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Los primeros días de noviembre,
nuestro país se encontraba absolutamente confundido.
Amenaza de cesación de pagos, sensación de
ingobernabilidad, fuertes reclamos sociales. Eramos un
barco a la deriva, en medio de una tormenta. Había
temor de naufragio. Se llegó al pico de tensión con
una muerte en la provincia de Salta. |
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Se esperaba con ansiedad la palabra enérgica
y alentadora del capitán del barco. El viernes de esa semana
compleja, se anunció que se escucharía esa palabra. Muchos
argentinos nos ilusionamos con que a partir de esas palabras,
se iniciaría el tránsito por el camino que nos sacaría
paulatinamente de este caos económico y moral en el cual
estamos navegando.
Soñamos con escuchar medidas
contundentes que permitirían adelantar el cumplimiento de la
ley de solvencia fiscal para el año próximo, obteniendo
cuanto antes el déficit cero y mostrando así la voluntad de
cambio, generando la ansiada confianza. Medidas que nos
llevaran a volver atrás con el tercer senador. Medidas
tendientes a la reducción de la cantidad de diputados en el
Congreso. Medidas tendientes a la eliminación de la Jefatura
de Gabinete y a la racionalización de la burocracia de
algunos Ministerios, como quizás el de Trabajo, que no se
sabe muy bien que funciones cumplen.
Medidas que indicaran la voluntad de vender activos del Estado
que no justifican su mantenimiento. Medidas que transformaran
al Ministerio de Relaciones Exteriores en el mejor vendedor de
nuestros productos en el mundo. Medidas generales para lograr
la tan nombrada eficiencia en el sector público, eficiencia
generadora de ahorros genuinos, dejando de lado los ajustes
incoherentes. Medidas orientadas a determinar si es necesario
contar con tantos organismos estatales, que parecen de otras
épocas. Medidas que indicaran el nuevo rumbo para nuestro
golpeado país.
Nuestras ilusiones de escuchar esas
palabras se esfumaron. Qué escuchamos?
Nada. En vez de eliminarse el déficit fiscal acortando los
plazos previstos por la ley, se cambia la ley, se estira
el plazo y se aumenta el déficit. En vez de plantearse
objetivos de menor gasto, se lo congela. Y todos sabemos lo
mal que funcionan las heladeras estatales. En vez de
eliminarse jubilaciones de privilegio, se pretende eliminar la
PBU, poniéndole el moño al mayor saqueo que hemos sufrido
los argentinos con la jubilación estatal.
En vez de tomarse medidas concretas,
después de más de diez meses de gobierno, se crean
"comisiones que eleven diseños no vinculantes sobre
reforma tributaria". Es así como se pretende el
"impulso contundente al plan económico, el que votó la
gente, el que se puso en marcha el 10 de diciembre"?.
También escuchamos que se interviene el
ANSES para mejorar su eficiencia.
Pero, quien administra hoy el ANSES? No son funcionarios de
este gobierno? Y quién será el interventor del ANSES? Un
funcionario de este gobierno? Porqué no se fue eficiente
desde un principio?
Y el PAMI? Se prorroga la intervención.
Según el gobierno, el PAMI está mejor. Según los jubilados,
está igual o peor. Parece que hay cuatro mil empleados de más.
Hay cuatro mil empleados de más o el ajuste que proponen las
autoridades es equivalente a cuatro mil empleados? Será por
esto que lo están sacando del Presupuesto? Si algo no está
en el Presupuesto, suena a
falta de control. O a corrupción.
Pero aún nos quedaba una esperanza. Que
los gobernadores, en representación de sus provincias, acompañados
por intendentes y concejales de todo el país, se opusieran
firmemente a estas propuestas, reclamando el cumplimiento de
la ley de solvencia fiscal. Y más todavía, que de ellos
surgieran las propuestas de racionalización, tan necesarias
en sus provincias. Pero no, nuevamente la decepción. No sólo
no se rechaza lo propuesto, sino que, en una clara demostración
de los principios que regulan la actuación de estos
dirigentes, plantean nuevas exigencias para aceptar las
medidas anunciadas, exigencias que se resumen en mayores
fondos, que con el paraguas de planes de trabajo y seguros de
desempleo, servirán para seguir financiando el enorme
descalabro en que hoy han sumergido al país.
Y con un cierre realmente insólito: la
cláusula adicional que establece que "ante una situación
grave", que afecte los servicios de salud, educación o
seguridad, se puede solicitar la autorización para gastar más.
Cómo definen hoy la situación? No es grave?
Siempre gastar más. Alguna mención a
bajar el costo del aparato político? Por supuesto que no. De
eso no se habla. El presupuesto para el año próximo es,
finalmente, el último capítulo de esta agresión intelectual
a la que los dirigentes políticos nos someten cada día. La
forma legal con la cual nos siguen exprimiendo, alimentando su
incapacidad e ineficiencia. El hasta hace unos días nefasto déficit
fiscal, el referente por el cual se tomaron todas las medidas
desde que asumió este gobierno, el capítulo más relevante
de la tan nombrada herencia recibida, hoy es el remedio que
curará nuestros males e impulsará el crecimiento. Tendrá
alguna relación el mayor déficit presupuestado con el hecho
de que el año próximo es un año electoral?
Hasta cuándo vamos a soportar los
argentinos esta situación? Cuando tomaremos conciencia de que
en la democracia el poder es de los ciudadanos?
O seguiremos eligiendo como hasta ahora?
Parafraseando al genial e inolvidable
Tato Bores en "La Leyenda continua", el drama que
nos ofrece la dirigencia política y que nos mantiene
desconcertados y sumidos en esta lamentable situación, tiene
su título: "La estafa continua".
(*) Ingeniero Industrial
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