GLOBALIZACION E INTEGRACION REGIONAL

Por Dr. Gregorio Recondo(*)
15/12/00

El mapa cognitivo de la realidad mundial contemporánea da cuenta de la existencia de dos megatendencias: 

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a) la planetarización tecnológica de las comunicaciones; 

b) la imposición de los modelos políticos, económicos y culturales de Occidente.

     Como consecuencia, derivan otros procesos, como la integración de grandes espacios (bloques regionales) en un patrón unitario. La realidad suramericana nos refleja las rea-lidades del Mercosur y el Grupo Andino.
     La relación entre el modelo globalizador o universalista con los particularismos nacionales y regionales provoca acomodamientos y tensiones que resumiremos en diez principios, referidos a una cosmovisión integradora latinoamericanista:

     Decálogo del accionar integrador. Identidad, cultura e integración
1) Asistimos a la emergencia de un proceso de globalización de la cultura (no de una cultura global). Se trata de la cultura del mercado (o cultura consumista) que recibe la gente a través de "flujos culturales" productores de homogeneidad o desorden cultural: etnoescapes, (de personas), tecnoescapes (de maquinarias de las corporaciones multi-nacionales), mediaescapes (de imágenes e informaciones), finanescapes (flujos rápi-dos de dinero en las Bolsas de valores), e ideoescapes (de imágenes asociadas a ideolo-gías).
Dicha cultura resulta renuente a apoyar la filosofía y práctica integradora de los países del sur americano. En efecto, la ética individualista y consumista de la cultura del mercado hace caso omiso de valores como la identidad cultural y la solidaridad, que apuntalan la integración de nuestros pueblos invertebrados.

2) El sistema neoliberal, a través de la globalización de la "cultura del mercado", pretende erigir al mercado como forma privilegiada de regulación social y única matriz cultural para todos los pueblos. Es también la cultura consumista. Existe un mercado de bienes simbólicos, donde la cultura se transforma especialmente en cultura de la imagen y el consumo. Personalidades como P.Ricöeur consideran que es de la esencia del pro-yecto globalizador la desacreditación o destrucción de las culturas locales y nacionales, y también -agrego por mi parte - de los procesos de integración (sub)regional.

3) La integración debe abrirse a todas las dimensiones (multidimensionalidad)
Una Comunidad Sudamericana supone "el encuentro" en otras dimensiones (política, social, cultural, educativa, etc.) que permitan la cabal expresión de nuestra identidad cultural. La hipertrofia o dominación de un sector sobre otro (sea el político, el econó-mico o el cultural), así como la exclusión de personas, grupos e instituciones por otros dominantes, resultan afrentosas a la condición humana. La integración necesita de la cultura y de la economía, es verdad, pero reniega tanto del economicismo como del culturalismo, patologías respectivas de las dimensiones económica y cultural.

4) No habrá verdadera integración política y económica si no resulta acompañada por una previa o sincrónica integración cultural. No nos conforma la mera integración económica. Utilizando su propio lenguaje, diremos que "no cierra" bien. La cultura (como forma de ser de los pueblos) es la argamasa válida que permite unirlos en sus variadas características. La cultura, por tanto, es el fundamento de la integración.

5) La integración cultural que proponemos no es una integración de la cultura, sino una integración por la cultura. La integración de la cultura vulnera principios democráticos, porque no es posible unificar las variedades culturales y sí en cambio exigible respetar la diversidad cultural. Es además un sueño de maníacos o dictadores y resulta, a la vez, impracticable. La integración por la cultura, en cambio, importa una congruencia signi-ficativa de pautas e instituciones, suponiendo en la práctica la unidad en la diversidad. Además, una integración por la cultura supone una nueva cultura de la integración.

6) Debe tenerse presente que la marcha de la globalización afecta la esencia y el desa-rrollo de las identidades nacionales y particulares. La defensa de nuestra conciencia identitaria es uno de los pocos recursos positivos que los países periféricos podemos poner en marcha frente a los ataques del "pensamiento único" y a los embates de una globalización que no enfrentamos, pero cuyas consecuencias negativas comenzamos a conocer. Debe quedar bien en claro que nosotros estamos abiertos hacia el universalis-mo. Queremos ser con el mundo, pero siendo nosotros, lo que supone un universa-lismo situado. Queremos defender nuestra cultura como expresión de nuestro ser co-lectivo y de nuestras "razones de vivir".
Debe saberse, entonces, que no pensamos renunciar a sus polivalentes manifestaciones. No deben quedar dudas: los sudamericanos no aceptamos atentados contra nuestra identidad cultural, enlatados o fibra óptica mediante. Está claro que queremos preser-varla, porque define nuestra elección de vida, nuestra manera elegida de vivir. Lo con-trario sería renunciar a lo que efectivamente somos como comunidad.

7) La defensa de nuestra identidad cultural frente al cosmopolitismo descastado no im-plica estrechez de miras o fundamentalismo de las ideas. Estamos sinceramente abiertos hacia la universalidad, sin nacionalismos xenófobos ni chauvinismos. Ni particularis-mos cerrados que niegan al "otro" ni cosmopolitismos que atentan contra la conciencia identitaria. Hablamos, por un lado, de nacionalismos y regionalismos de carácter conti-nental, abiertos hacia el mundo y también, por el otro, de un universalismo "situado" que no atente contra nuestra identidad cultural. Ese es el camino: todos retroalimen-tándose con el "otro" y haciendo realidad el ideal de Goethe: "con los pies en la tierra y la mirada en las estrellas".

8) Consecuentemente, optamos por fortalecer los bloques (sub)regionales del Mercosur y el Pacto Andino en América del Sur para luego integrarlos con miras a poner en mar-cha una Comunidad Iberoamericana (o Sudamericana) de Naciones. Recordamos una vez más: vamos hacia los continentalismos. Y nuestra meta debe ser la construcción del Estado Continental Federal de América del Sur.
Hablamos de bloques regionales con identidad cultural. Los conjuntos que carecen de ella (como el Nafta) serán capaces de realizar competitivas uniones comerciales, pero no podrán nunca articular una verdadera Comunidad de Naciones.

9) Se trata de privilegiar un iberoamericanismo que, respetando las diversidades, re-fleje nuestra común conciencia identitaria por sobre una unificación héteroimpuesta por la prepotencia globalizadora simbolizada por un supermercado hemisférico.
La voz de Monseñor Oscar Rodríguez, Presidente del CELAM, acompaña la idea: "¿Será el destino de toda América Latina convertirse en una zona de libre comercio de raíz económica o financiera ? En ese caso, una comunidad de naciones integrada lo sería sin talante histórico-cultural e incluso ético-religioso. Es cierto que necesitamos la modernización económica y política. Pero no basta: se necesita tener la cultura, la ética, el significado espiritual trascendente".
Mercosur es nuestro sueño próximo, prefigurador de la Patria Grande. Soñar la integración es comenzar a construir la utopía, con todo su sentido, a la vez, realista y genesíaco. Don Helder Cámara, un hombre que sin dejar de ser de este mundo fue también ángel, lo dijo con precisión: "Cuando soñamos solos es sólo un sueño; cuan-do soñamos juntos es el comienzo de una nueva realidad".

* El Dr. Gregorio Recondo es abogado, sociólogo, y profesor universitario, especialista en relaciones internacionales e integración.