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Evidentemente,
después de más de un siglo de vigencia de nuestro Código Civil,
presenta exigencias, el mundo contemporáneo presenta demandas en orden a
la propia estructura de la personalidad, a las virtudes o capacidades de
las personas -vinculadas, incluso, por convenios internacionales de
derechos humanos-; hay un nexo obligacional y de contratos que es común
entre el derecho civil y el derecho comercial; modalidades nuevas de
contratos que son propias del mundo contemporáneo; nuevas maneras de
relación entre las personas; debates sobre cuál puede ser el poder de
decisión de una persona sobre su patrimonio después de muerta. Es decir,
los desafíos son realmente importantes.
Está
presentado en el Congreso el proyecto de Código Unificado, con estado
parlamentario desde el año anterior: una vieja aspiración del país. Se
creó una comisión bicameral, así como subcomisiones que están
trabajando separadamente. El Ministerio presta apoyo al Parlamento en el
debate y en la difusión del proyecto, para avanzar en la reforma que
consideramos necesaria a fin de modernizar el derecho privado.
Esto no
significa -y quiero destacarlo- que se pueda prescindir del consenso en
una reforma de tal trascendencia. Pero creo que, en la medida en que los
argentinos avancemos en la objetivación de los problemas y les busquemos
soluciones, la aprobación va a aparecer espontáneamente.
Por eso el
Ministerio mantiene la línea de apoyo a la Comisión bicameral y exhorta
a todos los sectores involucrados a hacer el gran esfuerzo necesario para
el logro de un objetivo. No para impedirlo porque eso sería negativo. Hay
que obtener consenso para el logro de ese objetivo.
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