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El delito es policausal, porque
son varios los motivos que se encuentran entrelazados, para que uno de ellos se
origine. Un delincuente tiene dentro de sí y a su alrededor,
influencias determinantes que lo hacen incitan a delinquir, entre ellas
se encuentran el ambiente social en que vive, familia, herencia, nivel cultural,
situación laboral, factor socioeconómico, habitación y vicios, entre otros.
Una fuente del delito lo
constituye la familia desequilibrada emocional y psicológicamente, que contiene
un bajo nivel cultural, engendra, en muchos de los casos, un delincuente,
situación que se agrava al conjuntarse con las adicciones. Sin que la misma
sociedad donde se creó el delincuente y las leyes que existen para erradicar la
delincuencia, estén a la altura, para solucionar los conflictos.
Al ser humano se le va
moldeando y conforme recibe más conocimiento, se le inculcan las bases
necesarias para que piense y actúe en su entorno y contexto con coherencia,
congruencia y criterio social, y no deje de lado sus emociones o preocupación
por aquellos que no tienen las mismas oportunidades que él o quienes han nacido
y desarrollado en un ambiente difícil.
Ante la realidad actual, la
sociedad requiere lograr uno de los sus más importantes fines, la armonía en
común, basada en el bienestar social y con equilibrio en el derecho de los
hombres; entre más crece la población, menos se logra dicha armonía, debido a
que principalmente conductas
delictivas cíclicas, es decir, sociedad-familia-medio ambiente-delito-sociedad,
no cuentan con una adecuada respuesta legal.
Una supervisión familiar
deficiente aunada a disciplina severa, falta de armonía en el hogar y entre los
integrantes de la misma, el rechazo a los hijos, el desinterés marcado hacia la
educación del niño y la presencia de agresividad desencadenando la violencia
intrafamiliar; son algunos de los aspectos que mayor impacto e influencia tienen
en la motivación hacia una conducta delictiva temprana en una persona.
Lo anterior se une
invariablemente a otros factores del contexto familiar, entre ellos
hereditarios, vicios y lo que se denomina como nivel socioeconómico, concepto
que ha cambiado, por la globalización, los nuevos paradigmas u otros motivos y
que lo conceptualiza no como sinónimo de pobreza, sino como las condiciones
económicas en que vive la sociedad, sea cual fuere su clase social.
Un ambiente socio-económico
desequilibrado influye significativamente en la manifestación de la conducta
delictiva y en su reincidencia.
La criminalidad tiende a
aumentar de forma espectacular en periodos de desempleo masivo y los criminólogos,
con una visión más amplia y profunda del problema, lo culpan de la mayoría de
los delitos por todos los requisitos de necesidad y carencia que se asocian con
la situación económica. Las
condiciones vitales de quienes se hallan en la miseria, de forma muy en especial
en los barrios más marginados, se caracterizan por la superpoblación, falta de
privacidad, espacios inadecuados para permanecer, carencia de medios para
diversión y problemas de sanidad.
Este tipo de condiciones
generan sentimientos de necesidad y desesperación que conducen al crimen como
salida y resultan estimulados por el ejemplo de aquellos que por esta vía, han
logrado escapar de la extrema pobreza, hacia lo que aparece como una vida mejor.
El comportamiento delictivo
involucra variadas formas y frecuencias de infracciones que derivan en constante
incidencia social cometidas contra el orden público mediante comportamientos de
criterios combinables; algunas de estas manifestaciones se han incrementado
en el presente, entre ellas, la delincuencia familiar, la considerada
como menor, la juvenil, la imprudencial, los abusos sexuales y los
atentados a las normas y al orden público, principalmente.
Los vicios forman parte de los
factores determinantes en una conducta delictiva debido a que en la mayoría de
casos, la provocan, porque alteran la conducta de los individuos de tal forma,
que se vuelven dependientes del vicio, lo cual se ha considerado también como
una enfermedad, llámese alcoholismo o drogadicción.
El alcohol se encuentra
presente con mayor frecuencia en hechos delictuosos, como las lesiones
personales, incidentes de tránsito, homicidios, incestos, abusos deshonestos,
violencia carnal, etc.
La ingestión de los
estupefacientes iguala y quizá supera los resultados del consumo de alcohol en
cuanto a la captura de adictos; su consumo produce alteraciones sicosomáticas,
que generan dependencias físicas, síquicas y secuelas.
La relación que existe entre estupefacientes y criminalidad es doble ya
que la compulsiva necesidad de ingestión, produce alteraciones de
comportamiento que generan delincuencia y por otra parte,
acciones que derivan de su consumo, están legalmente tipificadas como
delitos.
Por otra parte, aquellos
individuos que han tenido el privilegio de tener una educación superior,
quienes tienen el conocimiento y capacidad necesarios para aportar soluciones al
problema antes planteado, tienen un compromiso serio
con la sociedad, a su vez, ésta misma sociedad moderna requiere de las
instituciones en que se imparte la educación superior en materia de Derecho,
que se lleve a cabo en forma más amplia en la pedagogía, con la finalidad de
que el estudiante de esta licenciatura, desarrolle una forma de pensar que
implique amplitud de criterio, interrelacionada con el aprendizaje, para que en
su desempeño profesional, contenga
una visión actual y futura de la problemática a enfrentar.
Al mismo tiempo resulta
prioritario afirmar con mayor intensidad la relación entre las instituciones de
educación superior y las empresas del sector privado, para que los estudiantes
adquirieran la posibilidad de llevar a la practica los conocimientos adquiridos
en las aulas y que esos desempeños sirvan de apoyo a la creación de fuentes de
trabajo a su egreso, independientemente de la prestación del servicio social,
llevado a cabo mediante prácticas profesionales.
Con respecto a los planes de
estudio que se cursan en la Licenciatura de Derecho y en los postgrados, debe
considerarse profundizar en lo interdisciplinario, involucrando así otras áreas
como son psicología, sociología, antropología, criminalística, contaduría,
administración, etc., con métodos de enseñanza más flexibles y que permitan
al alumno adquirir en mayor grado, capacidad de análisis, comprensión,
razonamiento y de concertación. Actualmente
se requiere de egresados con mayor especialización, perspectiva y sensibilidad
para atender los dilemas que se presentan en otros campos; no debe limitarse el
aprendizaje al estudio del Derecho, porque se limita al profesionista y se
establece el riesgo de caer en la incomprensión de los problemas sociales.
Los docentes y tutores académicos,
con calidad en la enseñanza deben comprometerse en mayor grado a infundir en
cada estudiante, entusiasmo, motivación a la creatividad, dedicación a la
lectura, sentido común, deseos de
innovación, el espíritu del estudio y la aplicación de la ética profesional;
el Derecho básicamente es autodidáctico, lo que implica que de cada estudiante
dependa el nivel de conocimiento al que se desea llegar.
En cuanto al énfasis en la aplicación de la ética profesional, implica
recobrar desde las aulas, el prestigio de nuestra profesión y terminar con la
competencia desleal.
En cuanto a la actualización
legislativa con respecto a la delincuencia, es un problema mundial que se
presenta en forma cíclica debido al progreso y a los deseos individuales por
incrementar la calidad de vida; esta actividad de legislar es impostergable, y
en el pasado ha sido expuesta por doctrinistas, juristas y pensadores, quienes
proclamaron la necesidad de otorgar soluciones reales, reformando las Leyes
Suprema, Penal y de Readaptación, proponiendo además, una efectiva participación
de Estado-Gobierno-Sociedad, para que las reformas se efectúen en concordancia
con las necesidades reales del pueblo y tomando en cuenta los factores de
riesgos económicos que influyen en las conductas antisociales.
Importantes criminólogos del
siglo XIX, principalmente los relacionados con los movimientos socialistas,
consideraron el delito como un efecto derivado de las necesidades de la pobreza.
Estos autores señalan que quienes no disponen de bienes suficientes para
satisfacer por las vías legales y pacíficas sus necesidades y las de sus
familias, se ven empujados con frecuencia al robo, el hurto, la prostitución y
otros muchos delitos.
En la República Mexicana se
observa la necesidad de reformar la Carta Magna y las leyes secundarias como el
Código Penal; para ello, se lleve a cabo un exhaustivo análisis previo que
considera los estudios familiares, psicológicos, sociales, ambientales y
culturales para que se reforme conforme a las diferentes causas que motivan el
delito, con visos de que la aplicación de la ley, se efectúe de acuerdo a la
realidad social actual.
Es de considerar que las vías
de comunicación rompen con mayor celeridad las fronteras de acceso a las
mismas, e infieren en el ambiente social que rodea al ser humano impactando en
su formación, por la imperante necesidad de relacionarse entre sí; a la vez
ello requiere contemplar un orden en que se establezca la adecuada convivencia
humana, sin que se violen el derecho y las garantías individuales.
No importa si el nivel económico
es bajo o alto, el resultado de vivir en ambientes y entornos con
inadecuadas circunstancias físicas, sociales y culturales, generalmente
se traduce en la producción delincuentes de todo tipo de nivel; Esto resulta
problemático, desgastante y
destructivo para la sociedad que, a través del Estado, debe afrontar esa grave
carga, a la cual se agregan los costos ocasionados por el esfuerzo de ambientar
socialmente a los delincuentes, mediante su readaptación.
Entre nuestras leyes y la
realidad social, se encuentra un vacío y la normatividad no corresponde a la
realidad social del delincuente, en virtud de que se aplican leyes imputándose
delitos, considerando que aumentando la pena se dejará de delinquir, los
resultados reflejan un efecto contrario que se suma a la falta de una verdadera
prevención del delito tanto por el Estado, como por la misma sociedad.
Por lo antes mencionado, al
legislar deben tomarse en cuenta los factores de riesgo de una conducta
delictiva, averiguando y tomando en cuenta la historia de vida, siendo esto el
punto clave donde hay que enfocar la importancia de tomar en cuenta el factor de
riesgo socioeconómico, familia, cultura, vicios, entre otros, para la creación
o modificación de leyes que se apliquen a la realidad.
Que las sentencias varíen en
relación con las circunstancias concretas del delito, como la edad, el grado
intelectual y estado psicológico del delincuente, los motivos y otros factores
que pudieran haberlo incitado a la comisión del delito, así como los
antecedentes penales y anteriores intentos de rehabilitación.
No elevar penas, sino,
modificar leyes y prevenir el delito, mediante la aportación de los
conocimientos de especialistas como criminólogos, sociólogos, psicólogos,
abogados, entre otros, además de la misma sociedad.
Incrementar a las familias sus
oportunidades de empleo, lo que elevaría la calidad de vida y podría ayudar a
la sociedad y al estado, a disminuir las tasas de delincuencia.
Promover mediante programas
dirigidos a escuelas y público en general, la “Instrucción Temprana y
Previa” desde la niñez, de los valores, significado, modo operativo del
delito y consecuencias del mismo.
Debe darse una participación y
cooperación comunitaria, una enseñanza previa desde la niñez, para infundir
valores, disminuir en lo posible las opciones de la adicción y lograr que
exista una detección temprana del delincuente. Además de darle prioridad a la
violencia intrafamiliar.
Un certero análisis del delito
y del delincuente en lo general y en lo particular, deberá contar con una
aplicación certera y adecuada de la ley, para el beneficio social.
Lic.
Martha Fabiola García Álvarez
falvarez09@hotmail.com
Tepatitlán de Morelos, Jalisco,
México
22 de septiembre de 2003
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