COMO FUNCIONA LA PRIMER POTENCIA

Por Félipe Nicolás Yaryura Tobías
04/04/00

Un juez federal norteamericano no vaciló en declarar que Microsoft incurrió en conducta monopólica. El imperio de la ley por sobre los intereses particulares, caiga quien caiga.

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Más allá de lo impactante que resulta la noticia que hoy reflejaron todos los medios, existe una lectura desde el punto de vista del Derecho que no podemos dejar de resaltar.

Microsoft, todos sabemos, es (o era) la compañía más valiosa de la Tierra, si entendemos que el valor de una empresa equivale al producto de la cantidad de acciones emitidas por su precio de cotización.

Microsoft es, además, William Henry Gates III, su fundador y alma mater, que ha logrado conservar el 15% del capital de su empresa.

Este señor de 44 años es el arquetipo del sueño americano: a los 17 años de edad vendió su primera computadora en algo más de 4.000 dólares, a los 19 años fundó Microsoft, a los 30 años era el multimillonario más joven y, poco después, fue el hombre más rico del planeta.

Una actitud recurrente en la conformación del modelo estadounidense de normas y valores es la difusión de las historias personales de quienes comienzan de la nada y llegan a construír un imperio industrial o comercial. Son los modelos a seguir. Como Chrysler, cuyo fundador trabajaba en el tendido de vías de ferrocarril junto al padre de Walt Disney, o éste mismo. Son los ejemplos que demuestran que en ese país reina la igualdad de oportunidades: sólo basta el esfuerzo y la creatividad para hacer fortuna.

Bill Gates es también políticamente correcto: casado, una hija a la que dedica buena parte de su tiempo, le encanta trabajar con gente joven, paga los sueldos más altos, ha donado o prometido donar miles de millones de dólares para obras de caridad. Merece ocupar su lugar entre los 100 individuos más relevantes de la historia de la humanidad, si de producir cambios se trata.

Bill Gates logró que las computadoras dejaran de ser un artículo reservado para las corporaciones y las colocó en los escritorios de todos quienes quisieran tenerlas, en oficinas y en hogares. Diseñó los dos sistemas operativos más exitosos de la historia: D.O.S. y Windows, permitiendo además con este último que hasta el menos dotado pudiera manejarse con comodidad frente a un ordenador. De hecho, es la difusión de la computadora personal lo que posibilita, años más tarde, la llegada de Internet tal como hoy la conocemos, y todo lo que resta por ver en el futuro.

Microsoft, Windows, Internet Explorer, directa o indirectamente, son sinónimos de libertad, capacitación, mejora de la calidad de vida.

Y, para el gobierno y la sociedad norteamericanos, una fuente incalculable de ingresos. Basta pensar solamente en lo que obtienen de regalías, de impuestos a las ganancias, de impuestos por cada transacción que involucra una computadora, un programa, un CD rom o un insumo para computación...

Pero cuando llegó el momento de evaluar si la empresa de Bill Gates estaba incurriendo en una conducta monopólica, nada de esto le sirvió de mucho. Pasado un período de negociación, frustrada, un juez federal así lo determinó.

No fue el Presidente, ni el Senado, ni el Congreso, ni el Pentágono: un simple juez federal que no ha hecho más que aplicar la ley, sin mirar la cara, ni la cuenta bancaria, ni el curriculum del personaje al que estaba juzgando.

Resulta indudable que los EE.UU. nos han vuelto a dar un buen ejemplo, digno se ser seguido por todos los países latinoamericanos, sin excepciones: nada, ni nadie, puede ser colocado por encima de la ley.

Siempre nos ha resultado más fácil y llevadero atribuír nuestros pesares a la conducta dañosa y abusiva de los países "centrales" y a oscuras conspiraciones internacionales. No es mi intención discutir ahora sobre la realidad y alcance de tales cosas.

Pero bueno sería que alguna vez desplazáramos el foco de nuestra reflexión hacia adentro y nos preguntáramos cuánto mejor estaríamos todos si realmente nos sometiéramos al imperio de la ley y la constitución. Si todos acatáramos las reglas que nosotros mismos hemos acordado para regir nuestra conducta y si lográramos que nuestros jueces, fiscales y funcionarios judiciales apliquen la ley sin distinciones.