BALANCE DE UN AÑO NUEVO

Por Fortunato J. Canevari *
02/01/01

Si bien no es nada original hacer un balance cuando termina un año, no por eso deja de ser interesante realizarlo en la medida que nos permite hacer una pausa y orientar nuestras reflexiones sobre el futuro, tanto el cercano como el lejano.

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El año 2000 se inició con un día entero de fuegos artificiales. La televisión nos llevó por un mundo que festejó sin pausa la llegada del año del número mágico. El terror del Y2K quedó en la nada y finalmente todo siguió su curso. A todos les fue más o menos bien. Casi todos crecieron, algunos un poco más, otros un poco menos.

La Argentina también festejó. Pero luego la Argentina desentonó. A la Argentina le fue mal. A los argentinos nos fue mal. Terminamos sin crecimiento, después de 30 meses de recesión. Y nos fue mal en varios sentidos, pero que se pueden resumir en dos enfoques. Uno material, el económico. El otro moral.

Que nos fue mal en el orden económico es indiscutible. Hay números fríos que indican claramente que nos fue mal. Sin crecimiento, con índices de desocupación que no ceden, mas bien con tendencia a aumentar; con un déficit fiscal que se resiste a bajar ( o que se niegan a bajar); sin inversión, con los mercados de crédito cerrados a nuestras necesidades. Y para cerrar el año, el famoso blindaje. Blindaje que pretende ser presentado como una muestra de confianza hacia nuestro país y sus planes económicos, cuando en realidad es una absoluta muestra de la desconfianza del mundo hacia nosotros.

El blindaje es una cubierta protectora que separa a algo o a alguien, de algo o alguien de quien el primero quiere protegerse. El resto del mundo se está protegiendo de nosotros. Nosotros estamos afuera del blindaje. Nosotros somos la amenaza.

Y también nos fue mal en el orden moral. O mejor dicho, nos sigue yendo mal en el orden moral. Esto es así desde hace ya varios años. Y si bien en este tema no hay números fríos, hubo un hecho que marcó a fuego esta situación: los supuestos sobornos en el Senado. Supuestos sobornos que son la muestra cabal de la falta de principios éticos con que se mueve nuestra sociedad. Como era de esperarse, no pasó nada. Sí se confirmó el carácter corporativo de la dirigencia política. Era previsible esperar algo diferente luego de la reunión mantenida por el Dr. Menem y el Dr. De la Rúa, en la cual resuelven dejar todo en manos de la Justicia? Al iniciarse el proceso, un senador admitió a una periodista haber recibido un soborno. Las encuestas marcaban la certeza de la gente sobre la existencia del soborno. La sociedad reclamaba gestos. No condenas, gestos. Sin embargo, en la dirigencia política sospechada nadie se sintió con la obligación moral de dar un paso al costado. El silencio fue la consigna. Qué la Justicia encuentre elementos era la frase: Alguien olvidó un recibo en un cajón? El objetivo era que el tiempo tapara todo. Y el tiempo tapó todo. El periodismo dejó de tratar el tema con la gravedad e insistencia que merecía. El resto de la sociedad también dejó de mencionarlo. Los senadores se otorgaron mutuas licencias. La Justicia por supuesto no encontró los elementos buscados. Y finalmente un senador del oficialismo, con mucha seriedad decía: Esto fue una cosa de dimes y diretes!

Si los argentinos aceptamos lo que pasó, lo aceptamos como algo normal de nuestra vida y ni siquiera sentimos un poco de vergüenza por hechos de este tipo, quiere decir que nos está yendo mal en el orden moral. Hemos perdido principios de conducta. Hemos perdido el sentido de la honorabilidad. Ni que hablar de honestidad. Aceptamos como normal no confiar en la Justicia. No nos asombramos por no confiar en la Justicia.

Pero siguiendo con la tradición, frente a un nuevo año, y habiendo hecho un balance algo resumido, pero balance al fin, se plantea a continuación el interrogante de lo que vendrá. Mejorará la situación? Habremos aprendido de nuestros errores? Sabremos aprovechar la capacitación que nos brinda día a día la experiencia de vivir?

El aprendizaje no es un proceso instantáneo. El cambio de año no genera un hecho mágico en la gente tal que se pasa de un estado de nivel de conocimiento a otro mayor o mejor. El conocimiento se va adquiriendo en un proceso continuo, lo que a su vez permite la evaluación de quien está aprendiendo, a través de sus palabras y sus actos.

Para evaluar si los argentinos estamos bien orientados, si estamos creciendo en nuestra capacidad de identificar, diagnosticar y solucionar los problemas que nos aquejan, pensando en un proyecto de país, podemos separar dos grupos: la dirigencia política y el resto de la ciudadanía.

Quienes son hoy los dirigentes políticos, tanto del oficialismo como de la oposición, son prácticamente los mismos desde que se reinstaló la democracia en 1983. Los mismos nombres que rotan en distintos cargos, ya sean electivos o como funcionarios de las administraciones nacional, provincial y municipal.

Aceptando su falta de capacitación para la administración de la cosa pública durante los primeros años de democracia, a lo largo de estos 17 años deberían haber incrementado en forma notable sus aptitudes para gobernar y dirigir. Es esta la percepción que se tiene desde la ciudadanía? Por cierto que no.

Los problemas se pretenden solucionar con voluntarismo y no con inteligencia. Con salvadores providenciales y no a través de la eficiencia de las instituciones. Se repiten métodos que han fracasado. Se utilizan lenguajes superados por la historia. La dirigencia sigue gobernando de espaldas al futuro. Alguien conoce un plan, un proyecto de país futuro, una visión de país futuro, de quienes hoy nos gobiernan? De esta manera ni se solucionan los problemas presentes ni se crean las plataformas de lanzamiento necesarias para el despegue.

Como muestra hay varios ejemplos.

Las discusiones en el Parlamento se reducen a juegos de fuerza entre bloques, se antepone la disciplina partidaria al debate esclarecedor y a las convicciones personales. Se dice que se discute en comisiones. Será así? La mediocridad de los debates en los medios nos hace dudar sobre la efectividad de esas discusiones.

La negativa a la reforma política. La antigüedad en el partido como argumento para ocupar cargos en vez de la idoneidad. El reparto de puestos. Alguna mención a bajar el formidable costo del aparato político?Nada.

El discurso habitual de un ex-presidente, centrado en la crítica a las administraciones anteriores, en la venta de las "joyas de la abuela". Las empresas de servicios desquiciadas eran las "joyas de la abuela"? Qué mal estaba la abuela! La venta de la soberanía nacional. Que confusión! Algún día escucharemos un discurso que construya en vez de destruir?

Y más cerca, el actual presidente, en el balance de su primer año de gestión, adjudica el fracaso de los resultados esperados a sus primeras medidas, a que se hizo "cundir la crítica y el pesimismo". Alguien escuchó a algún dirigente político asumir con dignidad el hecho humano de haber cometido un error y que ese error haya afectado la calidad de vida de todos nosotros? Siempre la herencia recibida. Lo más patético es el Ministro de Economía: " Volvería a bajar salarios y a subir impuestos".

Cuándo girarán 180 grados en su banquito de la soberbia y empezarán a mirar hacia el futuro? Recién entonces nos daremos cuenta de que han empezado a aprender. Pero entonces surge un cuestionamiento duro: si en tantos años no han aprendido, hay que esperar un aprendizaje? Hay voluntad para aprender? O estamos frente a un caso de negligencia y mediocridad basado en egoísmos sectoriales que no priorizan la suerte del país?

Y el resto de la ciudadanía? Pareciera que tampoco hemos aprendido. Y a pesar de los duros golpes que hemos recibido y que estamos recibiendo.

La dirigencia gremial que insiste con paros inútiles y reclamos de trabajo al Estado. Algún día entenderán que su función es favorecer la creación de fuentes de trabajo, la generación de riqueza, y que esa es la mejor manera de cuidar a quienes dicen proteger y defender? Pretender fuentes de trabajo que no generan riqueza es hacer castillos en el aire.

La dirigencia empresarial que en gran medida pretende que el estado les solucione sus problemas reclamando beneficios sectoriales y subsidios que terminamos pagando todos, en vez de reclamar con la mayor de las vehemencias el imprescindible cambio estructural de ese Estado paquidérmico, regulador e ineficiente. Le piden subsidios para el azúcar, el tabaco, la merluza y la manzana. Si llueve por la inundación. Si no llueve por la sequía. Si sube el precio de los granos, para que financie la compra de semilla. Si baja el precio de los granos, para no pagar lo que le pidieron antes.

Y nosotros, el resto de la ciudadanía, los llamados ciudadanos comunes, hemos aprendido algo? Estamos aprendiendo? Pareciera que no. Le reclamamos todo al Estado. Que regule el precio del boleto, que no le permita a los concesionarios aumentar su valor, pero les exigimos inversiones. Hasta que regule el precio de la televisión por cable antes que tener que elegir en dejar el servicio. O que arregle el caos económico financiero de algunos clubes de fútbol. Le pedimos trabajo o que ordene un aumento de salarios. Tanto le pedimos que finalmente el Estado se mete y regula y traba y corrompe y atrasa. Si hasta pretende regular la fabricación de talles grandes de ropa.

No queremos aprender a ser una sociedad adulta. Queremos mantenernos en una adolescencia caprichosa, sin compromisos y responsabilidades, donde el Estado nos brinde todo. Eso sí, después nos quejamos. Así pasó antes y así nos fue. Parece que seguimos repitiendo el error. O será que tenemos miedo a la libertad?

Tenemos la oportunidad de mostrar que estamos empezando a aprender, en las próximas elecciones. Votaremos pensando en el futuro de nuestro país, de nuestros hijos, con inteligencia? O nos dejaremos embaucar por la publicidad de quienes después no pueden cumplir con sus promesas electorales? Dentro de un año, cuando hagamos el balance de este año recién iniciado, veremos, como en las épocas de estudiantes, si pasamos de grado o repetimos.

* Ingeniero Industrial