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(con particular referencia a la
"materia judicial")
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Si recordamos las noticias más importantes de todos los días, locales e internacionales,
observaremos que la inmensa mayoría son hechos caóticos -episodios bélicos,
desastres provocados por las fuerzas de la naturaleza, hechos de corrupción, delitos
violentos y no violentos con consecuencias devastadoras, crecimiento incontenible de la
drogadicción y del narcotráfico, depredación del medio ambiente, deterioros de las
economías de países-. Los resultados siempre son de muerte, de daño material y moral,
de sufrimiento; los pronósticos de las distintas situaciones, claramente pesimistas.
Si hacemos un poco más de memoria
¡podemos advertir cuánto nos cuesta recordar una buena noticia!
"¿Qué pasa?" -deberíamos
preguntarnos- "¿En el mundo no suceden cosas buenas
?".
Este pensamiento me hace recordar una expresión del padre
Domingo Basso (quien era rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina): "
Si hay tanta gente buena
¿cómo puede ser que el mundo
ande tan mal?"
No obstante, deberíamos pensar: "¿No será que las cosas buenas suceden pero
no
son noticia ?".
Parecería que hay una parte de la naturaleza humana (que,
sin duda, no sería la mejor) que resulta "atraída" por las "malas
noticias", y que termina predominando sobre el interés del ser humano por la
información. Si no fuese así, los medios de comunicación no estarían "plagados"
de "malas noticias" (sigo resistiéndome a creer que las mujeres y los
hombres no "produzcan" hechos buenos que se puedan detectar como "buenas
noticias").
Es cierto que si, por ejemplo, una persona encuentra una enorme
suma de dinero extraviada y la reintegra, dando una muestra excepcional de honestidad y de
respeto por el prójimo, esto "es noticia" (creo que lo sería por lo
inusual). Pero
si episodios como aquél sucedieran con mucha frecuencia,
¿seguirían "siendo noticia" ?
Desde hace un tiempo (ya algo extenso) a esta parte, en nuestro
país vienen "siendo noticia" los cuestionamientos a todos los jueces, en
general. Es cierto que han existido situaciones escandalosas, vergonzosas y oprobiosas,
protagonizadas por quienes nunca deberían haber sido jueces, algunos de los cuales
terminaron cumpliendo penas de prisión (no está de más recordar que aquéllos no fueron
nombrados por los demás jueces, ni podían ser removidos por los demás jueces; pero sí
fueron detenidos y condenados por otros jueces, en ejercicio de sus funciones).
También lo es que muchos aspectos del funcionamiento del Poder Judicial merecen
críticas. Pero por todo esto no cabe extender, inmerecidamente, un virulento ataque
genérico sobre los más de 800 jueces nacionales y federales que se desempeñan
actualmente, como tampoco sobre los aproximadamente 18.000 funcionarios y empleados que,
en todo el país, integran el Poder Judicial de la Nación.
Esta idea es compartida por prestigiosos, notables y muy
conocidos abogados (que son juristas y no son jueces).
En efecto, Jorge A. Bacqué dijo, en un reportaje realizado por Clarín
el 4 de julio de 1999 (págs. 20/21): "
yo creo que la mayoría de los jueces argentinos son independientes
los que no lo
son, son más de los que deberían ser, pero están muy lejos de ser la mayoría. Lo que
pasa es que, para ustedes periodistas, es más atractiva la noticia de que al doctor
fulano lo han filmado con la cámara oculta recibiendo una coima que el hecho de que la doctora
Federico es una jueza excepcional" (Cecilia Yolanda Federico es juez a cargo del Juzgado Nacional de Primera
Instancia en lo Civil N° 94. Sin apoyo adicional alguno, hace años instrumentó un
sistema de gestión en el tribunal a su cargo que es un verdadero modelo). "
Lo que quiero que quede bien claro es que es injusto que
la fama de los malos se traslade a los buenos. La gente dice: Todos los jueces
son corruptos. Todos los secretarios coimean, y no es cierto". "
Tengo absoluta convicción sobre la independencia y la calidad de la mayoría" -de
los jueces-. "
es injusto que la fama de los malos se traslade a los
buenos". Asimismo, en La
Nación del 21 de mayo próximo pasado (sección 7, pág. 5), Bacqué expresó: "...Realmente, le digo que ser juez de verdad no es fácil".
Jorge R. Vanossi manifestó en la entrevista efectuada por Clara
Mariño en el programa "Soy Clara" de CVN, el 22 de noviembre de
1999, al referirse a los jueces: "
yo
creo que tampoco puede generalizarse, porque toda generalización es errónea y, al ser
errónea, es injusta. Hay magistrados muy dignos, que trabajan, que saben, que son
honestos, es decir, que cumplen con los requisitos que son la honorabilidad, la eficiencia
y, además, tienen una idoneidad muy particular en el doble sentido, técnico y
ético".
Gregorio Badeni aludió en La Nación del 26 de abril
del corriente a "... los esfuerzos
inclaudicables que realiza la mayoría de los jueces para preservar la dignidad de su
magisterio".
En síntesis, ¿no es una "buena noticia" el
método de gestión que la juez Cecilia Yolanda Federico implementó en el juzgado a su
cargo?
¿No es, también, una "buena noticia" ("buena",
pero para nada "nueva") que existen miles de "meritorios"
en la Justicia Nacional -por lo menos, 1000 en cada uno de los fueros más numerosos
(civil, penal ordinario y laboral)-, que son jóvenes que trabajan gratuitamente
(algunos, ya abogados), a veces durante años, por vocación y para adquirir
experiencia, aguardando un nombramiento en la última categoría? -Son verdaderos "antiñoquis"
(valga la expresión como antónimo de otra que viene siendo muy común)-.
¿No lo es, asimismo, que antes que el Poder Judicial proveyera
de equipamiento informático, no sólo los jueces y funcionarios sino también los
empleados de las más bajas categorías adquirían computadoras, con humildes sueldos y en
cuotas, solamente para trabajar mejor?
¿En cuáles otros sectores de la actividad pública -sin olvidar
a los médicos que hacen residencia en hospitales públicos- o privada se advierten
actitudes similares?
¿O acaso todos estos "héroes anónimos" que
son "protagonistas" de las "buenas noticias" no forman
parte de la realidad sólo porque no son "mediáticos"?
Si fuese realmente cierto aquello que "el avión que
llega a tiempo no es noticia y, en cambio, el que se cae sí lo es"
(obviamente, son muchos más los que llegan a tiempo que los que se accidentan), esto
debería cambiar y, en este cambio, la prensa debería tener un papel esencial.
Si fuera acertado (como se expresó con anterioridad) que el
posible "afán" de los lectores por las "malas noticias"
sería una consecuencia de ciertos "aspectos negativos" de la naturaleza
humana, ¿qué modo más positivo de contribuír a la mejoría de aquella naturaleza que
exhibir y difundir las "cosas buenas", es decir, dar las "buenas
noticias" ? Esto para nada implicaría parcializar la verdad, "omitiendo"
las "malas noticias" en pro de las "buenas".
A modo de conclusión, a riesgo de parecer ingenuo diría que
todas las "buenas noticias" (no sólo las atinentes al Poder Judicial)
deberían "buscarse" hasta "encontrarse" y darse a
conocer con mucha difusión.
¿Por qué?
Porque, lamentablemente, la inmensa mayoría de los seres humanos
vive sumida en gran escepticismo, en mucho pesimismo, en descreimiento, en crisis de
valores, sin poder advertir rumbos y horizontes, sin ideales, recibiendo como único
mensaje que los "valores verdaderos" están dados por obtener bienes
materiales, por el utilitarismo y por el consumismo. La honestidad y la solidaridad son "rarezas"
que, hoy en día, no sólo parecerían ser una excepción, sino que se califican como "conductas
de excelencia".
Esto es especialmente grave, porque también la mayoría de la
juventud viene teniendo estas vivencias y viene observando, solamente, estos "modelos"
negativos.
Las mujeres y los hombres periodistas y directivos de las
entidades periodísticas han desempeñado y desempeñan un rol fundamental en el
desarrollo de la cultura y de la civilización mundiales, porque al cumplir la tarea de
informar la verdad constituyen pilares centrales de la construcción de la libertad, sin
la cual no puede concebirse la vida.
Sería realmente valioso que las mujeres y los hombres de la
prensa redoblaran sus esfuerzos para la difusión de muchas "buenas
noticias", como aporte al intento de revertir, en alguna medida, el "estado
negativo" de la actitud humana que se acaba de describir, como también aquella "parte
negativa" de la naturaleza humana (mencionada antes) que sería la que sólo "busca"
y "desea" las "malas noticias".
¿Sería tan difícil proponerse publicar, en proporción a "determinada
cantidad" de "malas noticias", otra "determinada
cantidad" de "buenas noticias", aunque estas últimas fuesen
muchas menos que las anteriores?
¿Será dificultoso "encontrar buenas noticias" ?
Y, aunque fuera así ... ¿hay alguien mejor que las mujeres y
los hombres de la prensa para encontrar, cuando buscan algo?
(*) Abogado y escribano egresado de
la U.B.A.
Secretario Letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico
de la Capital Federal.
Realizó estudios de posgrado en las Universidades de Harvard, de
California y de Salamanca.
El artículo ha sido publicado en "Noticiario de la Prensa Argentina"
(publicación de ADEPA, Asociación de Entidades de Periodistas
Argentinos, N° 189, enero-febrero de 2000, pág. 20/22; y en "Y
considerando..." (Órgano de Prensa de la Asociación de Magistrados y
Funcionarios de la Justicia Nacional, N° 17, agosto de 2000, pág. 29/32).
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