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Informe
anual oficina de fiscales de circuíto de Saavedra/Nuñez
A
pesar del concepto altamente positivo que esta nueva concepción
merece entre abogados, jueces y -sobre todo- entre la comunidad de
la zona; a pesar de las incontables menciones favorables que recibe
en cuanto ámbito se debate sobre los diferentes modelos posibles de
prevención e investigación criminal; a pesar de todo e increíblemente,
el Congreso se encuentra tratando un proyecto de ley que no
contempla la continuidad de la Fiscalía de Saavedra.
¿Por qué las cosas nos
resultan siempre tan difíciles a los argentinos?
¿Por qué cada vez que nos
proponemos hacer algún cambio y comenzamos a instrumentarlo con éxito,
al poco rato la vieja política se entromete para entorpecer y
dificultar las cosas?
En la escuela nos enseñaron
que no debemos ser malpensados, pero ¿qué cabe suponer cuando
vemos que nuestra vieja corporación política, sin dar razón
alguna, repentinamente se propone discontinuar el plan de
descentralización de la actividad de los fiscales penales?
Con el viejo sistema de
asignación de Fiscalías de acuerdo al régimen de turnos, cada una
de las 50 existentes en la Capital Federal entraba en turno quince días
cada dos meses, siempre con comisarías diferentes.
Las dos consecuencias matemáticas
son que cada barrio tiene a lo largo del año 24 fiscalías
diferentes y que, una vez que termina el turno, cada fiscalía
"volverá" a un barrio determinado, en el mejor de los
casos, al cabo de dos años.
Enumerar los déficits que
este sistema presenta en cuanto a prevención e investigación
llevaría un largo rato. Ni hablar de la falta de contención que
importa para la ciudadanía en general, que no tiene contacto alguno
con las fiscalías.
El sistema de
descentralización implementado en Saavedra hace ya casi 3 años se
propuso remediar algunas de aquellas falencias, llevando
(literalmente) la fiscalía al barrio.
Los vecinos ya no tienen que
concurrir a la zona de Tribunales, sino que tienen a sus fiscales al
alcance de la mano. Las comisarías los conocen y ellos conocen al
personal policial que revista en las mismas. Fue posible construír
bases de datos y de estadísticas y recurrir a medios técnicos
nunca antes usados en nuestro país para prevenir el delito e
identificar a los responsables. Se redujeron porcentualmente el número
de causas de NN que fenecían sin imputado alguno, las
contumacias... Y, lo más importante, los propios vecinos de
Saavedra apoyan este modelo y lo respandan.
(Por separado publicamos el
informe anual de la Fiscalía, en el que el lector interesado podrá
profundizar en el tema).
Como se trataba de algo que
funcionaba y de una verdadera reforma y no un mero maquillaje, cada
funcionario que tenía la oportunidad de referirse a este modelo de
trabajo lo hacía elogiosamente, prometiendo implementarlo también
en otros barrios de la Ciudad.
Pero las cosas no se dieron
finalmente de tal modo.
La Fiscalía de Saavedra
necesita imperiosamente que su status adquiera fuerza legal,
superada ya -positivamente- la etapa meramente experimental.
Fue así que se presentó un
proyecto de ley que le otorgaba rango legal y, a la vez, creaba otra
Fiscalía, en el barrio de La Boca.
Pero algo sucedió y el
proyecto que actualmente se está tratando en nuestro Congreso
Nacional sólo contempla la creación de esta última, ignorando por
completo a la primera.
Paradójicamente, entre los
fundamentos del proyecto se consigna que "...se
cuenta ya con el antecedente favorable de la experiencia piloto
llevada a cabo en el Barrio de Saavedra, donde se cuenta con cifras
alentadoras en cuanto a la eficacia de esta metodología para
reducir los índices delictivos, al compenetrarse los fiscales con
las características especiales de las modalidades delictivas
barriales, permitiendo el diseño de mapas del delito, desarrollo de
líneas de investigación y la inmediación con los vecinos y los
testigos".
No se comprende entonces cómo
resulta posible que la labor de la Fiscalía de Saavedra haya sido
lo suficientemente buena como para motivar su réplica en otros
distritos, pero no tanto como para reconocerle a ella misma su
propio status legal.
Se pone así en riesgo su
subsistencia, que continuará dependiendo de la voluntad de
determinados funcionarios y sufrirá la capiti
diminutio emanada de la mera existencia de otras oficinas
equivalentes pero con origen legal.
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