¿POR QUE LAS "BUENAS NOTICIAS"
NO SON "NOTICIA"?

Por Marcos Arnoldo Grabivker (*)
26/06/00

(con particular referencia a la "materia judicial")

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     Si recordamos las noticias más importantes de todos los días, locales e internacionales, observaremos que la inmensa mayoría son hechos caóticos -episodios bélicos, desastres provocados por las fuerzas de la naturaleza, hechos de corrupción, delitos violentos y no violentos con consecuencias devastadoras, crecimiento incontenible de la drogadicción y del narcotráfico, depredación del medio ambiente, deterioros de las economías de países-. Los resultados siempre son de muerte, de daño material y moral, de sufrimiento; los pronósticos de las distintas situaciones, claramente pesimistas.

     Si hacemos un poco más de memoria … ¡podemos advertir cuánto nos cuesta recordar una buena noticia!

    
"¿Qué pasa?"
-deberíamos preguntarnos- "¿En el mundo no suceden cosas buenas…?".

     Este pensamiento me hace recordar una expresión del padre Domingo Basso (quien era rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina): "…Si hay tanta gente buena … ¿cómo puede ser que el mundo ande tan mal?"

     No obstante, deberíamos pensar: "¿No será que las ‘cosas buenas’ suceden pero … ‘no son noticia’ ?".

    
Parecería que hay una parte de la naturaleza humana (que, sin duda, no sería la mejor) que resulta "atraída" por las "malas noticias", y que termina predominando sobre el interés del ser humano por la información. Si no fuese así, los medios de comunicación no estarían "plagados" de "malas noticias" (sigo resistiéndome a creer que las mujeres y los hombres no "produzcan" hechos buenos que se puedan detectar como "buenas noticias").

     Es cierto que si, por ejemplo, una persona encuentra una enorme suma de dinero extraviada y la reintegra, dando una muestra excepcional de honestidad y de respeto por el prójimo, esto "es noticia" (creo que lo sería por lo inusual). Pero … si episodios como aquél sucedieran con mucha frecuencia, ¿seguirían "siendo noticia" ?

     Desde hace un tiempo (ya algo extenso) a esta parte, en nuestro país vienen "siendo noticia" los cuestionamientos a todos los jueces, en general. Es cierto que han existido situaciones escandalosas, vergonzosas y oprobiosas, protagonizadas por quienes nunca deberían haber sido jueces, algunos de los cuales terminaron cumpliendo penas de prisión (no está de más recordar que aquéllos no fueron nombrados por los demás jueces, ni podían ser removidos por los demás jueces; pero fueron detenidos y condenados por otros jueces, en ejercicio de sus funciones). También lo es que muchos aspectos del funcionamiento del Poder Judicial merecen críticas. Pero por todo esto no cabe extender, inmerecidamente, un virulento ataque genérico sobre los más de 800 jueces nacionales y federales que se desempeñan actualmente, como tampoco sobre los aproximadamente 18.000 funcionarios y empleados que, en todo el país, integran el Poder Judicial de la Nación.

     Esta idea es compartida por prestigiosos, notables y muy conocidos abogados (que son juristas y no son jueces).

     En efecto, Jorge A. Bacqué dijo, en un reportaje realizado por Clarín el 4 de julio de 1999 (págs. 20/21): "… yo creo que la mayoría de los jueces argentinos son independientes … los que no lo son, son más de los que deberían ser, pero están muy lejos de ser la mayoría. Lo que pasa es que, para ustedes periodistas, es más atractiva la noticia de que al doctor fulano lo han filmado con la cámara oculta recibiendo una coima que el hecho de que la doctora Federico es una jueza excepcional" (Cecilia Yolanda Federico es juez a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N° 94. Sin apoyo adicional alguno, hace años instrumentó un sistema de gestión en el tribunal a su cargo que es un verdadero modelo). "… Lo que quiero que quede bien claro es que es injusto que la fama de los malos se traslade a los buenos. La gente dice: ‘Todos los jueces son corruptos. Todos los secretarios coimean’, y no es cierto". "… Tengo absoluta convicción sobre la independencia y la calidad de la mayoría" -de los jueces-. "…es injusto que la fama de los malos se traslade a los buenos". Asimismo, en La Nación del 21 de mayo próximo pasado (sección 7, pág. 5), Bacqué expresó: "...Realmente, le digo que ser juez de verdad no es fácil".

     Jorge R. Vanossi manifestó en la entrevista efectuada por Clara Mariño en el programa "Soy Clara" de CVN, el 22 de noviembre de 1999, al referirse a los jueces: "… yo creo que tampoco puede generalizarse, porque toda generalización es errónea y, al ser errónea, es injusta. Hay magistrados muy dignos, que trabajan, que saben, que son honestos, es decir, que cumplen con los requisitos que son la honorabilidad, la eficiencia y, además, tienen una idoneidad muy particular en el doble sentido, técnico y ético".

    
Gregorio Badeni aludió en La Nación del 26 de abril del corriente a "... los esfuerzos inclaudicables que realiza la mayoría de los jueces para preservar la dignidad de su magisterio".

     En síntesis, ¿no es una "buena noticia" el método de gestión que la juez Cecilia Yolanda Federico implementó en el juzgado a su cargo?

     ¿No es, también, una "buena noticia" ("buena", pero para nada "nueva") que existen miles de "meritorios" en la Justicia Nacional -por lo menos, 1000 en cada uno de los fueros más numerosos (civil, penal ordinario y laboral)-, que son jóvenes que trabajan gratuitamente (algunos, ya abogados), a veces durante años, por vocación y para adquirir experiencia, aguardando un nombramiento en la última categoría? -Son verdaderos "antiñoquis" (valga la expresión como antónimo de otra que viene siendo muy común)-.

     ¿No lo es, asimismo, que antes que el Poder Judicial proveyera de equipamiento informático, no sólo los jueces y funcionarios sino también los empleados de las más bajas categorías adquirían computadoras, con humildes sueldos y en cuotas, solamente para trabajar mejor?

     ¿En cuáles otros sectores de la actividad pública -sin olvidar a los médicos que hacen residencia en hospitales públicos- o privada se advierten actitudes similares?

     ¿O acaso todos estos "héroes anónimos" que son "protagonistas" de las "buenas noticias" no forman parte de la realidad sólo porque no son "mediáticos"?

     Si fuese realmente cierto aquello que "el avión que llega a tiempo no es ‘noticia’ y, en cambio, el que se cae sí lo es" (obviamente, son muchos más los que llegan a tiempo que los que se accidentan), esto debería cambiar y, en este cambio, la prensa debería tener un papel esencial.

     Si fuera acertado (como se expresó con anterioridad) que el posible "afán" de los lectores por las "malas noticias" sería una consecuencia de ciertos "aspectos negativos" de la naturaleza humana, ¿qué modo más positivo de contribuír a la mejoría de aquella naturaleza que exhibir y difundir las "cosas buenas", es decir, dar las "buenas noticias" ? Esto para nada implicaría parcializar la verdad, "omitiendo" las "malas noticias" en pro de las "buenas".

     A modo de conclusión, a riesgo de parecer ingenuo diría que todas las "buenas noticias" (no sólo las atinentes al Poder Judicial) deberían "buscarse" hasta "encontrarse" y darse a conocer con mucha difusión.

¿Por qué?

     Porque, lamentablemente, la inmensa mayoría de los seres humanos vive sumida en gran escepticismo, en mucho pesimismo, en descreimiento, en crisis de valores, sin poder advertir rumbos y horizontes, sin ideales, recibiendo como único mensaje que los "valores verdaderos" están dados por obtener bienes materiales, por el utilitarismo y por el consumismo. La honestidad y la solidaridad son "rarezas" que, hoy en día, no sólo parecerían ser una excepción, sino que se califican como "conductas de excelencia".

     Esto es especialmente grave, porque también la mayoría de la juventud viene teniendo estas vivencias y viene observando, solamente, estos "modelos" negativos.

     Las mujeres y los hombres periodistas y directivos de las entidades periodísticas han desempeñado y desempeñan un rol fundamental en el desarrollo de la cultura y de la civilización mundiales, porque al cumplir la tarea de informar la verdad constituyen pilares centrales de la construcción de la libertad, sin la cual no puede concebirse la vida.

     Sería realmente valioso que las mujeres y los hombres de la prensa redoblaran sus esfuerzos para la difusión de muchas "buenas noticias", como aporte al intento de revertir, en alguna medida, el "estado negativo" de la actitud humana que se acaba de describir, como también aquella "parte negativa" de la naturaleza humana (mencionada antes) que sería la que sólo "busca" y "desea" las "malas noticias".

     ¿Sería tan difícil proponerse publicar, en proporción a "determinada cantidad" de "malas noticias", otra "determinada cantidad" de "buenas noticias", aunque estas últimas fuesen muchas menos que las anteriores?

     ¿Será dificultoso "encontrar buenas noticias" ?

     Y, aunque fuera así ... ¿hay alguien mejor que las mujeres y los hombres de la prensa para encontrar, cuando buscan algo?


(*) Abogado y escribano egresado de la U.B.A.
    Secretario Letrado de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
    Juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Penal Económico
    de la Capital Federal.
    Realizó estudios de posgrado en las Universidades de Harvard, de
    California y de Salamanca.

El artículo ha sido publicado en "Noticiario de la Prensa Argentina"
(publicación de ADEPA, Asociación de Entidades de Periodistas
Argentinos, N° 189, enero-febrero de 2000, pág. 20/22; y en "Y
considerando..." (Órgano de Prensa de la Asociación de Magistrados y
Funcionarios de la Justicia Nacional, N° 17, agosto de 2000, pág. 29/32).