2.1. La obra
Llamaré obra a la actividad del hombre que, respetando el principio de
igualdad esencial, perfecciona la creación y lleva a compartir los frutos
de esa actividad con los que han contribuido a producirlos o con quienes,
sin haberlos producido, tengan necesidad de ellos. A diferencia del
trabajo, la obra no podría estar al servicio del aumento de bienes, de
poder y de honores que favorezca a unos en desmedro de los otros, debido a
que la igualdad esencial habla de la injusticia de todo presupuesto que
legitime al poder basado en la diferencia presumiblemente esencial entre
los hombres.
Es, pues, el sentido de la obra el que debe orientar al trabajo y no a
la inversa, debiendo ser el trabajo parte de la obra, porque el trabajo sólo
refiere a un aspecto de la identidad total del hombre. Mientras la obra
une a las dos dimensiones de la identidad, el trabajo, tal como se
constituyó históricamente, las separa, reproduciéndose a costa de la
posibilidad de que la obra sea y se desarrolle.
Así como la obra está preñada de libertad porque realiza el ser
hombre del hombre, el trabajo ha estado signado por la violencia y, por lo
tanto, por la injusticia, porque es injusta la violación del principio de
igualdad esencial. La libertad que caracteriza a la obra no es sólo
subjetiva; no basta con que, por medio de ella, se realice la existencia
de un hombre ya que la obra sólo es libre y libera si, a su vez, es apta
para liberar a los demás hombres sin sojuzgar a ninguno de ellos. Como el
obrar de cada hombre debe perfeccionar la obra de la creación, la oposición
no enfrentaría al trabajo como necesidad con el trabajo como libertad,
sino al trabajo que destruye con el obrar que perfecciona la obra del
Creador. Como el hombre es parte de la creación, la protección y el
resguardo de los otros hombres, de sus vidas, de sus identidades, debe
estar ínsita en ese obrar del hombre.
Desde el punto de vista del obrar humano se plantea, pues, la
responsabilidad de cada hombre respecto de la vida de todo otro hombre y
de la naturaleza. Por ende, se entienden como acciones de privación todas
las que atacan cualquiera de los aspectos de las dimensiones de la
identidad de los otros, esto es, de su identidad esencial y existencial.
La obra, que trasciende la vida del hombre, apunta a un vivir en
plenitud desarrollando ambas dimensiones de esa identidad, mientras el
trabajo, hasta nuestros días, ha sido vinculado particularmente a la
supervivencia, en especial, orgánica y física del hombre. Si aceptamos
esta afirmación, cabría preguntarse sobre la consistencia de la amenaza
acerca de la desaparición de una actividad cuyo sentido primordial ha
sido, hasta ahora, prolongar las ataduras que ligan al hombre a otros
hombres. Justamente la obra, ligada a la identidad esencial y existencial
del hombre, refiere a una libertad de otra estirpe, aquella que ningún
tirano puede expropiar, y estos tiranos no existirían si los hombres no
tuviesen temor a perder algo de lo que valoran como consecuencia de la
desobediencia a sus mandatos. En resumen, y de acuerdo con estas
concepciones, el interrogante a responder sería el siguiente: ¿por qué
no indagar más en el origen, en la naturaleza de la injusticia, que en el
destino de lo injusto?
2.4.2.2. El trabajo
Llamaré trabajo a la actividad que, en su desarrollo histórico y
hasta nuestros días, realiza el hombre como medio para satisfacer sus
necesidades y respecto de la cual, por lo general, carece de decisión en
lo que se refiere a la tarea y a su finalidad, a la organización de aquélla,
a las condiciones en las que se realiza, y a la forma de distribución y
destino de lo producido.
Este trabajo, también llamado real como opuesto al verdadero, al
ideal, al utópico, se caracteriza por el empleo de parte de la existencia
de una persona para obtener, en la mayoría de los casos, aquello de lo
que ésta carece y aquello de lo que, por lo demás, se lo expropia. Esta
expropiación no es sólo material ya que comprende, a la vez, a su
identidad esencial y existencial y alcanza, en nuestros días, al derecho
a la posibilidad de oponerse social y/o jurídicamente con el fin de
modificar la relación.
Podemos sostener que el trabajo del hombre se ha basado históricamente
en el principio de la desigualdad, para terminar haciendo aparecer la
desigualdad material como una desigualdad esencial apta para consagrar la
legitimidad de la diferencia y de la distancia entre el que trabaja y el
que provee de trabajo. Entendemos que el trabajo ni ha hecho ni hace a la
identidad del hombre porque, prácticamente, no hay trabajo que presuponga
la igualdad esencial entre los hombres. Por esa misma razón, este
trabajo, fijado históricamente, no hace a la esencia del hombre sino, más
bien, la subordina, la limita y la somete a uno de los aspectos de la
existencia.
Más se aleja el trabajo de la obra cuando más la vida de unos dependa
del sacrificio de la de los otros, y cuando menos éstos puedan desplegar
su existencia en el sentido de su capacidad y necesidad de trascendencia.
El trabajo se ha basado en la justificación de la posibilidad de que el
poder de unos hombres se construya sobre los restos de otros hombres,
sobre su dolor, sobre su desgracia y sobre su necesidad de recurrir para
sobrevivir a quienes los sojuzgan desconociéndolos como iguales.
Otra de las oposiciones comunes con las que se aborda al trabajo, y que
tampoco nos resulta eficaz, es la que enfrenta al trabajo servil con el
trabajo libre, porque dentro de esto último, por ejemplo el trabajo
intelectual o el artístico, podrían también producir y/o reproducir
opresiones y privaciones.
No es menos trabajo el que sirve para realizar únicamente la
existencia individual de un sujeto, ya que sólo se constituye en obra si
promueve, conjuntamente, el bien colectivo, que se vincula con el respeto
a la completa identidad de todos y cada uno de los hombres y mujeres. En
este sentido, el bien propio siempre debería ser, a la vez, el bien de
los otros. Por eso, tampoco la que denominamos obra se corresponde con la
dimensión existencial del trabajo, esto es, con el trabajo como libertad,
ni el que llamamos trabajo puede ser asimilado al trabajo como necesidad.
Dado que las dimensiones de la identidad existencial y esencial del hombre
no pueden ser escindidas, el trabajo permanece siendo trabajo si no está
orientado por la obra y contenido en ella, y se transforma en obra sólo
si la sigue y la perfecciona. Como estas afirmaciones que se asocian a los
aspectos personales y subjetivos de la identidad, y a las decisiones y
opciones de cada hombre, un trabajador podría transformar su trabajo en
obra y lo que era su obra en trabajo.
Podemos sostener, así, que el trabajo, en las formas que ha asumido
históricamente, y sobre todo en las formas de producción capitalistas,
que se agravan en la actualidad con los procesos de desregulación
laboral, atenta contra la vida, contra la identidad esencial y existencial
del hombre, y contra su relación con los otros hombres y con la
naturaleza; en fin, contra la libertad de decidir el sentido de su
existencia.
3. CONCLUSIONES: LA LIBERACION DE LOS CUATRO AMBITOS DE REFLEXION
ACERCA DEL TRABAJO
La reflexión acerca del trabajo, en sus manifestaciones históricas
a la luz de la que hemos denominado obra, nos conduce a la
necesidad de revisar los cuatro ámbitos en los que hemos focalizado esta
presentación, esto es: 1) el de los que reflexionan acerca del trabajo;
2) el de las representaciones creadas acerca del trabajo; 3) el del
trabajo y sus condiciones; 4) el de los que trabajan. Esta revisión,
realizada en consonancia con la epistemología del sujeto conocido, es
decir, partiendo no de la especulación filosófica o del quehacer científico
sino de las manifestaciones de los propios trabajadores, nos lleva a
proponer la liberación de esos cuatro ámbitos y, a partir de allí,
meditar acerca de los alcances de nuestra propia reflexión sobre el
trabajo, sobre sus características y sobre su futuro.
1. Los que reflexionan sobre el trabajo deberían liberarse de
su aparente y presupuesta ubicación diferencial tanto en el orden del
"ser" y "hacer" como en el del "pensar". Esa
libertad se logra cuando se adquiere conciencia de los distintos tipos de
opresiones, de las que sufren y de las que se provocan, ya que carece de
libertad tanto el que comete injusticia como el que es víctima de ella.
El trabajo científico se ha ocupado, reiteradamente, de dar cuenta de las
diferencias entre los hombres; cuando éstas no están acompañadas por la
mención de las semejanzas entre esos hombres, se transforman en
construcciones que desesencializan tanto a quienes las elaboran -al no
reconocerse en él otros en lo que tienen de igual a ellos- como a quienes
se ven privados de identidad por el desconocimiento, por otro, de sus
atributos esenciales. Los estudiosos pueden realizar acciones de privación
de identidad de aquellos a los que refieren en sus textos -en nuestro
caso, de los trabajadores-, toda vez que predican como esenciales sus
características existenciales. Estas acciones de privación de identidad
se producen tanto al no mostrar las diferencias -generalizando,
categorizando, tipologizando, estereotipando-, que hacen a cada hombre o
mujer único/a e idéntico/a a sí mismo/a, como al desconocer el rasgo
esencial de la identidad que todos los hombres y mujeres tienen en común.
2. Las nuevas representaciones creadas acerca del trabajo deberían
liberarse, por un lado, de las construidas "en" y
"para" otros contextos, sea con el fin de mostrar las distintas
formas de alienación, sea con el objetivo de justificarlas y
naturalizarlas, y, por el otro, se deberán desprender de las diferentes
presiones que determinaron que gran parte de las elaboraciones científicas,
técnicas, políticas, que han definido al mundo y al mundo del trabajo,
su unidad, sus conflictos y su desarrollo, concluyan legitimando el
sentido de la llamada "transformación", observada empática y
fundamentalmente desde la perspectiva de la empresa ubicada en el contexto
de la llamada economía de mercado.
3. El trabajo y sus condiciones deberían ser liberados de todos
los presupuestos nomológicos de carácter irreductible e ineludible, que
lo muestran sometido a procesos cuya naturaleza se define por analogía
respecto de contextos históricos y socialmente diferentes. De tal forma,
se deberían elaborar nuevas formas de conocer de acuerdo con las cuales
todos los sujetos implicados como iguales y libres puedan oponer sus
criterios de verdad, su saber sobre sí mismos, sobre sus capacidades,
sobre su conocimiento, sobre sus intereses, sobre sus expectativas y sobre
sus esperanzas. En este proceso cooperativo de creación de conocimiento,
el trabajador sería un sujeto activo y no pasivo, y pasaría del
"estar" al "ser".
4. Los que trabajan deberían liberarse de las representaciones
que los atan al trabajo, al mismo tiempo que a una sociedad y a unas
relaciones cuyos términos no pueden (en parte porque no creen poder)
modificar. A través de la propia reflexión subjetiva y colectiva podrán
ver y transmitir cuánto de la que creen su identidad es más el resultado
de la imposición exterior adecuada a la subsistencia de distintos
sistemas de dominación materiales y simbólicos que el corolario de esa
reflexión interior, y de la construcción subjetiva y colectiva del
sentido del despliegue de su propia existencia. Entonces, liberado el
trabajo del carácter indisoluble de la propia identidad y de las formas
de su realización, el ámbito del trabajo dejaría de ser ajeno a la
posibilidad de los trabajadores de transformarlo, de modo tal que la
actividad laboral no degrade ninguna de las dimensiones de su identidad.
El mantenimiento de las sociedades en las que predominan las relaciones
de privación sobre las de respeto a la dignidad de la persona está
condicionado por el recorte de la existencia del hombre a la obtención de
la subsistencia, expropiándolo del reconocimiento de una idéntica
esencia que hace a todos los hombres iguales y libres para determinar el
sentido de esa existencia, y con la misma capacidad innata que los que
reflexionan sobre él para saber de sí, del mundo y de los otros hombres.
La epistemología del sujeto conocido pretende abordar al trabajador y
a su trabajo no a partir de las representaciones creadas y reproducidas
respecto de ambos, como si el contexto social y cognitivo al que esas
representaciones aluden fuese el mismo o no hubiese cambiado, sino
recuperando de su voz y de sus acciones las propias perspectivas acerca
del trabajo, de su función y de su necesidad.
Esta epistemología impone, en relación con las actuales formas de
conocer, una revisión de los instrumentos con los que se conoce, del
valor de los resultados del conocimiento, de la ubicación y función del
sujeto que se conoce en el proceso de conocimiento, y de la determinación
de lo "que" se conoce y del "para qué" y "para
quién" se conoce. La perspectiva de la epistemología del sujeto
conocido intenta evitar las categorizaciones, las definiciones, las
caracterizaciones que diferencian, que separan, que alejan en vez de
acercar unos hombres y sus situaciones a otros hombres, terminando por
fijar y congelar en el pensamiento lo que más tarde se entiende como una
peculiaridad irreversible de la realidad social, cualquiera sea la ley de
la evolución a la que se la someta y se mueva esta evolución por el
supuesto del orden y/o por el del conflicto.
A nivel de aquellos que encaran y han encarado la tarea de reflexionar
acerca del trabajo y de los trabajadores desde la epistemología que
proponemos, se vacila y se duda ante las afirmaciones de aquellos que: a)
se ocupan de crear y justificar diferencias entre los hombres; b) se
consideran poseedores de un conocimiento que los constituye en profetas de
un destino que han contribuido a producir y que alcanza a otros hombres;
c) dicen darlo todo, pero se quedan con el derecho de decidir "a quién",
"cuánto" y "qué" dar, y d) juzgan, deciden, premian
y castigan, atribuyéndose sobre los otros poderes que han inventado y
justificado para someterlos y dominarlos. En definitiva, desde la
epistemología del sujeto conocido se cuestionan aquellas verdades que se
dan por ciertas y que colocan a unos hombres sobre otros, cualquiera sea
la jerarquización y el orden al que se apele, desconociendo tanto la
igualdad esencial que los une como la diferencia que los hace únicos.
REFERENCIAS
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Documento de Trabajo Nº 7 - 1979
Vasilachis de Gialdino, Irene: "Las condiciones de
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "Métodos cualitativos. Los
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "El análisis lingüístico
en la recolección e interpretación de materiales cualitativos" en Forni,
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de América Latina - Bs. As. - 1992 b
Vasilachis de Gialdino, Irene: "Enfermedades y accidentes
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "La coexistencia de
paradigmas: una nueva mirada sobre el mundo del trabajo" - Revista
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "El derecho del trabajo
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103 y 104
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Society - Vol. 8 (1) - Sage Publications - London - January 1997 a
Vasilachis de Gialdino, Irene: "La construcción de
representaciones sociales: el discurso político y la prensa escrita"
- Gedisa Editorial - Barcelona - 1997 b
Vasilachis de Gialdino, Irene: "En la calle: pobreza
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "La pobreza y el trabajo a
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Facultad de Estudios para Graduados - Nº 10 - 1999 a - Universidad de
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "Trabajo y derecho" en Agulla,
J. C. (comp.): "Ciencias sociales: presencia y
continuidades" - Instituto de Derecho Público, Ciencia Política y
Sociología - Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires - 1999 b - pág.
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Vasilachis de Gialdino, Irene: "Las acciones de privación
de identidad en la representación social de los pobres. Un análisis
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Sociedad - Vol. 1 - Nº 1 - 1999 c - pág. 58
Vasilachis de Gialdino, Irene: "Comisión: pobreza,
desempleo y migraciones" - "La ciudad invita a pensar. Encuentro
sobre sociedad, ciencia y tecnología" - EUDEBA - Bs. As. - 1999 d -
pág. 90
Vasilachis de Gialdino, Irene: "Poder, discurso, trabajo y
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XIV - pág. 5 y ss.
Vasilachis de Gialdino, Irene: "Pobres, trabajo e
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Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo - Bs. As. - 17 al 20
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Vattimo, G.: "Más allá del sujeto" - Ed. Paidós -
Barcelona - 1989 - pág. 21
Vattimo, G.: "El fin de la modernidad" - Gedisa
Editorial - Barcelona - 1990 - pág. 138
Vattimo, G.: "Etica de la interpretación" - Ed. Paidós
- Bs. As. - 1992 - págs. 16 a 23
[1:] Una primera experiencia de incorporar
efectivamente la voz de los "otros", a los que nos referimos en
nuestras indagaciones, la realizamos en el "Encuentro sobre Sociedad,
Ciencia y Tecnología", organizado en 1999 por la Universidad de
Buenos Aires y el Gobierno de esa Ciudad. A la "Comisión de Pobreza,
Desempleo y Migraciones", que estaba bajo mi coordinación académica,
fueron invitados a participar aquellos que definen su domicilio como en la
calle y que eran, además, colaboradores de su periódico
"Diagonal", juntamente con los investigadores más reconocidos
en esa temática. Los resultados de este diálogo fueron altamente fructíferos
y pueden consultarse en la publicación aparecida con posterioridad
[Vasilachis de Gialdino, 1999 d)]
[2:] De acuerdo con los datos iniciales, en especial
sobre las personas que definen su domicilio como "en la calle" y
tomados sobre ochenta casos de un total de doscientos, el 81% corresponde
a varones y el 19% a mujeres. En cuanto a la edad, encontramos que el 41%
de estas personas son jóvenes de entre 15 y 24 años, y el 25% tiene
entre 30 y 39 años de edad. Respecto de la educación, hallamos que el
40% tiene educación primaria completa, el 4% primaria incompleta, el 26%
tiene secundaria incompleta, el 20% secundaria completa y el 10 % tiene
educación terciaria incompleta. Además, la mayor parte de estas personas
tiene una profesión y posee la capacidad potencial necesaria como para
obtener un empleo, el que, de una manera contundente, se constituye en la
necesidad cuya satisfacción demandan con más urgencia e insistencia
(Vasilachis de Gialdino, 1998) EL PRESENTE TRABAJO SE ENCUENTRA PUBLICADO
EN REVISTA DOCTRINA LABORAL DE ERREPAR, TOMO XIV, NOVIEMBRE/00
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