|
Queridos
hermanos en el Episcopado:
1. Os
recibo complacido, amados Obispos de la República Argentina que
realizáis esta visita ad Limina con la cual fortalecéis los lazos
de amor y comunión con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia de
Roma, "en unión con la cual siempre por los fieles de todo el
mundo se ha conservado la apostólica Tradición" (San Ireneo,
Adv. Haeres, III, 3). Os doy la bienvenida con las palabras del apóstol
Pablo, deseando que os acompañen siempre "la gracia, la
misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de Cristo Jesús,
nuestro Señor" (1Tm 1,2). Quiero que mi saludo llegue a todos
los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de vuestras diócesis,
a los que idealmente abrazo y a los que renuevo mi afecto en el Señor.
Agradezco
de corazón las amables palabras que en nombre de todos me ha
dirigido Mons. Eduardo Vicente Mirás, Arzobispo de Rosario,
reafirmando vuestros sentimientos de adhesión al Papa y presentándome
el camino que recorréis para el anuncio gozoso del Evangelio de
Jesucristo, aún en medio de las dificultades. Correspondo expresándoos
mi gratitud por el trabajo incansable que lleváis a cabo en todos
los ámbitos y alentándoos a no sucumbir ante los desafíos de la
hora presente, confiando y enseñando a confiar en la Providencia
amorosa de Dios.
2. Siendo
Sucesores de los Apóstoles, estáis al frente de vuestras Iglesias
particulares como Pastores para actuar in persona Christi Capitis y
haciendo las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote
(cf. Lumen gentium, 21). Consagráis vuestra existencia y actividad
al servicio apostólico de transmitir la fe y fomentar la vida de
caridad en el Pueblo de Dios. Como ministros del Evangelio, haciendo
presente de manera visible y eminente al Señor, estáis llamados a
ser testigos y servidores de la esperanza evangélica en el
ejercicio del triple munus de santificar, enseñar y gobernar (cf.
Ibíd. 21). Os invito, pues, a seguir prestando a vuestros fieles y
a todo el pueblo el hermoso servicio de mantener la esperanza auténtica
que es Jesucristo resucitado, en un momento tan apremiante, sea a
escala mundial como en la situación particular de la querida Nación
Argentina.
3. Vuestro
País atraviesa en estos momentos una profunda crisis social y económica
que afecta a toda la sociedad y, además, pone en peligro la
estabilidad democrática y la solidez de las instituciones públicas,
con consecuencias que van más allá de las propias fronteras
patrias. En muchos hogares falta hasta lo más básico e
indispensable, poniendo a tantas personas ante un futuro lleno de
riesgos e incertidumbres. La preocupación del momento presente debe
llevar a un serio examen de conciencia sobre las responsabilidades
de cada uno y las trágicas consecuencias del egoísmo insolidario,
de las conductas corruptas que muchos denuncian, de la imprevisión
y mala administración de los bienes de la Nación. Sobre todo ello
habéis ofrecido a los fieles y a las personas de buena voluntad
documentos de alerta y realismo, desde una marcada óptica evangélica.
Ya en vuestra última visita ad Limina, en el año 1995, me refería
a ello señalando como "la corrupción y su impunidad corren el
riesgo de generalizarse, con las lamentables secuelas de
indiferencia social y escepticismo" (Discurso, 11.XI.1995, 4).
En la raíz de esa penosa situación hay una profunda crisis moral y
por ello, como habéis señalado, el primer paso ha de ser "el
cultivo de los valores morales. En especial: la austeridad, el
sentido de la equidad y de la justicia, la cultura del trabajo, el
respeto de la ley y de la palabra dada" (Mensaje de la Comisión
Permanente de la CEA, 8.I.2002).
En este
momento se requieren ciertamente oportunas medidas técnicas que
levanten la economía y favorezcan que a cada argentino no le falten
los bienes necesarios para desarrollarse como persona y como
ciudadano. No le corresponde a la Iglesia en cuanto institución señalar
cuáles son las más adecuadas, pues eso es tarea de los gobernantes
y de los especialistas en las diversas ciencias sociales. Sin
embargo, aun cuando la misión de la Iglesia es de orden puramente
religioso, ello no impide que ofrezca su colaboración para
favorecer un diálogo nacional entre todos los responsables a fin de
que cada uno pueda cooperar activamente para la superación de la
crisis. El diálogo excluye la violencia en sus diversas
expresiones, como son muertes y saqueos, y ayuda a construir un
futuro más humano con la colaboración de todos, evitando de ese
modo un radical empobrecimiento de la sociedad. Es oportuno recordar
que la situación social no mejora tan sólo aplicando medidas técnicas,
sino también, y sobre todo, promoviendo reformas con una base
humana y moral, que tengan presente una consideración ética de la
persona, de la familia y de la sociedad.
Por ello,
sólo una nueva propuesta de los valores morales fundamentales, como
son la honestidad, la austeridad, la responsabilidad por el bien común,
la solidaridad, el espíritu de sacrificio y la cultura del trabajo,
en una tierra como la vuestra que la Providencia ha creado fértil y
fecunda, puede asegurar un mejor desarrollo integral para todos los
miembros de la comunidad nacional.
4. La
situación que se vive en Argentina puede ser también causa de
división y fomentar odios y rencores entre quienes están llamados
a ser los constructores cotidianos del País. Por ello, os invito a
seguir acompañando a vuestro pueblo como ministros de la
reconciliación, para que la grey que os ha sido encomendada,
superando las dificultades del presente, avance por los caminos de
la concordia y el amor sincero entre todos, sin excepción. Sabéis
bien que el futuro del País se debe basar en la paz, que es fruto
de la justicia (cf. St 3,18). ¡Seguid esa senda, ayudad a construir
una sociedad que favorezca la concordia, la armonía y el respeto
por la persona y cada uno de sus derechos fundamentales! Con vuestra
palabra valiente y oportuna, y teniendo siempre presentes las
exigencias del bien común, debéis animar a todos, empezando por
los responsables de la vida política, parlamentaria, administrativa
y judicial de la Nación, a promover condiciones más justas de
vida, de trabajo y de vivienda.
Si bien es
cierto que la magnitud del fenómeno tiene también componentes
externos y es necesario buscar apoyos fuera de las propias
fronteras, se ha de tener presente que los argentinos mismos, con
las ricas cualidades que les distinguen, han de ser los
protagonistas y artífices principales de la reconstrucción del País,
comprometiéndose, con su esfuerzo y su tesón a superar esa situación
tan difícil.
5.
Mientras se espera que las soluciones adoptadas den resultados
positivos, es menester fomentar la acción caritativa y asistencial,
tarea que la Iglesia siempre ha llevado a cabo, para hacer más
llevaderas las condiciones de los menos favorecidos. Os preocupa,
queridos Hermanos, la situación de aquellas personas que sufren y
carecen de lo necesario. Pienso particularmente en los jubilados, en
los desempleados, en los que lo han perdido todo en las revueltas. A
este respecto, son consoladoras las diversas iniciativas tomadas en
cada diócesis para responder adecuadamente a las necesidades de los
pobres. Son de alabar las actividades de Cáritas, las de numerosas
parroquias y congregaciones religiosas, así como la iniciativa ya
consolidada de la Colecta "Más por menos" y otras
similares. Con ellas se invita a los cristianos a privarse de algo
necesario, y no sólo de lo superfluo, fomentando la actitud de
compartir con los hermanos.
Esta
preocupación "forma parte de la misión evangelizadora de la
Iglesia" (Sollicitudo rei socialis, 41), en la que debe ocupar
un lugar predominante la promoción humana. Por tanto, los Pastores
deben orientar a sus fieles en este campo y todos ellos están
llamados a colaborar activamente en este servicio de la caridad,
impulsando y favoreciendo en esta hora crucial de la historia
argentina convenientes iniciativas encaminadas a superar situaciones
de pobreza y marginación, que afectan a tantos hermanos
necesitados. La coordinación con las diversas instituciones,
estatales y no gubernamentales propiciará una ayuda más eficaz al
prójimo, ayudándole a que no se deje llevar por los espejismos del
lucro o del consumismo, sino que se apoye en las mejores tradiciones
de sobriedad, solidaridad y generosidad que anidan en el corazón de
vuestro pueblo.
6. El
examen de las Relaciones quinquenales y el coloquio personal con
cada uno de vosotros ponen de relieve la vitalidad de la Iglesia en
Argentina, con sus logros y avances, sus proyectos y esfuerzos, así
como los límites humanos con los que inevitablemente hay que
contar, en el marco del empeño constante de fidelidad a la misión
que Cristo el Señor confió a su Iglesia de ser instrumento de
salvación para todos, capaz de inspirar una acción de transformación
de la sociedad.
En el
ejercicio de vuestra misión de Pastores es necesario mantener
siempre la comunión afectiva y efectiva con esta Sede de Pedro y
entre vosotros mismos. El esmero por seguir conservando este espíritu,
manifestado en vuestras asambleas o en otros tipos de encuentros
para ofreceros ayuda mutua y complementar la visión sobre los
variados aspectos de la realidad pastoral, es una gozosa experiencia
eclesial y, a la vez, ha de ser un valioso ejemplo para los
sacerdotes, para las comunidades y hasta para la sociedad civil
misma, enfrentada a veces por diversos puntos de vista o por
conflictos de intereses.
7. Para
poder llevar adelante la tarea de la Iglesia en Argentina os invito
a prestar atención a la exigencia de contar con evangelizadores
suficientes, tanto en cantidad y calidad, ya sean sacerdotes y
religiosos, religiosas y personas consagradas que hagan presente el
anuncio del Evangelio a todas las gentes.
Ello
implica una atención permanente al problema de las vocaciones de
especial consagración. En este sentido es fundamental contar con
familias sanas, estables, fundadas en los verdaderos valores domésticos
en cuyo seno puedan brotar y crecer en un clima conveniente las
semillas de la vocación; así mismo son importantes las
organizaciones, de tipo parroquial, escolar o vinculadas a los
nuevos movimientos apostólicos, como ambiente propicio para la
inserción en un estilo de vida que muestre interés por los demás
y ofrezcan una educación basada en la fe. La experiencia enseña
que con frecuencia las vocaciones al sacerdocio y a la vida de
especial consagración han surgido en esos ambientes y en los
centros educativos de orientación cristiana, donde al objetivo de
procurar la madurez humana y técnica se le añade el compromiso
evangelizador.
Los jóvenes,
y a veces personas ya maduras y formadas, deben ser recibidos,
sentirse amados y ser convenientemente atendidos en los seminarios y
casas de formación mediante un proceso que ayude a desarrollar la
vocación y puedan ser un día servidores de Dios en beneficio de
los fieles y de tantos hermanos necesitados en el mundo entero. Para
colaborar en esta tarea importantísima no hay que dudar en elegir a
las personas más capaces y de vida más íntegra, porque de ello
depende en buena parte un futuro prometedor para la Iglesia.
Conozco la
previsión de vuestra Conferencia Episcopal, donde se ha llevado a
cabo un reciente estudio sobre la tendencia de las vocaciones en
Argentina. Es consolador constatar que, en determinados aspectos,
hay un incremento, pero el dato de que disminuyan en proporción al
aumento de la población os debe estimular a redoblar los esfuerzos
para preparar el porvenir eclesial de cada diócesis.
8.
Queridos Hermanos: termino este encuentro esperando que os llevéis
el aliento y el apoyo del Papa para continuar en la sacrificada y, a
la vez, gozosa entrega a la Iglesia y a la sociedad donde ejercéis
vuestro ministerio. Conozco las dificultades que vosotros y vuestros
colaboradores afrontáis cada día. Pero Cristo Jesús, modelo
perfecto del Pastor, os dará la fuerza para el servicio fiel y la
paz de la conciencia en la perseverancia, "expectantes beatam
spem et adventum Salvatoris nostri Jesu Christi" (Ordinario de
la misa, preparación a la comunión).
Os pido
que llevéis a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, a los
seminaristas, a los miembros de los movimientos eclesiales y laicos
comprometidos en la misión de la Iglesia, así como a todo el
pueblo fiel, el saludo del Papa y la seguridad de su oración por
ellos, para que cada uno persevere en la fe y se afiance en el
camino de la vida cristiana y en el propósito del amor solidario
universal.
A todos
vosotros, a todo el querido pueblo argentino, especialmente a
quienes más sufren en este momento de dolorosa prueba, imparto con
afecto la Bendición Apostólica.
|
|