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El departamento de justicia de los EE.UU.
restituyó a Elian a sus padres en un procedimiento sorprendente por lo inusual en estas
latitudes. |
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El domingo de Pascua amaneció con una noticia
y una foto excluyentes.
El departamento de justicia de los Estados
Unidos de Norteamérica organizó un operativo relámpago mediante el cual, a las 5 AM del
sábado el niño cubano Elian González fue rescatado de esa suerte de secuestro
político-mediático que estaba padeciendo y devuelto a su padre, única persona en el
mundo legitimada para decidir sobre el destino de esta criatura.
No volveremos sobre los ríos de tinta
dedicados a este caso conmovedor, sino que nos concentraremos en la situación vigente al
momento de la diligencia policial.
Más allá del contenido e interpretaciones
que se le quieran dar a las motivaciones de una u otra parte, lo cierto es que un niño de
6 años, que había perdido a su madre en circunstancias por demás trágicas hacía pocos
días, en lugar de estar junto a su padre estaba semi capturado por un balsero y un tío
abuelo de poca historia en su vida. Todos enmarcados en una feroz lucha política contra
el gobierno de Fidel Castro en Cuba.
Pero más allá de la opinión que cada uno
pueda guardar sobre el régimen político cubano y la vigencia de los derechos humanos en
la isla caribeña, lo concreto es que por encima de tales dilemas existía una situación
ilegal que no podía perdurar en el tiempo, sujeta a las resultas de los vaivenes de esta
historia.
Una situación que debía regirse por los
principios superiores emanados del Derecho de Familia y no por los intereses y ardides
procesales de los involucrados.
Y este conflicto concluyó, en su primera
etapa, del modo en que debía concluír: el hijo junto a su padre.
Se han levantado voces criticando la dureza
del procedimiento (en especial por la foto del agente que apuntaba con su arma al balsero
anticastrista). El tema seguramente dejará tela para cortar en el futuro, pero no debe la
opinión pública olvidar que ese balsero tenía entre sus brazos a un hijo que no era
suyo y estaba participando de una suerte de violación colectiva del derecho natural,
negando su entrega a su padre.
No somos expertos en tácticas y
procedimientos policiales y honestamente no estamos en condiciones de calificar la
oportunidad, exceso o suficiencia del operativo, pero no cabe duda de que durante el mismo
ningún derecho se vio vulnerado, no hubo que lamentar víctimas y fue en sí mismo
eficaz.
Se ha cumplido la ley.
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