|
|
|
|
Un funcionario de un Juzgado
Correccional habría "escondido" 220 causas en trámite. |
|
|
El diario La Nación abre su
edición del 23 de marzo con una nota, en tapa, que preocupa y afecta a toda la comunidad
y en especial a abogados y funcionarios judiciales.
Dice el matutino que un funcionario
jerárquico de un Juzgado Correccional no pudo resistir la presión del exceso de trabajo
y retuvo unas 220 causas en trámite, escondiéndolas en el mismo recinto del Tribunal.
220 causas escondidas equivale a no
menos de 220 imputados que no han sido investigados y no menos de 220 víctimas de delitos
que no han encontrado satisfacción a su demanda de justicia.
Propondremos aquí distintos
ángulos de enfoque, cada uno susceptible de generar su propio debate.
Un primer enfoque sería el del Juzgado
como unidad. Si bien la nota que se comenta no indica la antigüedad que tendría esta
sustracción, lo cierto es que no resulta razonable que en un Tribunal preparado para
impulsar las investigaciones de oficio (con algunas pocas excepciones) desaparezcan de
pronto 220 sumarios y nadie lo note. Seguramente esto no ocurrió de un momento para otro,
sino que es el fruto de un proceso extendido a lo largo del tiempo. Algo ha fallado:
existe una incorrecta distribución del trabajo y/o una delegación excesiva o mal
entendida, que puede llegar a comprometer a casi todo el personal en diferentes medidas.
Lamentablemente todos quienes allí se desempeñan deberán explicar y justificar que no
han tenido ni han podido tener conocimiento de tamaña irregularidad, lo que sólo podrán
hacer "declinando" su competencia al respecto en función de la organización
interna del trabajo. Ello llevará necesariamente las aguas hacia el titular del Juzgado,
que será responsable por incumplir su deber de control, o bien por haber instaurado una
incorrecta distribución de tareas (o, repetimos, exceso de delegación) en la que una
filtración semejante no puede ser normalmente detectada.
El segundo enfoque será el del empleado
involucrado. La nota periodística parece traslucir la existencia de un cierto
arrepentimiento (o confesión) por parte del mismo. Tal vez nunca sepamos a ciencia cierta
si tal conducta fue espontánea u obedeció a la exteriorización de la falta por algún
otro motivo (tal vez el reclamo de algún letrado actuante en alguno de los expedientes
escondidos, o la detección por parte de otro miembro del Juzgado). Lo razonable es que el
empleado sea sometido a sumario interno y, además, imputado en una causa penal en la que
se investigará este disparate. Menuda tarea para su defensor, quien deberá argumentar
eximentes psicológicas y, tal vez, "politizar" la causa fundando la actitud de
su cliente (y las dañosas consecuencias en su salud y equilibrio) en la ruinosa
situación de nuestros Tribunales.
Pero el enfoque que más nos
preocupa ahora es el de la sociedad en su conjunto. Esta noticia ayuda poco y nada
a mejorar la ya deteriorada percepción que los ciudadanos tienen respecto de la
eficiencia del Poder Judicial argentino. Y exige una respuesta clara y contundente del
mismo Poder Judicial, que es el principal responsable y eventual "víctima" de
esta paupérrima imagen.
Malo sería entonces que las caras
visibles de la Justicia adoptaran una conducta sectaria y defendieran indirectamente a
este integrante de la "gran familia judicial" llevando el debate hacia las
pésimas condiciones de trabajo y demás argumentos usuales, que nadie puede negar pero no
resultan justificantes de esta clase de conductas.
Poco tiempo atrás la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Civil dio un excelente ejemplo y demostración de
conciencia, criterio y eficacia, al suspender o separar rápidamente de sus funciones a
uno de sus integrantes que había quedado involucrado en un episodio indecoroso en un
supermercado de Punta del Este, forzando de este modo su renuncia.
Nadie pretende privar al titular
del Juzgado de sus derechos y garantías de defensa pero sería bueno que mientras este
episodio se esclarece y se establecen las responsabilidades del caso, se apartara al menos
temporariamente de su cargo.
|