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Finalmente, no habrá ballotage en la Ciudad de
Buenos
Aires.
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Hace pocos instantes las
autoridades de la concertación Cavallo-Béliz anunciaron que desistieron de someterse al
ballotage previsto para la proclamación del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos
Aires.
Esto importa la proclamación de
Aníbal Ibarra en tal cargo, merced al triunfo electoral del domingo 7.
Desde esta columna habíamos
manifestado nuestra oposición a que se prescindiera del ballotage como consecuencia de
las presiones ejercidas por la agrupación triunfante (especialmente desde el gobierno
nacional) o con argumentos tan débiles como la comodidad o el eventual "costo"
económico del acto comicial. Todo ello, además, con gran apoyo mediático.
Asimismo destacamos (y ratificamos)
la conducta personal de Ibarra que, lejos de sumarse al indicado cúmulo de presiones, en
todo momento se mostró dispuesto a confrontar en ballotage y jamás se pensó titular de
un derecho (o posición política) que de acuerdo a las normas constitucionales no había
terminado de adquirir. Este es el mejor auspicio para el gobierno que comienza, que
deberá en todo momento conciliar posiciones con las restantes agrupaciones políticas, ya
que no ha logrado mayoría propia en la Legislatura porteña.
En cuanto a la entente de Cavallo y Béliz, no sabemos cuál será su futuro inmediato, pero tienen una excelente oportunidad
de demostrar su vocación de servicio desde las 20 bancas obtenidas en el legislativo
local.
El gobierno entrante enfrentará
grandes desafíos constitucionales y legales. Más allá de las obras públicas
proyectadas y las diferentes propuestas de transparencia y control ciudadano, deberán
instrumentar reformas y cambios tan significativos como el mandatorio traspaso de la
Justicia Nacional Ordinaria al ámbito municipal.
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