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El
lunes 2 de julio de 2001 Roberto Alemann y Mariano Grondona disertaron en
un encuentro patrocinado por el diario La Nación y el Banco Urquijo (y
muy bien organizado por Open Group) acerca de la coyuntura argentina
actual.
Como
dato sobresaliente, el economista planteó el siguiente escenario: el
Estado tiene un presupuesto anual del orden de los $ 100.000.000.000
(pongo todos los ceros para que se entienda bien de qué hablamos: miles
de millones de dólaes). De estos, recauda aproximadamente 90.000.000.000,
mientras que unos 60.000.000.000 son evadidos de distintas maneras. Si de
los 60.000.000.000 distraídos al Fisco, se lograra recuperar al menos
10.000.000.000, los problemas de déficit desaparecerían, bajaría el
riesgo país, Argentina recuperaría su crédito internacional, bajarían
por consiguiente las tasas del financiamiento, etc, etc.
Ahora
bien, desde el sector privado, quisiera ver la otra cara de la moneda: la
realidad es que nuestro país tiene un sistema tributario diseñado para
cobrar nada menos que un 50% más de impuestos que lo que realmente
necesita.
(Noten
los lectores que –sólo para esta nota- estoy actuando como si el Estado
realmente necesitara semejante
cantidad de dinero, cuando en realidad debería efectuar muchísimas
economías adicionales y pedir menos a la gente. Pero por ahora dejémoslo
ahí).
Consecuencias
inmediatas del desfasaje enunciado:
·
Quienes pagan sus impuestos,
sea por convicción moral o porque no tienen como eludirlos, en realidad
están pagando un 50% más de lo que les correspondería.
·
Si trasladáramos estos números
fríamente y sin aplicar criterio progresivo alguno a la escala actual,
tendríamos que el IVA sería del 14%, la tasa de ganancias del 23,5%, los
impuestos laborales (entre aportes y retenciones) no más del 33% del
sueldo de bolsillo del empleado...
·
Todo ese dinero que el
sector privado “ahorraría” iría en buena parte a aumentar el
consumo, mejorando la actividad economica. Otra buena parte se volcaría
al ahorro, aumentando los recursos financieros del sistema y bajando por
ende las tasas. Con todas las consecuencias anheladas por cada persona que
suscribe el concepto del “círculo virtuoso”.
·
Ninguna duda cabe de que
subirían algunos precios, pero pienso que más bien esto ocurriría con
los que están severamente castigados, fundamentalmente los sueldos, ya
que toda la economía nacional está trabajando desde hace varios años a
mucho menos ritmo del que realmente podría. Y no debemos temer a la suba
de sueldos: en primer lugar, porque con el nivel actual de desempleo, su
efecto no sería inmediato; en segundo lugar, porque la suba de la
capacidad adquisitiva de la población en general sólo tiende a mejorar
la actividad económica; pero antes que todo ello, por evidentes razones
morales, fueren cuales fueren las consecuencias.
Claro
que si se preguntara a un economista ortodoxo qué hacer en esta
circunstancia, contestaría que debe lucharse contra la evasión y sólo
una vez equilibradas las finanzas, bajar los impuestos.
No
estoy de acuerdo.
No
veo por qué razones la parte sana y contribuyente de la población debe
soportar las consecuencias de la conducta ilegal de la restante, mantenida
al amparo de la corrupción e ineficiencia del sector estatal , que
precisamente es mantenido y sostenido por la primera.
Debemos
continuar reflexionando sobre estos puntos, porque en ellos se encuentran
parte de las causas del actual atraso de nuestro país.
Si
trasladáramos
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