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La suspensión de los torneos de fútbol obliga a un reconocimiento público
a José Luis Chilavert, quien nos ha demostrado cómo se ejercen los derechos desde
cualquier lugar, por pequeño que parezca. |
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El gran arquero de
Vélez Sarsfield (comenzó su carrera en San Lorenzo de Almagro) dio un verdadero ejemplo
de conducta y compromiso.
A lo largo de los últimos años, en más de una oportunidad José Luis Chilavert
manifestó en soledad su oposición personal a continuar jugando partidos de fútbol en
los que caían bombas de estruendo sobre el campo de juego.
Muchas personas "del ambiente", lo que incluye a diversos periodistas, llegaron
a sugerir que el arquero pretendía con esa actitud obtener ventajas extra-deportivas.
Nada más errado y, lamentablemente, la realidad le dio la razón.
Jamás pude entender cómo podía obligarse a un jugador de fútbol, indefenso y expuesto
en un campo de juego ante la mirada de miles de hinchas, varios de ellos enardecidos y
fuera de sí, a seguir jugando un partido durante el cual el público arrojaba toda clase
de objetos.
Pero Chilavert percibió claramente que tal pretensión (de la AFA y de los interesados en
el fútbol en general) no podía tener sustento legal alguno y comenzó su cruzada
personal. Hizo primar su propio derecho (y el de sus compañeros) a la integridad física
por sobre su "deber" de jugar. Interpretando que esta última obligación no
puede ser llevada al extremo de desplazar el derecho a la vida.
La falta de previsión y respuesta en este sentido provocó un hecho vandálico como el
ocurrido en la cancha de Excursionistas, cuando alrededor de 100 fanáticos locales
ingresaron al campo de juego para propinar una verdadera golpiza a un jugador.
Y la consecuente suspensión de todos los partidos.
Lo que hoy hace Futbolistas Agremiados no es más que adoptar en forma colectiva el
ejemplo dado por Chilavert.
Que demuestra una vez más que jamás debe vacilarse en el ejercicio de un derecho.
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