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Si bien no es nada
original hacer un balance cuando termina un año, no por eso deja de
ser interesante realizarlo en la medida que
nos permite hacer una pausa y orientar nuestras reflexiones
sobre el futuro, tanto el cercano como el lejano.
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El año 2000 se inició con un día entero de fuegos
artificiales. La televisión nos llevó por un mundo que festejó
sin pausa la llegada del año del número mágico. El terror del Y2K
quedó en la nada y finalmente todo siguió su curso. A todos les
fue más o menos bien. Casi todos crecieron, algunos un poco más,
otros un poco menos.
La Argentina también festejó. Pero luego la Argentina desentonó.
A la Argentina le fue mal. A los argentinos nos fue mal. Terminamos
sin crecimiento, después de 30 meses de recesión. Y nos fue mal en
varios sentidos, pero que se pueden resumir en dos enfoques. Uno
material, el económico. El otro moral.
Que nos fue mal en el orden económico es indiscutible. Hay números
fríos que indican claramente que nos fue mal. Sin crecimiento, con
índices de desocupación que no ceden, mas bien con tendencia a
aumentar; con un déficit fiscal que se resiste a bajar ( o que se
niegan a bajar); sin inversión, con los mercados de crédito
cerrados a nuestras necesidades. Y para cerrar el año, el famoso
blindaje. Blindaje que pretende ser presentado como una muestra de
confianza hacia nuestro país y sus planes económicos, cuando en
realidad es una absoluta muestra de la desconfianza del mundo hacia
nosotros.
El blindaje es una cubierta protectora que separa a algo o a
alguien, de algo o alguien de quien el primero quiere protegerse. El
resto del mundo se está protegiendo de nosotros. Nosotros estamos
afuera del blindaje. Nosotros somos la amenaza.
Y también nos fue mal en el orden moral. O mejor dicho, nos
sigue yendo mal en el orden moral. Esto es así desde hace ya varios
años. Y si bien en este tema no hay números fríos, hubo un hecho
que marcó a fuego esta situación: los supuestos sobornos en el
Senado. Supuestos sobornos que son la muestra cabal de la falta de
principios éticos con que se mueve nuestra sociedad. Como era de
esperarse, no pasó nada. Sí se confirmó el carácter corporativo
de la dirigencia política. Era previsible esperar algo diferente
luego de la reunión mantenida por el Dr. Menem y el Dr. De la Rúa,
en la cual resuelven dejar todo en manos de la Justicia? Al
iniciarse el proceso, un senador admitió a una periodista haber
recibido un soborno. Las encuestas marcaban la certeza de la gente
sobre la existencia del soborno. La sociedad reclamaba gestos. No
condenas, gestos. Sin embargo, en la dirigencia política sospechada
nadie se sintió con la obligación moral de dar un paso al costado.
El silencio fue la consigna. Qué la Justicia encuentre elementos
era la frase: Alguien olvidó un recibo en un cajón? El objetivo
era que el tiempo tapara todo. Y el tiempo tapó todo. El periodismo
dejó de tratar el tema con la gravedad e insistencia que merecía.
El resto de la sociedad también dejó de mencionarlo. Los senadores
se otorgaron mutuas licencias. La Justicia por supuesto no encontró
los elementos buscados. Y finalmente un senador del oficialismo, con
mucha seriedad decía: Esto fue una cosa de dimes y diretes!
Si los argentinos aceptamos lo que pasó, lo aceptamos como algo
normal de nuestra vida y ni siquiera sentimos un poco de vergüenza
por hechos de este tipo, quiere decir que nos está yendo mal en el
orden moral. Hemos perdido principios de conducta. Hemos perdido el
sentido de la honorabilidad. Ni que hablar de honestidad. Aceptamos
como normal no confiar en la Justicia. No nos asombramos por no
confiar en la Justicia.
Pero siguiendo con la tradición, frente a un nuevo año, y
habiendo hecho un balance algo resumido, pero balance al fin, se
plantea a continuación el interrogante de lo que vendrá. Mejorará
la situación? Habremos aprendido de nuestros errores? Sabremos
aprovechar la capacitación que nos brinda día a día la
experiencia de vivir?
El aprendizaje no es un proceso instantáneo. El cambio de año
no genera un hecho mágico en la gente tal que se pasa de un estado
de nivel de conocimiento a otro mayor o mejor. El conocimiento se va
adquiriendo en un proceso continuo, lo que a su vez permite la
evaluación de quien está aprendiendo, a través de sus palabras y
sus actos.
Para evaluar si los argentinos estamos bien orientados, si
estamos creciendo en nuestra capacidad de identificar, diagnosticar
y solucionar los problemas que nos aquejan, pensando en un proyecto
de país, podemos separar dos grupos: la dirigencia política y el
resto de la ciudadanía.
Quienes son hoy los dirigentes políticos, tanto del oficialismo
como de la oposición, son prácticamente los mismos desde que se
reinstaló la democracia en 1983. Los mismos nombres que rotan en
distintos cargos, ya sean electivos o como funcionarios de las
administraciones nacional, provincial y municipal.
Aceptando su falta de capacitación para la administración de la
cosa pública durante los primeros años de democracia, a lo largo
de estos 17 años deberían haber incrementado en forma notable sus
aptitudes para gobernar y dirigir. Es esta la percepción que se
tiene desde la ciudadanía? Por cierto que no.
Los problemas se pretenden solucionar con voluntarismo y no con
inteligencia. Con salvadores providenciales y no a través de la
eficiencia de las instituciones. Se repiten métodos que han
fracasado. Se utilizan lenguajes superados por la historia. La
dirigencia sigue gobernando de espaldas al futuro. Alguien conoce un
plan, un proyecto de país futuro, una visión de país futuro, de
quienes hoy nos gobiernan? De esta manera ni se solucionan los
problemas presentes ni se crean las plataformas de lanzamiento
necesarias para el despegue.
Como muestra hay varios ejemplos.
Las discusiones en el Parlamento se reducen a juegos de fuerza
entre bloques, se antepone la disciplina partidaria al debate
esclarecedor y a las convicciones personales. Se dice que se discute
en comisiones. Será así? La mediocridad de los debates en los
medios nos hace dudar sobre la efectividad de esas discusiones.
La negativa a la reforma política. La antigüedad en el partido
como argumento para ocupar cargos en vez de la idoneidad. El reparto
de puestos. Alguna mención a bajar el formidable costo del aparato
político?Nada.
El discurso habitual de un ex-presidente, centrado en la crítica
a las administraciones anteriores, en la venta de las "joyas de
la abuela". Las empresas de servicios desquiciadas eran las
"joyas de la abuela"? Qué mal estaba la abuela! La venta
de la soberanía nacional. Que confusión! Algún día escucharemos
un discurso que construya en vez de destruir?
Y más cerca, el actual presidente, en el balance de su primer año
de gestión, adjudica el fracaso de los resultados esperados a sus
primeras medidas, a que se hizo "cundir la crítica y el
pesimismo". Alguien escuchó a algún dirigente político
asumir con dignidad el hecho humano de haber cometido un error y que
ese error haya afectado la calidad de vida de todos nosotros?
Siempre la herencia recibida. Lo más patético es el Ministro de
Economía: " Volvería a bajar salarios y a subir
impuestos".
Cuándo girarán 180 grados en su banquito de la soberbia y
empezarán a mirar hacia el futuro? Recién entonces nos daremos
cuenta de que han empezado a aprender. Pero entonces surge un
cuestionamiento duro: si en tantos años no han aprendido, hay que
esperar un aprendizaje? Hay voluntad para aprender? O estamos frente
a un caso de negligencia y mediocridad basado en egoísmos
sectoriales que no priorizan la suerte del país?
Y el resto de la ciudadanía? Pareciera que tampoco hemos
aprendido. Y a pesar de los duros golpes que hemos recibido y que
estamos recibiendo.
La dirigencia gremial que insiste con paros inútiles y reclamos
de trabajo al Estado. Algún día entenderán que su función es
favorecer la creación de fuentes de trabajo, la generación de
riqueza, y que esa es la mejor manera de cuidar a quienes dicen
proteger y defender? Pretender fuentes de trabajo que no generan
riqueza es hacer castillos en el aire.
La dirigencia empresarial que en gran medida pretende que el
estado les solucione sus problemas reclamando beneficios sectoriales
y subsidios que terminamos pagando todos, en vez de reclamar con la
mayor de las vehemencias el imprescindible cambio estructural de ese
Estado paquidérmico, regulador e ineficiente. Le piden subsidios
para el azúcar, el tabaco, la merluza y la manzana. Si llueve por
la inundación. Si no llueve por la sequía. Si sube el precio de
los granos, para que financie la compra de semilla. Si baja el
precio de los granos, para no pagar lo que le pidieron antes.
Y nosotros, el resto de la ciudadanía, los llamados ciudadanos
comunes, hemos aprendido algo? Estamos aprendiendo? Pareciera que
no. Le reclamamos todo al Estado. Que regule el precio del boleto,
que no le permita a los concesionarios aumentar su valor, pero les
exigimos inversiones. Hasta que regule el precio de la televisión
por cable antes que tener que elegir en dejar el servicio. O que
arregle el caos económico financiero de algunos clubes de fútbol.
Le pedimos trabajo o que ordene un aumento de salarios. Tanto le
pedimos que finalmente el Estado se mete y regula y traba y corrompe
y atrasa. Si hasta pretende regular la fabricación de talles
grandes de ropa.
No queremos aprender a ser una sociedad adulta. Queremos
mantenernos en una adolescencia caprichosa, sin compromisos y
responsabilidades, donde el Estado nos brinde todo. Eso sí, después
nos quejamos. Así pasó antes y así nos fue. Parece que seguimos
repitiendo el error. O será que tenemos miedo a la libertad?
Tenemos la oportunidad de mostrar que estamos empezando a
aprender, en las próximas elecciones. Votaremos pensando en el
futuro de nuestro país, de nuestros hijos, con inteligencia? O nos
dejaremos embaucar por la publicidad de quienes después no pueden
cumplir con sus promesas electorales? Dentro de un año, cuando
hagamos el balance de este año recién iniciado, veremos, como en
las épocas de estudiantes, si pasamos de grado o repetimos.
* Ingeniero Industrial
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