LA INSEGURIDAD Y EL BIEN COMUN. LA CULPA DE TODO ES DE LA LEY N º 13.512

Por Juan Romero de Dios
11/10/02

Estas reflexiones lo son en reconocimiento a la labor de dos argentinos:

Los señores Miguel Angel Troitinio y Emilio Guillermo Nani

Ambos, sin ellos saberlo, me enseñaron algunas cosas esenciales.

La certeza más importante hoy en Argentina, es que existe la certeza de la existencia de la inseguridad, las disidencias están sin duda y con certeza en, no su extensión, sino en su densidad.

Entonces, esa disidencia en cuanto a la densidad de la inseguridad, que se expresa mas amplificada o repetida en reproches que en propuestas atinadas, efectivas y comprobables, se extiende en dos niveles, según cada inseguro: el local y el internacional, o el barrial o vecinal y el nacional, o bien, la seguridad familiar y / o la seguridad de la comunidad  y, esto es un grave error.

El tema, hoy es “cuanta y cuanto tiempo, cada vez, la inseguridad me afecta”.

Y la cuantificamos en distintos ámbitos, según nos impacte individualmente: el financiero, el social, el laboral, el político, el bancario, el deportivo, el gremial, el corporativo, el ètico, el mediático, el judicial, es decir, el todo. No estamos seguros, no nos sentimos seguros, no hay seguridad ni en por quien vamos a votar. No estamos ni seguros de que tengamos que votar y cuando. Esto es seguro.

Es toda una patología, abrumadora por cierto, esto también es seguro. La inseguridad abrumadora que nos cambia hacia un espacio más amplio y por ello mas desconocido.- Y por desconocido, más inseguro. Y así hasta esa especie de cinta de Moebius. Que se presenta sin fin.

Entonces, con gran seguridad, surgen todos tipos de especialistas en el tema, en la red, en la radio, en la realidad. El “reality” es una forma de afrontar nuestra  inseguridad  por comparaciones que deseamos confirmen nuestras sospechas respecto a todos los demás o al menos respecto a quienes mas están expuestos en la vida pública. Y todo, así encarado y atendido en realidad tiene toda la estética de una frivolidad, seguro. Al menos yo estoy seguro.

Y el tiempo transcurre. Y en él, nuestra vida. Y ese tiempo, que se nos escapa como el agua entre las manos, adquiere una dimensión distinta según la edad o expectativas del inseguro. Sin importarle a la mayoría el tiempo de “los demás”. Porque mi proyecto de vida ha trastabillado, se ha opacado, se ha mutado, me ha desilusionado por culpa de “esos otros”, entonces me abstengo de todo compromiso que me sitúe fuera del marco de lo que hoy me queda. Porque me es mas seguro.

Y, no me comprometo. No asumo una postura que conlleve un ejemplo distinto. Porque me han enseñado, indirecta y continuamente, que en Argentina no existen ni héroes, ni valientes ni sabios. Entonces todos, todos, no son distintos a como yo me muestro que soy.

Esto es la forma más enferma de expresión de la anomia. Y no deseamos aceptar que lo que nos sucede ocurre por ser nosotros parte coherente del todo que rechazamos como ajeno a nosotros.

El enfermo es el otro. No yo.

Los enfermos, los indignos, los corruptos son ajenos a mi vida, a mis acciones, a mis omisiones a mi desinterés por ello y su suerte. Y, así nos vá.

La vida publica de quienes están expuestos en ella, es el producto de toda una comunidad que la construimos y la integramos con énfasis, aunque nos vayamos. Irse es asumir un curso de cura a distancia. Irnos no nos cambia. Recuerdo un diálogo de un film : “ le presento al señor, es argentino y de Buenos Aires pero, no tema, no ejerce.”

El más veraz micro film de lo que es la comunidad argentina se puede apreciar en todos sus detalles en un instituto que los abogados y la jurisprudencia denomina como de “personalidad jurídica restringida”, que nació con una vieja y sabia ley que nadie puede hoy tener el suficiente poder para sustituirla, la ley 13.512, que creo el “Consorcio de Copropietarios”, y la vida de este ente es una foto dinámica de la vida en común de los argentinos. Aún hoy.

Cualquier periodista o analista, psicólogo, sociólogo o politólogo del extranjero lo puede corroborar, asistiendo a esa vida en común de estos consorcios. Solo así podrá medir y comprender a los argentinos.

Deseo presentar un ejemplo de cómo, en algunos lugares del mundo, se “ataca a la propiedad privada” y , que de implantarse medidas similares en Argentina, el tema causaría un escozor inimaginable; veamos, en esos lugares que menciono, que por cierto es donde vive gente que no ama la democracia ni la justicia, cuando un señor se propone comprar un inmueble en un condominio, esto se puede ver imposibilitado por decisión de los demás copropietarios, que tienen  el derecho de oponerse al traslado del dominio, simplemente, porque no desean que el posible comprador se convierta en su vecino en el consorcio.

En mi opinión, la vigencia de ésta facultad de los copropietarios es un instrumento magnifico para decidir en donde y con quien se quiere convivir. En nuestro país una iniciativa en tal sentido sería un elemento sumamente perturbador para la convivencia y de una falta total de vigencia de los tan traídos derechos humanos, cosa que no comparto.

He traído a colación este ejemplo para que podamos medir la actual sensibilidad social que padecemos por nuestra culpa, confundiendo los derechos conmutativos con la denominada justicia social, que de social tiene muy poco y de justicia, según quien se beneficie.

Y, esforzado lector, con el tema de la seguridad esta pasando algo parecido. Mucha gente compra mas candados y pone por todos lados nuevos circuitos cerrados para vigilar que no le ocurran cosas y, el problema está en otro nivel, ese nivel es lo que ocurre en todo el mundo, donde las mejores tecnologías han sido capturadas por mentes manos y recursos criminales que pretenden la destrucción de cualquier sistema jurídico de transparencia del trafico jurídico y la erosión del fruto del talento y del trabajo utilizando a esos instrumentos en actividades destructivas de las comunidades por acciones criminales en gran escala, donde la información es utilizada como acceso del conocimiento de formas innovadoras de destrucción de valores muy esenciales, como la certeza de la efectividad de los actos de la justicia y del patrimonio y acuerdos entre las personas, que son los contratos y, si estos no son posibles, nada es posible. No es posible construir desde la iniciativa particular nada duradero ni certero y menos aún, la seguridad de todos y cada uno.

Si Argentina, no se incluye en lo que es el nuevo trabajo, las nuevas fronteras de los legitimo y lo ilegítimo y  no actúa en un marco multidimensional continental, que es la nueva realidad, sus paradigmas obsoletos, no serán la génesis de un futuro mas certero, es decir, poder disponer de certeza respecto al  fruto del trabajo de todos y de los mejores espíritus y talentos que, no tienen los tres, porque estar en pugna, como sucede en las reuniones de consorcio.

La seguridad, no es un tema que se debe subsanar ex post facto, como en los incendios donde así actúan los cuerpos de bomberos. La seguridad se debe obtener con medidas preventivas, de tal magnitud que se deben articular desde lo continental a lo doméstico, y sin abdicar de nuestros genuinos valores, porque las nuevas amenazas, han dejado de ser tales, son realidades criminales donde se erosiona no solo la credibilidad de los sistemas que sostienen al trabajo, como el sistema financiero y bancario, sino también se destruyen el futuro de lo que hoy usted, señor lector, construye desde su lugar de empleo, ya sea profesional, emprendedor y responsable de una pagina o sitio de la red, como éste, que comete el desatino de tolerarme.

Y ese marco continental, está teñido de tres elementos esenciales con un común denominador, los tres elementos son; las telecomunicaciones y otros dos sistemas, el sistema de seguridad e inteligencia y el sistema de defensa; el común denominador es solo uno y simple pero tremendo, el bien común y esto me lo enseñó un caballero en una disertación, se llama Miguel Ángel Troitinio, y el lugar donde expuso fue la Escuela de Defensa del Ministerio de Defensa.

Me han comentado que sigue en su lucha por construir, con un puñado de compatriotas. Y también me cometan que otro compatriota, desde otro espacio sigue en igual lucha, se llama Emilio Guillermo Nani.

Deseo que tengan éxito.

Y ayer los recordé, a ambos, que tienen distinto temperamento pero igual pasión, luego de una reunión de consorcio, oportunidad en que el bien común, volvió a estar ausente y nació mi necesidad de escribir éstas modestas reflexiones, por ellos.

Juan de Dios Romero
Noviembre de 2002-.-
Buenos Aires – Argentina.
E mail : juan869@hotmail.com