BALLOTAGE

Por Félipe Nicolás Yaryura Tobías
08/05/00

Más de un aliancista habrá lamentado la redacción de la constitución porteña. La actitud racional de Ibarra. Qué puede pasar de aquí hasta el 21.

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No hace falta un gran esfuerzo de memoria para remontarse al escenario de 1995. Por entonces competían por la presidencia de la Nación el justicialista Carlos Menem y el frepasista Octavio Bordón (la UCR venía muy golpeada y apenas superaría el 10% de los votos).

Por entonces, la esperanza del sector "antimenemista" del país era llegar a un ballotage. Pero la novísima Constitución de 1994 (en cuya redacción el radicalismo había tenido fuerte presencia) no exigía más de la mitad de los votos para proclamar al candidato más votado en primera vuelta, sino que permitía su investidura en algunos supuestos memos estrictos: bastaría con alcanzar el 45%, o bien el 40% y una diferencia de más de 10 puntos respecto del que lo seguía.

La ley fundamental porteña, por su lado, prevé un sistema electoral rígido: si el candidato más votado obtiene menos del 50% de los votos, debe afrontar el ballotage. Aunque alcance en primera vuelta el 49,99% y sea seguido por 51 partidos con menos del 1% cada uno.

Esta esencial diferencia de regulaciones habrá sido lamentada por más de un aliancista durante los últimos días y en especial en la noche del domingo 7 de mayo.

Comprobando lo exiguo que resultaba el faltante para proclamar en primera vuelta la fórmula Ibarra - Felgueras, los esfuerzos mediáticos del gobierno se concentraron en crear la sensación de que Cavallo debería renunciar a su candidatura y "liberar" al electorado de concurrir nuevamente a las urnas el próximo 21 de mayo, como si votar fuera un martirio.

Pero quien se destacó entre tantas voces oficialistas fue precisamente su candidato Aníbal Ibarra, que en ningún momento siquiera sugirió tal posibilidad. Lejos de ello, se mostró dispuesto a enfrentar nuevamente a Cavallo en pocos días. Creo que es una actitud sana y esperable de quien ha hecho del respeto a la ley uno de los ejes de su campaña electoral.

Esta es el mensaje que transmitimos siempre desde Legalmanía: la ley hay que cumplirla aunque no nos guste, no nos convenga y nos parezca "exagerada" en algunos supuestos. Porque cuando la establecimos, entre todos (y mucho más una Constitución), no sujetamos su vigencia a la conveniencia o comodidad que cada caso pudiera representar.

Esta será además la tercera experiencia de ballotage en nuestro país (en 1973 el actual presidente De la Rúa batió al candidato justicialista Marcelo Sánchez Sorondo por una senaduría por Capital Federal y luego hubo otro ballotage en una elección de gobernador en Santiago del Estero) y un fenómeno más que interesante para observar y atravesar.

Tendremos una campaña caldeada, de la que la ira de Cavallo en la noche del 7 fue sólo una muestra. Este candidato no puede contar en principio con los votos de quienes en la primera vuelta optaron por los restantes candidatos (difícilmente los justicialistas "ortodoxos" y la izquierda lo elijan en ballotage) y seguramente concentrará su esfuerzo de convicción en el mismo electorado de Ibarra, para lo que deberá generar "hechos nuevos" que permitan al elector cambiar su criterio.

De su lado, al candidato de la Alianza (máxime proviniendo él mismo del Frepaso) le resultará más fácil dirigir su discurso a quienes en el primer comicio se inclinaron por Izquierda Unida o por el socialismo, especialmente los alineados en la agrupación presidida por Antonio Cartañá. Un pequeño porcentaje de estos votantes le será suficiente para concretar su jefatura de gobierno.