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El mapa cognitivo de la realidad
mundial contemporánea da cuenta de la existencia de dos
megatendencias: |
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a) la planetarización tecnológica de las comunicaciones;
b) la imposición de los modelos políticos, económicos y
culturales de Occidente.
Como consecuencia, derivan otros
procesos, como la integración de grandes espacios (bloques
regionales) en un patrón unitario. La realidad suramericana
nos refleja las rea-lidades del Mercosur y el Grupo Andino.
La relación entre el modelo
globalizador o universalista con los particularismos
nacionales y regionales provoca acomodamientos y tensiones que
resumiremos en diez principios, referidos a una cosmovisión
integradora latinoamericanista:
Decálogo del accionar integrador.
Identidad, cultura e integración
1) Asistimos a la emergencia de un proceso de globalización
de la cultura (no de una cultura global). Se trata de la
cultura del mercado (o cultura consumista) que recibe la gente
a través de "flujos culturales" productores de
homogeneidad o desorden cultural: etnoescapes, (de personas),
tecnoescapes (de maquinarias de las corporaciones
multi-nacionales), mediaescapes (de imágenes e
informaciones), finanescapes (flujos rápi-dos de dinero en
las Bolsas de valores), e ideoescapes (de imágenes asociadas
a ideolo-gías).
Dicha cultura resulta renuente a apoyar la filosofía y práctica
integradora de los países del sur americano. En efecto, la ética
individualista y consumista de la cultura del mercado hace
caso omiso de valores como la identidad cultural y la
solidaridad, que apuntalan la integración de nuestros pueblos
invertebrados.
2) El sistema neoliberal, a través de la globalización de la
"cultura del mercado", pretende erigir al mercado
como forma privilegiada de regulación social y única matriz
cultural para todos los pueblos. Es también la cultura
consumista. Existe un mercado de bienes simbólicos, donde la
cultura se transforma especialmente en cultura de la imagen y
el consumo. Personalidades como P.Ricöeur consideran que es
de la esencia del pro-yecto globalizador la desacreditación o
destrucción de las culturas locales y nacionales, y también
-agrego por mi parte - de los procesos de integración
(sub)regional.
3) La integración debe abrirse a todas las dimensiones
(multidimensionalidad)
Una Comunidad Sudamericana supone "el encuentro" en
otras dimensiones (política, social, cultural, educativa,
etc.) que permitan la cabal expresión de nuestra identidad
cultural. La hipertrofia o dominación de un sector sobre otro
(sea el político, el econó-mico o el cultural), así como la
exclusión de personas, grupos e instituciones por otros
dominantes, resultan afrentosas a la condición humana. La
integración necesita de la cultura y de la economía, es
verdad, pero reniega tanto del economicismo como del
culturalismo, patologías respectivas de las dimensiones económica
y cultural.
4) No habrá verdadera integración política y económica si
no resulta acompañada por una previa o sincrónica integración
cultural. No nos conforma la mera integración económica.
Utilizando su propio lenguaje, diremos que "no
cierra" bien. La cultura (como forma de ser de los
pueblos) es la argamasa válida que permite unirlos en sus
variadas características. La cultura, por tanto, es el
fundamento de la integración.
5) La integración cultural que proponemos no es una integración
de la cultura, sino una integración por la cultura. La
integración de la cultura vulnera principios democráticos,
porque no es posible unificar las variedades culturales y sí
en cambio exigible respetar la diversidad cultural. Es además
un sueño de maníacos o dictadores y resulta, a la vez,
impracticable. La integración por la cultura, en cambio,
importa una congruencia signi-ficativa de pautas e
instituciones, suponiendo en la práctica la unidad en la
diversidad. Además, una integración por la cultura supone
una nueva cultura de la integración.
6) Debe tenerse presente que la marcha de la globalización
afecta la esencia y el desa-rrollo de las identidades
nacionales y particulares. La defensa de nuestra conciencia
identitaria es uno de los pocos recursos positivos que los países
periféricos podemos poner en marcha frente a los ataques del
"pensamiento único" y a los embates de una
globalización que no enfrentamos, pero cuyas consecuencias
negativas comenzamos a conocer. Debe quedar bien en claro que
nosotros estamos abiertos hacia el universalis-mo. Queremos
ser con el mundo, pero siendo nosotros, lo que supone un
universa-lismo situado. Queremos defender nuestra cultura como
expresión de nuestro ser co-lectivo y de nuestras
"razones de vivir".
Debe saberse, entonces, que no pensamos renunciar a sus
polivalentes manifestaciones. No deben quedar dudas: los
sudamericanos no aceptamos atentados contra nuestra identidad
cultural, enlatados o fibra óptica mediante. Está claro que
queremos preser-varla, porque define nuestra elección de
vida, nuestra manera elegida de vivir. Lo con-trario sería
renunciar a lo que efectivamente somos como comunidad.
7) La defensa de nuestra identidad cultural frente al
cosmopolitismo descastado no im-plica estrechez de miras o
fundamentalismo de las ideas. Estamos sinceramente abiertos
hacia la universalidad, sin nacionalismos xenófobos ni
chauvinismos. Ni particularis-mos cerrados que niegan al
"otro" ni cosmopolitismos que atentan contra la
conciencia identitaria. Hablamos, por un lado, de
nacionalismos y regionalismos de carácter conti-nental,
abiertos hacia el mundo y también, por el otro, de un
universalismo "situado" que no atente contra nuestra
identidad cultural. Ese es el camino: todos retroalimen-tándose
con el "otro" y haciendo realidad el ideal de
Goethe: "con los pies en la tierra y la mirada en las
estrellas".
8) Consecuentemente, optamos por fortalecer los bloques
(sub)regionales del Mercosur y el Pacto Andino en América del
Sur para luego integrarlos con miras a poner en mar-cha una
Comunidad Iberoamericana (o Sudamericana) de Naciones.
Recordamos una vez más: vamos hacia los continentalismos. Y
nuestra meta debe ser la construcción del Estado Continental
Federal de América del Sur.
Hablamos de bloques regionales con identidad cultural. Los
conjuntos que carecen de ella (como el Nafta) serán capaces
de realizar competitivas uniones comerciales, pero no podrán
nunca articular una verdadera Comunidad de Naciones.
9) Se trata de privilegiar un iberoamericanismo que,
respetando las diversidades, re-fleje nuestra común
conciencia identitaria por sobre una unificación héteroimpuesta
por la prepotencia globalizadora simbolizada por un
supermercado hemisférico.
La voz de Monseñor Oscar Rodríguez, Presidente del CELAM,
acompaña la idea: "¿Será el destino de toda América
Latina convertirse en una zona de libre comercio de raíz económica
o financiera ? En ese caso, una comunidad de naciones
integrada lo sería sin talante histórico-cultural e incluso
ético-religioso. Es cierto que necesitamos la modernización
económica y política. Pero no basta: se necesita tener la
cultura, la ética, el significado espiritual
trascendente".
Mercosur es nuestro sueño próximo, prefigurador de la Patria
Grande. Soñar la integración es comenzar a construir la utopía,
con todo su sentido, a la vez, realista y genesíaco. Don
Helder Cámara, un hombre que sin dejar de ser de este mundo
fue también ángel, lo dijo con precisión: "Cuando soñamos
solos es sólo un sueño; cuan-do soñamos juntos es el
comienzo de una nueva realidad".
* El Dr.
Gregorio Recondo es abogado, sociólogo, y profesor
universitario, especialista en relaciones internacionales e
integración.
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