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Malas
noticias para quienes jamás pensaron en dedicarse a la política: ahora
deberán hacerlo aunque no les plazca.
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Los
argentinos hemos amanecido atosigados por las redundancias y obviedades con
que la mayoría de los medios y comentaristas nos sepultaron durante la
tarde-noche de ayer.
Cierto
es, y un poco preocupa, que algunos de los principales canales de aire
prefirieron pasar alguna película antes que dedicar sus valiosos minutos a
informar sobre el resultado electoral. Pero esa actitud, legítima por otra
parte, también es un modo de decir algo parecido a lo que una tercera parte
del electorado, entre abstinentes, blancos e impugnados quiso comunicar.
En
esta misma columna dijimos que no compartíamos la actitud de votar en
blanco en forma colectiva y menos aún la de proponer o hacer campaña para
que la gente obre de tal manera. Creemos que esa conducta, sin la compañía
de un compromiso ulterior e inmediato de hacer algo para que las cosas
cambien, presenta flancos éticos muy visibles.
Basta
imaginar, para descartar por el absurdo, lo que ocurriría si tal campaña
fuese absolutamente exitosa: nadie vota, o todos lo hacen en blanco, o es
tal el porcentaje de prescindentes que un 10% del electorado termina
dirimiendo los cargos principales del país.
Nos
preguntamos entonces qué comienza hoy.
El
día después del triunfo del "voto bronca" debería marcar el
comienzo de nuevas formas de participación ciudadana.
Así
como un par de siglos atrás algunos criollos, llegado el momento, debieron
entregar su vida por la libertad; o hace menos de 60 años varios millones
murieron en una conflagración mundial que también involucraba la
supervivencia de algunos modos de vida tal como los conocemos, se dan
situaciones y oportunidades en que es menester volver a realizar sacrificios
en función del bien común e incluso del futuro mismo de quienes aún ni
siquiera han nacido.
Lamentablemente,
nosotros no hemos elegido que la realidad nos convoque de tal manera, ni
hemos tampoco elegido el momento. Estos son, simplemente, hechos.
Aquí
y ahora, afortunadamente, no se trata de arriesgar la vida en combate ni
marchar a un frente de batalla. Lo que hace falta es tiempo, dedicación y
compromiso.
Y
quienes deben entregar estas tres cosas son precisamente los mismos, la gran
mayoría, que hasta el día de hoy no se ocupaban de estas cosas, sino que
permanecían ajenos a la vida pública.
Esta
será, tal vez, la consecuencia y respuesta al voto de la bronca.
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