MAS FACULTADES PARA LOS FISCALES

08/06/00

Excelente iniciativa del Ministerio de Justicia: reformar el Código de Procedimientos para terminar de concentrar la investigación penal en
el Ministerio Público. El verdadero rol de los jueces.

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      La gran noticia del 7 de junio es que el Ministerio de Justicia, por iniciativa de su titular Ricardo Gil Lavedra, que es a su vez consecuencia del relevamiento de las opiniones de la totalidad de los jueces penales y federales del país, propondrá una reforma del Código Procesal Penal de la Nación cuyo principal contenido será la concentración de las facultades instructorias en los fiscales.

     Esta reforma, harto necesaria, importa un doble sinceramiento.

     Por un lado, dotar de mejores armas (constitucionales por cierto) a quienes terminarán resultando los principales protagonistas de la lucha contra el crimen. Los fiscales son quienes representan a la comunidad en el ejercicio de la pretensión pública punitiva (los cinéfilos recordarán más de un ejemplo del tipo de "El pueblo del Estado de Virginia contra ..."). Y como día a día se deben enfrentar con redes cada vez más tecnificadas y organizadas para cometer delitos (tanto los violentos como los económicos) deben estar, por lo menos, a la par de sus contrincantes.

     Y por el otro, tal vez más importante, existirá un sinceramiento sobre el rol de los jueces. Durante años y años, por herencia hispánica, hemos dado a nuestros jueces de instrucción deberes contradictorios y difíciles de sobrellevar: a la vez debían encabezar la investigación de un delito, "juzgarlo" (pues el procesamiento y la prisión preventiva tienen connotaciones muy cercanas a una sentencia) y velar por las garantías defensivas de los imputados.

     No discutiremos cuál de estos tres aspectos es más "valioso", pero los tres son inherentes a cualquier estado de derecho y por tanto irrenunciables.

     Y como sólo Dios podría "cumplir" bien con los tres roles, finalmente teníamos jueces "garantistas" (a los que se acusaba de blandos), jueces "amigos de la policía" (a quienes se les imputaba el soslayo de ciertas garantías) y jueces "técnicos" (abocados al estudio de la Teoría del Delito y con resoluciones brillantes, pero que no destacaban de igual manera en sus otras funciones).

     Siempre me pregunté cómo podía ser que quien encaraba la investigación de un delito fuera objetivo al momento de juzgarlo, aún dentro de los limitados alcances de un auto de prisión preventiva.

     La reforma prometida, entonces, terminará por asemejar a nuestros Magistrados cada vez más a los del modelo norteamericano: se ocuparán de velar por la salud de los procedimientos (de por sí ardua tarea) y mantendrán mayor distancia de las partes. Esto también asegurará sumarios más ajustados a derecho y reducirá las nulidades que el exceso de afán a veces provocaba y terminaban por "liberar" por la vía más curiosa a quienes en otras circunstancias podrían haber sido encontrados culpables de las faltas que se les imputaban.

    Debe celebrarse esta iniciativa, como cualquier otra que importe -al menos- reconocer la existencia de un problema: este es siempre el primer paso hacia una solución.

     Y es muy bueno que el nuevo Gobierno muestre en algunas áreas la iniciativa, creatividad y predisposición al cambio que no logra reflejar en materia económica.